Actualizado: 24/03/2017 15:48
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Los olvidados: Jorge Bolet

Un pianista casi desconocido en ese momento, con una orquesta que no era de primera, un director de tercera y una marca de disco de quinta, producen una versión genial

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El más importante pianista cubano en la pasada centuria, Jorge Bolet, nació en La Habana el 15 de noviembre de 1914 y murió olvidado en Mountain View, California, el 15 de octubre de 1990, después de más de 30 años de exilio.

Bolet fue un excelente intérprete de la obra pianística de Liszt, Chopin y Rachmaninov, entre otros, y alcanzó un nivel de virtuosismo al nivel de los mejores pianistas del mundo. Sus clases magistrales, así como otras interpretaciones por suerte se conservan y pueden ser observadas en YouTube, son un claro ejemplo no solo de su maestría, su profundidad, su dominio de la interpretación de los compositores románticos, sino también de sus capacidades pedagógicas[1].

Sin embargo, a lo que queremos referirnos aquí es a una de sus primeras grabaciones, en realidad a la segunda[2], la cual por pura casualidad adquirimos a inicios de los años 60 en una librería de “viejo”, que visitaba frecuentemente y que si mal no recuerdo se llamaba Gelado, se encontraba a unos pasos del edificio Masónico, por Belascoaín, aún no se había producido la catástrofe de 1968 que no dejó comercio privado en pie.

A Bolet nunca lo había oído y la obra que interpretaba en ese viejo disco de vinilo me era en esos momentos desconocida: el Segundo Concierto para Piano de Prokofiev; por otra parte, el sello de la compañía de grabación no auguraba nada bueno, ya que la Remington no estaba ni tan siquiera en la segunda línea, era una marca barata. Pero me llamó la atención que al dorso se encontraba una dedicatoria del mismo Bolet a una persona llamada Margot, era una humilde dedicatoria, no recuerdo el texto exactamente, pero le reclamaba que oyese con simpatía su interpretación.

Compré el disco y al llegar a mi casa me dispuse a oírlo, la experiencia fue impactante, estaba ante una obra pianística de tremenda dificultad que Bolet solventaba de manera increíble y en apariencia con una facilidad fuera de lo común, estaba oyendo una obra maestra por un pianista magistral.

Al salir de Cuba entre otras cosas, tantas, quedó allá ese disco; aquí traté de obtenerlo, pero fue imposible, nadie conocía del mismo, no existía una versión en CD, o en ese momento no la encontré[3]. Con el paso del tiempo un día encontré el disco en un conocido site de subastas, pero la oferta inicial era de $100, no estaba a mi alcance, en esa ocasión si no mal recuerdo la puesta final fue de unos $400.

Aquello despertó mayor interés en mí, qué había pasado, cómo un LP de un sello de tercera categoría, con un pianista no muy conocido, una orquesta y un director, que no eran ni por asomo de primera línea, podía tener esa valoración comercial.

La curiosidad me llevó a descubrir muchas cosas que intuía pero no conocía, por ejemplo que Emil Gilels, el genial pianista soviético, había dicho que Bolet era el único pianista occidental que entendía el Segundo Concierto de Prokofiev, yo me atrevería a decir, después de oír al mismo Gilels en ese concierto, que Bolet era el único pianista en el mundo que en ese momento lo entendía, más tarde apareció la versión de Yefim Bronfman, que en honor a la verdad es tan buena como la de Bolet, con la ventaja de una orquesta y un director de fama reconocida y una grabación estéreo en un sello de primera línea.

La versión de Bolet[4] fue la primera grabación en disco del Segundo Concierto de Prokofiev, y todo parece indicar que resultó ser la introducción del Concierto en el repertorio mundial. Lo curioso sobre Bolet es que él fue reconocido en su época como un buen interprete de Liszt, pero jamás de Prokofiev. Es de esas cosas raras en el arte: un pianista casi desconocido en ese momento, con una orquesta que no era de primera, un director de tercera y una marca de disco de quinta, producen una versión genial.

Supe así que Bolet se había unido a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en la II Guerra Mundial; que había participado en la ocupación del Japón e incluso dirigido la premier del Mikado de Sullivan y Gilbert en Tokio; que durante mucho tiempo la crítica le fue adversa, lo consideraban demasiado ‘virtuosista’, y sólo después del famoso concierto del 25 de febrero de 1974 en el Carnegie Hall[5], y nada menos que con la crítica laudatoria de Harold C. Schonberg, recuperó la atención, ahora favorable, tanto del público como de la crítica; él fue el pianista que realizó la banda sonora de la película Sueño de amor [Song Without End] sobre la vida de Liszt; grabó decenas de discos, ahora para los sellos más distinguidos y pasó a ser un mimado de las grandes salas de concierto de Europa y EEUU.

No cejé en mi búsqueda hasta que, por un golpe de pura suerte, pude adquirir el LP original a un precio permisible a mi bolsillo, en una subasta en Alemania; el disco estaba en aceptables condiciones, pero yo me he preguntado, ¿cuánto valdría aquel que quedó en La Habana autografiado por Bolet? Para mí no tenía precio, y lo tuve que abandonar.

La salud de Jorge Bolet comenzó a declinar en 1988, su última aparición fue un recital en el West Berlin Philharmonie el 8 de junio de 1989; ese mismo año fue sometido a una operación del cerebro, muriendo de un fallo cardiaco a mediados de octubre de 1990. El New York Times le dedicó una amplia nota necrológica.

Hoy en Cuba nadie, o casi nadie, conoce a este extraordinario pianista con una trayectoria sin comparación con ningún otro intérprete cubano, es uno de los tantos olvidados.



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