Actualizado: 24/01/2017 12:03
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Trump, Raúl Castro, Rodríguez

El hombre de Raúl frente a Trump

¿Será la llegada de Trump a la Casa Blanca un freno a las ambiciones del actual canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla?

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Cuenta el escritor Norberto Fuentes, en un artículo publicado años atrás en el diario español ABC, que una vieja costumbre del régimen cubano ha sido responder a los cambios presidenciales en Estados Unidos con un cambio de hombres en la Isla:

“Es una costumbre en ese país cada vez que quieren demostrar al mundo que se van a producir unos cambios estupendos en las estructuras (cualesquiera que estas sean, políticas, económicas, culturales), sustituir a los hombres. Es lo único que cambian”.

“Y, lo más curioso de todo, ellos se abocan a esos cambios de personal como la respuesta que creen pareja a los cambios políticos en los Estados Unidos. No obstante, los cubanos son cuidadosos a la hora de matizar y equilibrar ciertos detalles. Cuando Ronald Reagan ascendió al poder, Fidel le ofreció como ofrenda a uno de sus cuadros más capacitados en el sector de la cultura, propaganda e ideología: el comandante Antonio Pérez Herrero. Un viejo comunista al que sus detractores llamaban ‘Limón’, por su carácter ácido (léase rectitud), Pérez Herrero se convertía en un obstáculo para tenerlo en su entorno a la hora de competir con el Gran Comunicador gringo. Así que lo sustituyó por un mulato guarachero y avispado, de grandes y espesos mostachos: Carlos Aldana”.

Fuentes prosigue con el desfile para hacer válida su tesis: “Cuando Bill Clinton, le tocó a Armando Hart, una especie de místico del culto a Fidel pero que te bañaba en saliva cuando te hablaba a dos pies de distancia —algún descontrol en esas glándulas emisoras— y lo despidió de su puesto de ministro de Cultura para nombrar a un joven escritor de larga melena por los hombros llamado Abel Prieto y a quien se conocía en los medios intelectuales como Shirley Temple, debido a la desusada cabellera. La cabellera. Eso era lo que quería Fidel para competir con la juventud de Clinton. ‘No te la cortes bajo ningún concepto’, le advirtió el jefe de la Revolución”, escribe Fuentes.

Esta táctica, enunciada por el autor de La Autobiografía de Fidel Castro, al parecer ha sido continuada por Raúl Castro, y a la llegada a la Casa Blanca de Barack Obama, el 20 de enero de 2009, siguió el nombramiento de Bruno Rodríguez Parrilla como ministro de Relaciones Exteriores, en sustitución de Felipe Pérez Roque, el 2 de marzo de 2009.

Hoy por hoy, Rodríguez Parrilla es la figura más sobresaliente del gabinete cubano, y durante los actos oficiales por el fallecimiento de Fidel Castro apareció de forma más prominente que el sucesor designado para la presidencia, Miguel Díaz-Canel. Si en un terreno el Gobierno de Raúl Castro puede presumir de avances es el diplomático, y es indudable la contribución del canciller a estos. Así que es probable que el próximo año asistamos a un avance que lo convierta en el “tercer hombre” real frente al papel de figura decorativa al que parece condenado Díaz-Canel.

Solo que esta posibilidad pudiera verse opacada con la nueva presidencia de Donald Trump. Y en este caso Raúl Castro buscaría a un sustituto, no para el cargo de ministro de Relaciones Exteriores, que Rodríguez Parrilla lleva a cabo de manera tan adecuada a los intereses de la Plaza de la Revolución, sino de cara al nuevo Gobierno de Estados Unidos.

A Rodríguez Parrilla uno lo hubiera visto perfecto para lidiar con una presidencia de Hillary Clinton, pero con una de Trump surgen las dudas.

Y así, y según el rumbo que tome la Casa Blanca de Trump con respecto a Cuba, podrían hacerse realidad los vaticinios que giran alrededor de otros dos miembros cercanos a Castro que siempre se mencionan en Miami: el general Luis Alberto López-Callejas, encargado de GAESA S.A., el conglomerado de compañías más grande de la Isla, y el coronel Alejandro Castro Espín, a cargo de coordinar los servicios de inteligencia y militar de la Isla. Lo curioso del caso, y más allá de las conocidas relaciones de parentesco, es que ambos militares representan las dos opciones de las que mejor dispone La Habana para enfrentar al nuevo Washington.


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