Actualizado: 19/09/2017 10:07
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“M. de S.”: el “disfraz” falso de José Martí

Cómo más de 300 artículos en The [New York] Sun, escritos por otro autor, fueron erróneamente atribuidos a José Martí por Ivan A. Schulman. La verdadera identidad del autor es divulgada

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En José Martí y el “Sun” de Nueva York: nuevos escritos desconocidos[1], publicado por primera vez en los Anales de la Universidad de Chile [No. 139, pp. 30-49], en 1966, y reimpreso dos años después en La Gaceta de Cuba [No. 65, jun-jul 1968, pp. 22-25], el hispanista estadounidense Ivan A. Schulman anunció que había descubierto más de 300 crónicas nuevas de Martí que fueron publicadas en The Sun durante un periodo de 12 años (1882-1895). Todos los artículos atribuidos a Martí en este período fueron firmados con las iniciales “M. de S.”. El hecho de que Schulman no citara el número exacto de los artículos publicados en The Sun con esa firma, ni presentara una lista parcial de ellos, y mucho menos el texto completo de alguno, nos hace pensar que nunca supo la verdadera extensión de su supuesto hallazgo.

Al parecer, después de haberse convencido de que “M. de S.” era el homólogo de Martí, todo lo que encontró con esa firma fue asignado al cubano sin la necesidad de llevar la cuenta y tal vez incluso a ciegas. Si Schulman de verdad hubiera leído todos los 300 y tantos artículos, es posible que no se hubiera decepcionado a sí mismo. Que haya tardado 10 años en publicar sus hallazgos también indica cierta vacilación. De hecho, el primero en anunciar el descubrimiento de Schulman no fue Schulman, sino su maestro y mentor, Manuel Pedro González, que en todos sus libros resaltaba la autoría de Martí como un hecho indiscutible, incluso antes que Schulman publicara los resultados de su investigación. Si los críticos martianos aceptaran como auténticos los más de 300 artículos de “M. de S.”, esto constituiría la mayor adición al canon martiano desde que Gonzalo de Quesada publicó la primera edición de las Obras Completas. La posibilidad de hacer semejante aporte puede apaciguar muchas dudas y alimentar muchas ilusiones.

Schulman reconoce —ya que sería imposible negarlo— que los artículos de “M. de S.” son muy diferentes y hasta antagónicos a los que conocemos de la pluma de José Martí: impersonales y llenos de convencionalismos; irónicos y satíricos; soberbios y aduladores; frívolos e insignificantes en su mayor parte. Pero en lugar de rechazarlos por esa razón, Schulman postula que esas incongruencias eran en realidad premeditadas, y en vez de refutar la autoría de Martí, la confirman.

Las incongruencias, que Schulman atribuye a una “auto-desfiguración”, forman parte de un “disfraz” que Martí supuestamente había asumido para escribir estas crónicas de “chismes candentes” de las cortes europeas y temas afines, no porque se hubiera avergonzado de ser conocido como un murmurador trasatlántico, sino porque el editor de The Sun, Charles A. Dana, famoso como pionero del periodismo personal en Estados Unidos, había obligado a un Martí empobrecido que abandonara el acostumbrado personalismo de su estilo porque los lectores de The Sun no podían soportar “su riqueza tropológica”.

Solo si consentía en “desnaturalizar su ingénito estilo”, a “ahogar el artista” y “estrangular su estética”, y a “suprimir observaciones sociales y morales”, podría Martí, en la opinión de Schulman, ejercer de cronista en el periódico que el propio Martí consideraba el mejor del mundo. Así nació el anti-Martí, quien, de acuerdo con Schulman, escribió los artículos firmados “M. de S.” en The Sun.

Schulman basó su identificación de “M. de S.” en consideraciones exteriores al texto, o lo que él llama “una serie de coincidencias más que fortuitas”: el primer artículo de “M de S.” apareció en The Sun a un año de la última aportación reconocida de Martí (firmada José Martí), y las iniciales “M de S.” desaparecieron por completo del Sun un mes antes de la muerte de Martí. La otra supuesta evidencia es de carácter análogo: la firma de “M. de S.” apareció por primera vez en The Sun solo un par de meses después que Martí hubiese terminado su colaboración con La Opinión Nacional, de Caracas, donde escribió bajo el seudónimo de “M. de Z.”. Por supuesto, dos hombres no son idénticos porque entran y salen por la misma puerta al mismo tiempo. El hecho de que Martí escribió bajo el seudónimo “M. de Z.” para protegerse a sí mismo y su editor de persecución por parte del dictador venezolano Guzmán Blanco tampoco demuestra que Martí adoptó el “disfraz” de “M. de S.” con el fin de protegerse de la vergüenza de prostituir a su genio y desfigurar su arte. Aun cuando escribía un anuncio pagado por los fabricantes de equipos de gimnasia en La América, Martí fue siempre e inequívocamente Martí. Su escritura podría elevar el nivel de cualquier tema, pero nunca la rebajó para tratar de ningún tema.

En Seis crónicas inéditas de José Martí, publicado en Cuban Studies 29 [1999], el fallecido Carlos Ripoll y yo rechazamos por diversas razones la atribución por Schulman de los artículos de “M. de S.” a Martí. La más simple y más convincente es que el último artículo de “M. de S.” publicado en The Sun, titulado Paris StreetCleaning (que el autor llama “el toilette” de la ciudad), lleva la fecha del 2 de abril de 1895, cuando Martí, que ya había salido de Nueva York por última vez, estaba en tránsito por la antigua base de piratas de Gran Inagua, en las Bahamas. El día en que se publicó, el 14 de abril de 1895, Martí y Máximo Gómez habían logrado desembarcar clandestinamente en Cuba y estaban en plena manigua rebelde. Suponiendo que Martí no estaba preocupado con otras cosas durante los últimos días de su vida, ¿cómo había obtenido la información para escribir semejante artículo (que está lleno de datos estadísticos) y cómo fue sacado el manuscrito de la isla —y por qué? ¿Hubiera Dana encomendado a Martí un ensayo de 1.750 palabras sobre la recolección de basura en París en lugar de un informe desde las trincheras sobre el estallido de la guerra en Cuba? ¿Es éste, entonces, el “Testamento Sanitario”, de Martí que complementa su “Testamento Político” y su “Testamento Literario”? Lo absurdo de tal conjetura es tan patente e innegable que la afirmación en sí misma es su propia refutación. Sin embargo, todavía hay académicos —como Ilian Stavans y Laura Lomas— que aceptan la atribución de Schulman, incluso después de haber sido desacreditada en Cuban Studies.

Como le dije en una carta a Ripoll hace 20 años: “Estaría bien (pero no creo que sea necesario) descubrir la verdadera identidad de ‘M. de S.’. Es mejor que el señor Schulman demuestre que Martí y ‘M. de S.’ son la misma persona, y esto, claro, le sería imposible porque no es verdad”. Reconocí más tarde que no solo “estaría bien”, pero de hecho es imprescindible descubrir la verdadera identidad del autor de los artículos de “M. de S.”, porque solo entonces puede Martí finalmente librarse de la amenaza a su reputación literaria que esta caprichosa atribución conlleva. La solución, yo sospechaba, se encontraría en el mismo Sun y en ninguna otra parte. Y fue ahí que la encontré, entre 280.000 artículos publicados entre 1882 y 1890. Schulman había recorrido el periódico de punta a punta buscando solamente los artículos firmados “M. de S.”, que era casi una tarea mecánica. No buscó, sin embargo, artículos acerca de “M. de S.”, suponiendo sin duda que Martí no hubiera consentido a ser desenmascarado en The Sun después de tanta molestia para ocultar su identidad y “estrangular su estética”.

Al verdadero “M. de S.” no le importaba en lo más mínimo ser descubierto por su propio periódico ya que la publicidad avanzaba sus fines. Fue para promover su primera novela que consintió poner sus lectores al corriente de lo que ya era un secreto a voces. La reseña del libro en The Sun, publicada el 4 de enero de 1890, (p. 5, columna 4), ponía fin a su anonimato: “The author is a newspaper correspondent widely known and esteemed. Readers of THE SUN have long been familiar with her work through the versatile and admirable European letters signed "M. de S." English social life has been minutely studied by Mme. Van de Velde and the results of her keen and appreciative observation are apparent in ‘Dr. Greystone’” [La autora es corresponsal de prensa, ampliamente conocida y estimada. Los lectores de THE SUN han estado durante mucho tiempo familiarizados con su trabajo a través de las cartas europeas versátiles y admirables firmadas “M. de S.”. La vida social de Inglaterra ha sido minuciosamente estudiada por la Sra. Van de Velde y los resultados de su observación aguda y apreciativa son evidentes en “Dr. Greystone”]. The Writer, con sede en Boston, una revista mensual que todavía se publica, también identificó a la señora Van de Velde como la autora de las crónicas de ‘M. de S.” en The Sun [febrero de 1890, Tomo IV, N ° 2, pág 45]: “The New York Sun's European correspondent who writes under the signature ‘M. de S.’ is a lady, Mme. Van de Velde, who lives in London, and who has just published a novel, ‘Dr. Greystone’” [El corresponsal europeo de The New York Sun que escribe bajo la firma “M. de S.” es una dama, Mme. Van de Velde, que reside en Londres, y que acaba de publicar una novela, “Dr. Greystone”].

M[aria]. de S[auges]. Van de Velde (1833-1913), que firmaba con sus propias iniciales, era la esposa del embajador danés en la Corte de St. James, y la editora, traductora y benefactora del autor expatriado estadounidense Bret Harte, quien murió en su casa y fue enterrado en una tumba diseñada y pagada por ella. con la inscripción: “In Faithful Remembrance, M. S. Van de Velde”. Es autora de The French Novel To-day [1891), Random Recollections of Court and Society [1888] y Cosmopolitan Recollections [1889], que tratan en detalle los mismos temas que ella había ensayado en las columnas del Sun y The London World, donde también colaboraba. Todos sus libros han sido recientemente imprimidos por una editorial en la India que se dedica a publicar obras bajo demanda que están fuera de copyright.

Irónicamente, en su artículo atribuyendo a José Martí la obra entera de Mme. Van de Velde en The Sun, Ivan A. Schulman casi tropieza con la verdad antes de descartarla a favor de su propia versión del realismo mágico: “Al leer y analizar los artículos firmados ‘M. de S.’ (como asimismo el firmado ‘de Z. ’) la idea se nos ocurrió en más de una ocasión de que, acaso, se tratara de la obra de un cronista europeo, francés, o español”. Schulman abandonó rápidamente esta idea tras consultar varios diccionarios de seudónimos (que enumera en su artículo) y no encontrar una entrada para “M. de S.” en ninguno de ellos. ¿Por qué llegó a pensar que esto confirmaba la autoría de Martí? Es una cuestión que ahora tiene que preguntarse a sí mismo y que yo no puedo contestar. Tampoco podemos explicar su afirmación de que “pese a la insatisfacción artística del Maestro y consideradas todas las imperfecciones de estos artículos, son escritos que no disminuyen la figura literaria de Martí”. Schulman no pudiera estar más equivocado. La mera sugerencia de que Martí podría haber sido su autor es perjudicial en sí. Si estos artículos se hubieran incorporado a las Obras Completas, como Schulman aconsejaba, el daño habría sido catastrófico y quizá irremediable.

La atribución errónea de Schulman tuvo el efecto indeseado de rescatar de la oscuridad los escritos de la señora Van de Velde y elevarlos por años luz más allá de sus méritos. En este artículo, he tenido que desenmascarar por segunda vez a “M. de S.” para que pudiera recuperar la posesión de lo que por derecho le pertenece. Gracias a la equivocación de Schulman, la reputación literaria (tal como es) de Mme. Van de Velde no solo fue bruñida, pero su nombre ahora está enlazado a través de la historia no solo con el de Bret Harte sino también con el de José Martí. Ella es realmente la única triunfadora en esta comedia de errores que tuvo un plazo de cincuenta años y se cierra hoy.



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