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Actualizado: 01/09/2014 11:14
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Cine, Arte 7

El misántropo y la musa

Esta película es solo para disfrute de cinéfilos. Si usted no conoce Psicosis, ni se moleste en ver este filme

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Alfred Hitchcock se convirtió en el protagonista principal del ámbito del cine en este 2012. Primero, su película Vértigo (1958) fue considerada como la mejor película de todos los tiempos en la lista que cada diez años publica la revista inglesa Sight & Sound como resultado de encuestar a centenares de críticos cinematográficos de todo el mundo. Esto tuvo como consecuencia que se realizaran numerosas retrospectivas de su obra en muchas ciudades del globo. Después, HBO produjo la cinta The Girl, centrada en su supuesta obstinada atracción por Tippi Hedren, la actriz principal de su película Los pájaros (1963), durante cuya filmación transcurre la trama de este mediocre filme. Ahora su figura es retomada como personaje protagónico de la recién estrenada Hitchcock.

La película comienza con el estreno de Intriga Internacional (1959), en un momento en el cual el éxito comercial de Hitchcock parece haber alcanzado su plateau. A la salida de la premiere, un periodista le recuerda que ya tiene 60 años y le pregunta si ya no es hora de que se retire antes de que comience su descenso artístico. El director se perturba y entra en una crisis creativa, buscando afanosamente un proyecto que lo haga rejuvenecerse y volver a ser el autor imaginativo que disfrutaba realizando sus obras. Encuentra su inspiración en la novelita Psycho, escrita en 1959 por Robert Bloch y basada en los crímenes macabros del asesino en serie Ed Gein, que decoraba su casa con los restos de sus víctimas y que ha inspirado varias películas, entre ellas The Texas Chainsaw Masacre (1974), Deranged (1974) y Ed Gain (2000).

Parece que el tema central de la película va a ser el dilema del creador ante una crisis de creatividad y su impulso por superarla, pero entonces Hitchcock se va concentrando en la historia detrás del rodaje de Psicosis (1960), las luchas del director con productores y censores y sus relaciones con sus actrices principales. Luego y de súbito, se vuelve hacia la relación entre Hitchcock y Alma Reville, su esposa por más de treinta años al momento de esta filmación y con la que se mantuvo casado hasta su muerte en 1980 (Alma, que era un día más joven que Hitchcock, murió en 1982). Parece que estamos enfrentados a la filmación de la vieja frase de que detrás de cada hombre famoso hay una mujer. Pero este filme no decide nunca su rumbo.

Hitchcock fue un hombre muy privado, sobre quien se especula mucho y existen miles de anécdotas, pero de quien se sabe poco. Lo más aceptado generalmente es que fue un controlador obsesivo, que se enamoraba de sus actrices principales, rubias mayormente como Grace Kelly, Kim Novak, Vera Miles y Tippi Hedren. Aquí se esboza esta leyenda, mostrando al director ojeando su colección de fotos de las mismas y mirando con lascivia reprimida a una joven secretaria de los estudios Paramount, muy parecida al personaje de Kim Novak en Vértigo, desde detrás de una persiana. También se insiste en presentar a Hitchcock como un viejo verde y rascabucheador. No es que esto sea cierto o no, pero no aporta nada nuevo al respecto ni explora estos rasgos con alguna seriedad.

Su relación con Alma se nos muestra como fría y meramente profesional. Duermen en camas separadas, apenas hay gestos de afecto entre ellos, se manipulan mutuamente y nadie sospecharía que tuvieron una hija. Alma, quien parece ser la mujer que dejó todo por apoyar a su marido, en un momento dado parece ceder a la tentación de caer en la trampa de un seductor profesional, el guionista Whitfield Cook.

La selección de Helen Mirren para encarnar a Alma está hecha con toda la intención de glamorizar al personaje. Mirren es una mujer que pese a sus años, exuda sexualidad (y tiene una larga historia de desnudos en el cine), la verdadera Alma, según fotos y testimonios, era una mujer sin atractivos físicos. Por otra parte la película no destaca su rico historial cinematográfico. Desde 1926 fue asistente de dirección y luego escribió y fue acreditada por los guiones de La sombra de una duda (1943) y El caso Paradine (1947), entre muchas otras que dirigió Hitchcock, además de ser editora de la mayoría de sus películas. Aquí parece una mujer que ha aceptado el ascetismo sexual en pos de apoyar a su hombre desde el anonimato. A pesar de ello, interpreta su papel con la excelencia que la caracteriza, las limitaciones son del personaje, no de la actriz.

Danny Huston se ha especializado en papeles de malo estereotípico. Con su sonrisa socarrona, que nunca le abandona, parece anticipar el destino y las malas intenciones de sus personajes. Aquí se repite e interpreta a Whitfield Cook como un perfecto idiota, que más que guionista parece el director ejecutivo de una compañía depredadora del ambiente. Le hace poca justicia al verdadero Cook, quien fue un gran guionista que trabajó mucho con Hitchcock y escribió Pánico en la escena (1950) y adaptó Pacto siniestro (1951).

El casting de Scarlett Johansson para interpretar a Janet Leigh resulta algo desafortunado. Johansson es una buena actriz de alcance limitado, que luce mejor en papeles en los cuales la dulzura y la inocencia son las características principales de sus personajes (aunque a veces detrás de esa imagen se encuentre una femme fatale) y Janet Leigh era una mujer cuyo encanto radica en tener una magnífica figura envuelta en una apariencia varonil y áspera.

Anthony Hopkins está impecable en lo que le toca hacer y es un Hitchcock creíble, lo cual es un logro para ser un personaje que se ha visto tanto en pantalla (todavía por televisión repiten episodios de Alfred Hitchcock Presents). James D’Arcy presenta una arcana similitud con Anthony Perkins y está perfecto en su papel. El problema principal de todos los personajes es que las personalidades de los actores están dramatizadas a partir de la imagen que de ellos se conoce a través de sus múltiples interpretaciones.

Sacha Gervasi, el director inglés que ha sido muy galardonado por su documental Anvil: The Story of Anvil (2008), que escribió y dirigió, aquí debuta en el largometraje de ficción y no sabe decidirse entre los aspectos documentales y los de la imaginación. El servirse de la historia real para desarrollar una narración presenta muchas trampas. A veces la intención de mantenerse fiel a los hechos interfiere con las posibilidades creativas y por otra parte, la ficción resta carácter a ciertos hechos históricos, sobre todo cuando son muy recientes. Gervasi cae en casi todas las celadas que la realidad le tienda y termina haciendo un filme convencional, lleno de frases rimbombantes y lapidarias. El guión de John McLaughlin (Black Swan), basado en el libro de Stephen Rebello Alfred Hitchcock and the making of Psycho, utiliza demasiadas estratagemas convencionales y deja confuso al espectador que no conoce la obra del personaje principal. Tanto Gervasi como McLaughlin apuntan lejos pero con poco tino. Sus falsificaciones no resultan convincentes.

Hay momentos interesantes, como las disputas de Hitchcock con los productores y con el censor principal y la forma en que tomó absoluto control de la producción y la mantuvo en secreto para todos aquellos que no participaban de la misma. Pero en general, esta película es solo para disfrute de cinéfilos. Si usted no conoce Psicosis, ni se moleste en ver este filme y si no la ha visto desde hace mucho tiempo, le recomiendo que la vea antes de venir a ver Hitchcock, ya que uno de sus mejores momentos es la secuencia en la cual el director disfruta en secreto de la reacción del público ante la famosa escena de la ducha.

Hitchcock (EEUU, 2012). Dirigida por: Sacha Gervasi. Guión: John McLaughlin, basado en el libro de Stephen Rebello. Director de fotografía: Jeff Cronenweth. Con: Anthony Hopkins, Helen Mirren, Scarlett Johansson, Danny Huston, Jessica Biel, Toni Colette y James D’Arcy.

De estreno amplio en los Estados Unidos.


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