Actualizado: 25/05/2017 12:06
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Giuliani, Bolton, EEUU

El anticastrismo se acerca al Departamento de Estado

El exalcalde de Nueva York y el exembajador estadounidense ante la ONU son los favoritos para secretario de Estado

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Malas noticias para el Gobierno cubano. El exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani y el exembajador ante la ONU John Bolton son firmes candidatos a convertirse en el próximo secretario de Estado, según informa The Wall Street Journal. En ambos casos, se trata de políticos con un historial de beligerancia verbal contra el régimen de la Isla y fuertes vínculos con la comunidad exiliada de “línea dura” de Miami.

Al parecer, Giuliani lleva la delantera.

El exalcalde neoyorquino ha emergido como el favorito para ser designado secretario de Estado en el gobierno de Donald Trump, dijo un alto funcionario del empresario el lunes en la noche, informa la AP.

El funcionario le dijo a The Associated Press que no existe una competencia real para ocupar el puesto y que es de Giuliani si él así lo desea. Solicitó el anonimato al no tener autorización para ser citado.

Bolton ha sido incluido en la lista de posibles figuras a dirigir la política exterior de Estados Unidos desde el inicio del proceso de transición presidencial-

Mientras hablaba en un evento del consejo directivo del Wall Street Journal en Washington, el exalcalde y fiscal federal dijo que no sería secretario de Justicia en el próximo Gobierno. Había sido considerado uno de los principales candidatos al cargo incluso antes de que Trump obtuviera el triunfo en las elecciones del martes pasado.

Durante el evento se mencionó el cargo de secretario de Estado, pero Giuliani se mostró modesto sobre sus posibilidades. Dijo que Bolton sería una muy buena elección. Cuando se le preguntó si habría alguien mejor que Bolton, respondió: “Tal vez yo, no lo sé”.

Con anterioridad, y en momentos en que aspiró a la nominación presidencial por el Partido Republicano, Giuliani contó siempre con el apoyo de prominentes figuras del “exilio histórico” de Miami. Durante la campaña electoral de 2008, mientras concentraba sus esfuerzos en el estado de Florida, viajó con frecuencia a Miami y Hialeah y en la primera de estas ciudades se recogieron fondos para su contienda, en particular en una cena, que contó con la participación de acaudalados exiliados, como Feliciano M. Foyo, Alberto M. Hernández y Diego R. Suárez.

Con anterioridad, el 21 de junio de 2007, Giuliani viajó a Miami, visitó el popular restaurante La Carreta de Hialeah, donde habló a sus simpatizantes, y por la noche tuvo una cena de recaudación de fondos organizada por un comité entre los que se encontraban Feliciano M. Foyo, Alberto M. Hernández, Carlos M. Musibay, Laura de Oña Suárez, Diego R. Suárez y Felipe A. Valls, entre otros. El precio del cubierto fue:

Categoría anfitrión: $9.200 por pareja o $4.600 por persona. Categoría patrocinador: $4.600 por pareja o $2.300 por persona.

Es decir, que tanto el Consejo para la Libertad de Cuba (CLC) como la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA) tienen excelentes relaciones con Giuliani

No todos los miembros de este sector de la comunidad exiliada miamense comparten tal afinidad con Giuliani. Algunos no olvidan fue el fiscal a cargo del encausamiento y prisión de Eduardo Arocena, dirigente del grupo terrorista Omega 7.

Cuando estuvo al frente de la fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, la oficina de Giuliani acusó a Arocena de confabularse para dar muerte a un diplomático cubano, así como por su participación en atentados dinamiteros en Miami y Manhattan.

Arocena fue sentenciado a cadena perpetua más 35 años de prisión, a lo que luego se agregó otra sentencia de 20 años. Entre sus cargos estaba uno de conspiración para la fabricación de armas ilegales y 22 cargos de posesión de dichas armas, así como uno de conspiración para construir bombas y 23 cargos relacionados con explosivos o la colocación de explosivos.

La liberación de Arocena ha sido un reclamo constante por aquellos exiliados, muchos de ellos de edad avanzada como el condenado, que nunca lo han considerado un terrorista peligroso. Dicha petición se ha mantenido sin respuesta, incluso por parte del expresidente George W. Bush al abandono del cargo, y no es de esperar que ahora Barack Obama otorgue dicho perdón.

Pero en cuestiones más presentes e inmediatas no cabe duda que, de ser nominado secretario de Estado, el exfiscal se coloque junto a los partidarios no solo del mantenimiento del embargo sino de la marcha atrás de algunas de las directivas presidenciales de Obama.

Estos cambios podrían afectar tanto aspectos fundamentales en el nuevo enfoque político de Washington hacia La Habana como otros más personales, como la abolición a los limites en la entrada de tabaco y ron por parte de quienes visiten la Isla.

Durante sus aspiraciones presidenciales, entre 2007 y 2008, Giuliani contó con el apoyo financiero de la firma Bacardí y a la vez declaró que nunca tocaría un puro cubano, mientras recababa también ayuda monetaria para sus planes electorales entre los tabaqueros de Miami.

Por otra parte, el acercamiento de Giuliani con los tabaqueros de Miami no le impidió mantener una buena amistad con Marvin Shanken, editor de la revista Cigar Aficionado, la biblia de los fumadores de puros, y una destaca figura de entonces, así como la publicación, en la oposición al embargo norteamericano.

Todo ello, que en última instancia es en cierta medida anecdótico, solo apunta detalles dentro de una caracterización general. Y al valorar tanto la trayectoria como diversas declaraciones de Giuliani lo que determina es que siempre se ha mantenido una posición favorable al embargo, que incluso se ha opuesto verbalmente a un alivio a las restricciones a los viajes y remesas a la Isla.

En el caso de Bolton, el exembajador ante Naciones Unidas y exsubsecretario de Estado ha mantenido una actitud mucho más hostil hacia el Gobierno de La Habana.

El 6 de mayo de 2002, pocos días antes de la visita del expresidente Jimmy Carter a Cuba, Bolton declaró ante una audiencia del conservador Heritage Institute: “Estados Unidos cree que Cuba dispone al menos de un programa limitado de investigación y desarrollo de armas biológicas ofensivas”. Luego agregó que la Isla “suministró biotecnología de uso múltiples a otros estados terroristas”.

Después se vio que la principal intención de Bolton era obstaculizar el viaje de Carter en la Isla y desprestigiar al ex residente. El propio secretario de Estado de entonces, Colin Powell, se vio obligado a suavizar —y en parte rectificar— las declaraciones de Bolton. Y estamos hablando de una época en que los halcones reinaban con pleno poder en la Casa Blanca.

Al sector más extremista del exilio le encantaron las declaraciones de Bolton. Siguieron repitiéndolas meses y años después. Agregaron nuevos “testimonios” de desertores, se realizaron más programas de televisión y se escribieron artículos y reportajes sobre la “amenaza”. Hasta que el tema se cayó por su propio peso. Nadie ha vuelto a tocarlo, pero es posible que, de ocurrir la entrada de Bolton en el gabinete, en algún momento resucite.

Solo que es las probabilidades de un regreso de Bolton al Departamento de Estado, si no de secretario como subsecretario, son menos probables. Su figura está demasiado asociada a la Guerra de Irak, que Trump siempre ha criticado.

Bolton agregaría más críticas y temores a la formación de un gabinete, tras la decisión del magnate de nombrar a Steve Bannon, un personaje muy apreciado por el movimiento nacionalista blanco, para que sea su principal estratega y asesor.

En su época de subsecretario de Estado, Bolton se caracterizó por interpretar con fines ideológicos los análisis de inteligencia y hacer afirmaciones que no estaban sustentadas en datos. Un buen ejemplo de ello fue lo que dijo respecto a la supuesta amenaza bioterrorista que significaba Cuba.

De ser nombrado para cualquier cargo, la designación de Bolton se sumaría a una tendencia iniciada con el cargo de Bannon y produciría un malestar mayor aún.

Pero más allá de quien resulte nombrado, y todo apunta hacia Giuliani, el nuevo secretario de Estado mantendrá una relación con La Habana muy distinta de su antecesor, John Kerry, y el “deshielo” se convierta en humo o quizá hasta en fuego.


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