Actualizado: 19/05/2024 23:18
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Armengol

El amigo que no se fue

Para el autor, el legado que dejó Alejandro Armengol es el de no continuar pensando en blanco y negro ante una problemática como la cubana, que tiene tantos matices diferentes

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Despedir a un amigo es un acto de desgarramiento, máxime ante una partida tan abrupta como inesperada. Es por eso que solo después de unos días he podido escribir estas líneas para darle un último adiós.

A pesar de no conocernos personalmente, en mi relación epistolar con Armengol usaba siempre en el encabezamiento la frase “estimado amigo Armengol” porque desde mi llegada a Brasil en 1998 cuando comencé a leer sus artículos de opinión política en El Nuevo Herald y en su página web Cuaderno de Cuba, sentí una gran empatía hacia su persona.

Me había iniciado como forista en Cubaencuentro bajo el seudónimo de Esopo y me parecía todo muy bien. Pero pasado algún tiempo, me di cuenta de que Cubaencuentro evolucionó a un estadío diferente desde que Alejandro Armengol pasó a formar parte de su equipo editorial.

En los albores del siglo XXI un amigo en São Paulo me comentaba que estaba leyendo sobre Cuba lo que escribía un articulista de apellido Armengol que no tenía paz con nadie, pues lo mismo le cantaba las 40 al castrismo que al anticastrismo. Yo le respondí que Armengol estaba en paz con la democratización de Cuba, y para ello tenía que conocer a fondo de qué pata cojeaban los diferentes actores envueltos en esa trama, y eso él lo sabía identificar muy bien.

Los artículos de Armengol me ayudaron a comprender tanto las luces y las sombras del exilio en Miami como los nubarrones, la oscuridad y la brutalidad del castrismo en Cuba, porque ciertamente él era muy polémico. Y es que algunos —o muchos— no logran ver más allá de sus limitaciones ideológicas, por lo que no acaban de comprender que la democratización de Cuba es multi-ideológica. Y por su elevada comprensión del fenómeno, Armengol ha permitido que las diferentes corrientes de la izquierda democrática expongan en Cubaencuentro sus proyectos y propuestas orientados a ese propósito.

Por eso pienso que Alejandro Armengol no se ha ido, pues ha dejado un importante legado para los cubanos: el de no continuar viendo y pensando en blanco y negro ante la problemática cubana que tiene tantos matices diferentes, razón por la que requiere ser abordada en toda su complejidad.

A modo de despedida, solo puedo darle las gracias al amigo y desearle buen viaje hacia la otra dimensión, desde donde pueda seguir iluminándonos con su sabiduría.


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