Actualizado: 17/05/2024 12:58
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Canetti, Literatura, Obras

Tiempo de Canetti

Los actuales son tiempos inciertos para leer al escritor y pensador de origen búlgaro, que llamaba a sacrificar el reloj y escapar al futuro

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Aquí, sobre la mesa de trabajo tengo varios libros de Elias Canetti (Rustschuk, Danubio, 1905-Zúrich, Suiza, 1994), escritor y pensador de origen búlgaro fincado en la lengua alemana. Premio Nobel de Literatura, 1981. El otro proceso de Kafka, Masa y poder, Las voces de Marrakesch, La lengua absuelta, La antorcha al oído, El juego de ojos, Auto de fe, Libro de los muertos, El corazón secreto del reloj... Suena en el tocadiscos Book of Hours, una pieza de cámara del compositor británico Julian Anderson impecablemente ejecutada por Oliver Knussen al frente del Grupo de Música Contemporánea Birmingham. El silencio se llena de vida.

Veo mis subrayados en la edición de Auto de fe: narración de corte expresionista que leí en La Habana por recomendación de Reinaldo Arenas. Referencias a Almas muertas, de Gogol, y Memorias del subsuelo, de Dostoievski, que ya mi mentor, el autor de El mundo alucinante, había incluido en el plan de lectura de autores rusos. Elementos burlescos y malignos que me abrieron la puerta a un cosmos deslumbrante. Época de febril apego con los libros: devoraba todo pliego escrito que caía en mis manos. Mi preceptor era exigente, no podía pestañear.

Masa y poder: primer encuentro que tuve con Canetti en el exilio. Estudio de cómo y por qué las masas obedecen a sus líderes. Me vi en los años 60 en la Plaza de la Revolución de La Habana aplaudiendo con delirio las arengas de Fidel Castro. El usufructo de la autoridad como supervivencia. Entrar a los folios de este ensayo de tonalidades narrativas en vínculo con la sociología y la antropología fue la posibilidad de entender el totalitarismo cubano: el dictador como una deidad maniática. Me revelé a mí mismo muchas cosas: la prolongada permanencia en el poder de Fidel Castro tenía una aseveración en este texto, subrayado por mí con excitación en los años 80, cuando llegué a México.

El otro proceso de Kafka me lo regaló una novia alemana, obsesiva lectora de Kafka que me leía La Muralla China en el eco germánico original. Desnuda en la cama, pronunciaba los fonemas del idioma de Goethe con un agrete sensualismo teutón, mientras escuchábamos a Wagner. Cada vez que tomo un libro de Kafka en mis manos me asedia una rara nostalgia erótica. Ensayo sobre Kafka a partir de las cartas del escritor checo a su novia Felice Bauer. Canetti rompe con el mito del Kafka agobiado por la figura paterna: “Lo que oprimía a Kafka no era su padre sino el Poder como ente abstracto y generalizado, del que su padre era vehículo fortuito. El hombre es siempre un atormentado por el conflicto que se produce entre sus restricciones y su conciencia”, apunta Canetti.

Me detengo en El corazón secreto del reloj (Muchnik Editores, 1987): textos que abarcan el periodo 1973-1985. Canetti completa los apuntes de aforismos iniciados en La provincia del hombre (1942-1972). Etapa muy creativa que incluye la publicación de su autobiografía en tres volúmenes (La lengua absuelta, La antorcha al oído, El juego de ojos). El autor de Fiesta bajo las bombas en una muestra de cordial erudición, en que reflexiones sobre la muerte, el aticismo y lo burlesco conforman los ángulos de una pesquisa mordaz de los acasos del desamparo que nos ronda.

Canettianas:

—“¿Por qué te rebelas contra la idea de que la muerte está ya presente en los vivos? ¿No está acaso en ti?”.

—“El proceso de escribir tiene algo de infinito. Aunque se interrumpa cada noche, la escritura como actividad es una sola y revela su máxima autenticidad cuando entra en escena sin recurrir a ningún tipo de artificio”.

—“La opinión pública despoja al ser humano de su sinceridad. ¿Existe aún alguna posibilidad de verdad pública?”.

—“Quien está obsesionado por la muerte, por ella se hace culpable”.

—“Quien tiene muchas palabras, no puede estar sino solo”.

—“Podría ser que Dios no duerma, sino que se mantenga oculto por miedo a nosotros”.

—“Sacrifica el reloj y escapa al futuro”.

Tiempo incierto para leer a Canetti en el horizonte de palabras que moran en “paisajes como uniformes de gala”.


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