Actualizado: 23/06/2017 19:24
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Agua, Economía, Desarrollo

La falta de agua: asignatura pendiente

Un problema con solución a largo plazo

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La escasez de agua es un problema que por décadas ha afectado a los cubanos, en especial en la capital del país. Días atrás, el diario Granma dedicó un amplio reportaje al tema, que señala:

“Despertar en la madrugada para almacenar agua es una cotidianidad en varios municipios del país. Cargar con cualquier recipiente disponible y hacer la cola de la pipa o caminar varias cuadras hasta la llave más cercana, son algunas de las consecuencias del mal estado de las redes hidráulicas en una parte de la Isla, aunque es válido aclarar que no es la única causa. Según datos del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), en el país, 8,4 millones de personas se abastecen por los servicios de acueducto y el resto por diferentes modalidades: servicio público (tomas de agua dispuestas en lugares de libre acceso), pipas o fuentes propias. El tema del agua es, para muchos, un problema más de la rutina diaria”.

Luego agrega Granma: “En diciembre del año 2012, y en consecuencia con lo establecido en los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, el Consejo de Ministros aprobó el Diagnóstico y la Política Nacional del Agua, que prioriza el control y planificación del consumo estatal y particular del agua, además de contribuir a la actualización del modelo económico cubano y a la previsión y enfrentamiento al cambio climático, según el propio documento”.

De acuerdo al órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, “un estudio realizado indica que actualmente en el país se pierde alrededor de un 58 % del agua que se bombea, de ello, el 16 % en las conductoras, el 20 % en las redes y el 22 % en los domicilios. En términos de costo, estamos hablando, por ejemplo, como promedio por cada salidero en redes de 156,70 pesos, de ellos 35,20 CUC, mientras que en conductoras se pierden 466,40 pesos, de los cuales 286,84 en CUC”, según el documento de la Política del Agua, que señala Granma.

Lo que no dice el diario cubano es que desde hace décadas se vienen planteando supuestas soluciones a este problema, y que hasta el momento no han funcionado.

En junio de 2011, el propio diario Granma publicaba que desde hace meses, el suministro de agua potable en La Habana presentaba la situación más crítica de los últimos 50 años, con más de 100.000 personas que dependían de carros cisterna para recibir el servicio y las fuentes de abastecimiento a punto de colapsar.

Con el aumento de los costos de la gasolina, y pese al petróleo venezolano, era de esperar que el servicio de carros cisternas —las “pipas”, como se les conoce en La Habana— experimentara una reducción.

En cualquier caso, hacerle llegar agua a los habaneros resultaba cada vez más caro y el sistema de “pipas” era una aberración económica.

Granma había reconocido la situación meses atrás, cuando el viernes 21 de enero de 2011 publicó que la capital cubana tenía en esos momentos “la situación más crítica del último medio siglo”, en cuanto a la disponibilidad del líquido, y perdía el 70 % del agua bombeada a los consumidores en el trayecto hasta su destino. Ahora el mismo periódico publica que “se pierde alrededor de un 58 % del agua que se bombea”. De acuerdo a las propias cifras oficiales cubanas, la reducción en el desperdicio de agua ha sido poca: en tres años el 83 % del problema queda sin resolver. Si en ese tiempo solo ha sido solucionado el 17 %, serían necesarios otros 18 años para resolverlo, y eso bajo el supuesto imposible de que no se produjeran nuevas roturas y desperfectos.

Ya para entonces, el gobierno cubano afirmaba que se “prevé construir varias conductoras para mejorar la entrega de agua, instalar válvulas, perforar pozos, rehabilitar las redes en mal estado, suprimir fugas en campos de pozos y grandes conductoras”.

Dudosa solución, no por un afán ideológico de ver solo lo malo en Cuba, sino por un inevitable enfrentamiento con la realidad del país. Basta con una rápida mirada a lo que el propio gobierno cubano había publicado en años anteriores:

Un cable de la agencia Associated Press, del 15 de mayo de 2007, informaba que las redes de acueductos, en particular las de la capital, serán rehabilitadas tras años de servicio ineficiente que incluso provocaba la pérdida de hasta el 55 por ciento del líquido bombeado, de acuerdo con lo publicado en los medios de prensa del país. El programa, inaugurado por el entonces vicepresidente Carlos Lage la víspera, permitirá desde 2007 a 2011 la reparación en La Habana de unos 2.032 kilómetros de estas cañerías, según el periódico Juventud Rebelde. La información cablegráfica añadía que, para llevar adelante el plan, se contaba con un financiamiento de 60 millones de moneda libremente convertible y la participación de cuatro empresas ejecutoras: la Constructora de Recursos Hidráulicos, los contingentes Blas Roca Calderío y Raúl Roa y Aguas de La Habana.

También la información añadía que los escapes de agua y las viejas cañerías son uno de los principales problemas que enfrenta la Isla, pues el líquido no llega a los hogares y se desperdicia, mientras los periodos de sequía afectan este recurso limitado. En igual sentido, agregaba que la rehabilitación se extendería hasta las provincias de Las Tunas, Camagüey y Holguín, e incluso señalaba que las obras iban a comenzar la semana entrante.

Pues bien, ¿dónde están las reparaciones, los millones invertidos y las empresas ejecutoras? Porque hasta ahora lo único cierto en todas estas informaciones de prensa —no del exilio ni de periodistas independientes, sino del propio gobierno cubano— es que hay salideros, desperfectos y falta el agua.

Si en 2007 alguien pudo tener esperanza de que para 2011 el problema podría estar aliviado, al menos en parte, no le queda más remedio ahora, en 2014, que mirar para otras aguas: las que se aprecian desde el malecón habanero y rodean la Isla. El mar que separa a los que viven en Cuba de otros países.

Hay una forma efectiva con la que se desenmascara a la prensa oficial cubana, respecto a las mentiras, medias verdades y manipulaciones que, sobre la situación nacional, se publican a diario, y es simplemente comparando las informaciones de hoy con las de un tiempo atrás.

En el reportaje del 21 de enero de 2011, al tiempo que se señala que en el plan de inversiones aprobado para entonces había destinados catorce millones de pesos para la ejecución de diversas obras, dirigidas a mitigar el efecto de la imperante sequía de entonces sobre el estado de las fuentes y la distribución de agua, no se realizaba el menor intento de analizar los posibles resultados y lo que significa ese plan de inversiones. Tampoco se señalaba que las cifras de inversiones resultaban insuficientes en extremo frente al problema existente.

Por ejemplo, se mencionaba que “desde hace tiempo la capital trabaja en la rehabilitación de las redes en mal estado (en el año 2010 fueron reparados 82,3 kilómetros), y la supresión de salideros en campos de pozos y grandes conductoras”. Pero este dato no se confrontaba con otro anterior, que indicaba el “mal estado técnico de unos 2.194 kilómetros de redes”.

Ahora Granma dice: “En el 2013 se rehabilitaron 10,4 km de redes de agua potable y este año se aprobaron 11 km en La Habana Vieja, de los cuales ya se han terminado más de 2,4 km hasta la fecha”, manifestó Dania Durán Yanes, subdirectora de Inversiones del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH)- Pero esas cifras son ínfimas —casi risibles— frente al problema existente.

Es decir, al ritmo de entonces (2011) serían necesarios al menos ¡26 años! para reparar todas las redes, y eso bajo la hipótesis imposible de que no se deteriore ni una cañería, cuando lo más probable que unos pocos años lo que aumente sean las roturas y salideros, por la antigüedad del sistema y el abandono que ha sufrido por años. ¿Y los 2.032 kilómetros de Lage? ¿Se repararon o no se repararon?

Sin embargo, no hay duda que las nuevas cifras de Granma brindan alguna esperanza a los cubanos: ya no van a ser necesarios 26 años, apenas 18. Un avance indudable del “socialismo” o como se llame lo que existe en Cuba.

A todo esto hay que añadir que, de acuerdo a lo publicado recientemente, no se avanza en la solución de problema, sino se retrocede, mientras crece la sospecha de que todos los datos anteriores eran falsos o se incumplieron los planes.

De forma sistemática la prensa oficial de la Isla sigue ocultando información o dándola a conocer a medias. Que aparezcan con cierta frecuencia reportajes e informaciones que señalan algunos de los problemas que sufre la población cubana resulta un avance, pero se trata de una simple gota en un océano de despilfarro, mala organización y desidia.


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