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Actualizado: 20/12/2014 5:25
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Literatura

Un mapamundi de la imaginación universal

Una colección hermosamente editada propone un fascinante viaje por países de varios continentes, a partir de leyendas y narraciones populares creadas allí

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Es realmente un hecho inusitado que en los tiempos que corren haya autores que asuman la realización de un proyecto muy ambicioso. Mucho más inusitado lo es que encuentren una editorial que no solo lo publique, sino que además no escatime recursos para que pueda salir en la mejor forma. Pero para desmentir a los más escépticos y demostrar que tales autores y tales editoriales aún existen, desde hace unos meses están en las librerías los cinco volúmenes de la colección La vuelta al mundo en cinco cuentos (Panamericana Editorial, Bogotá, 2012).

Detrás de tan hermoso y espléndido proyecto, se hallan Antonio Orlando Rodríguez y Sergio Andricaín. Se trata de dos escritores a quienes la literatura para niños y adolescentes debe unos cuantos títulos significativos. Dedicados desde hace varias décadas a esa manifestación, han dado sobradas pruebas de su talento, su rigor, su laboriosidad y su gran conocimiento de ese público lector. Los dos se desenvuelven además tanto en el campo de la creación como en la labor investigativa, y en ambas facetas sus aportaciones son igualmente valiosas.

Al inicio de la introducción de cada uno de los libros, se explica en pocas líneas la premisa a partir de la cual fue concebida la colección: “Para viajar a tierras lejanas, no siempre es necesario hacerlo en un automóvil, un tren, un barco o un avión. A veces, la lectura de un cuento puede trasladarnos a países distantes, y revelarnos sus paisajes, sus tradiciones y la forma en que viven sus habitantes”. Rodríguez y Andricaín proponen un recorrido que incluye varios continentes, a partir de leyendas y narraciones populares creadas allí. En total, son veinticinco cuentos, que aparecen distribuidos a razón de cinco en cada volumen. Asimismo cada uno de estos está identificado con un título: Rustam el valiente y otras historias, El pequeño gran pescador y otras historias, Lalla la hermosa y otras historias, La joven de los cabellos de oro y otras historias y ¡Piratas a la vista! y otras historias.

Corea, Francia, Nueva Zelanda, Colombia, Rusia, Egipto, Japón, México, Portugal, Marruecos, China, Cuba, Islas Salomón, República Checa, Togo, Irán, Australia, Papúa Nueva Guinea, Japón, Etiopía, Brasil, Islas Fiyi, Nigeria, Letonia, Estados Unidos y Canadá son los países cuya narrativa de tradición oral está representada en la colección. Una simple ojeada a esa lista da cuenta, en primer lugar, de la acuciosa labor investigativa realizada por Rodríguez y Andricaín. Por otro lado, la diversidad de geografías, culturas y épocas garantiza que La vuelta al mundo en cinco cuentos pueda cumplir uno de sus objetivos primordiales: proporcionar al lector un fascinante y asombroso recorrido por el mapamundi de la imaginación universal.

La lectura de estas narraciones demuestra que la fantasía no comenzó con J.R.R. Tolkien, C.S. Lewis ni con J.K. Rowling, y que para convocarla tampoco es necesario recurrir a los efectos especiales. En esos textos se cuentan historias inverosímiles que ponen a prueba a sus protagonistas. Así, un joven maorí decide que va a solucionar el problema de que los días son muy cortos y las noches muy largas, a causa de que Tama-nui-te Ra, el Sol, recorre el cielo a gran velocidad. En otro cuento, un niño japonés llamado Melocotoncito anuncia sus padres que va a viajar a la isla de los onis, unos ogros malvados con afiladas garras y grandes bocas, para darles un escarmiento. Y en otro, Yousif, un príncipe egipcio, sale a recorrer el mundo para encontrar a Louliyya, una joven muy hermosa con la cual quiere casarse. Sus padres tratan de disuadirlo de esa idea, y le explican que es hija del rey de los ogros, que este se niega a darla en matrimonio y ya ha dado muerte a varios pretendientes. Nada de eso logra atemorizar a Yousif, quien promete regresar sano y salvo, trayendo a Louliyya en su caballo.

Como es frecuente en los cuentos de tradición oral, abundan las situaciones fantásticas. Un ave fénix bordada en una tela cobra vida y deja un huevo de oro a dos hermanos que, pese a ser muy pobres, dieron su comida a una anciana. Un campesino ayuda a un cervatillo que ha caído en una trampa. Para agradecérselo, la cierva le regala una manzana de oro. Cuando el joven se la cuelga al cuello, aparecen cuatro gigantes y uno de ellos le pregunta: “¿Qué podemos hacer por ti, señor?”. Un soldado ruso llamado Iván se queda perplejo al escuchar hablar a un abedul. Se trata de la hija del zar, quien fue raptada por un hechicero y convertida en abedul, para vengarse de su padre.

Narraciones que buscan ser ejemplares

Encontramos también malos que reciben su castigo, seres humanos transformados en animales. Asimismo la selección, tan bien hecha como equilibrada, da cabida a algunas historias más verosímiles y despojadas de elementos fantásticos. Ese es el caso de “¡Piratas a la vista! “ y “Lo mejor y lo peor del mundo”, esta última perteneciente a la tradición oral afrocubana. Y como se trata de narraciones que buscan ser ejemplares y aportar enseñanzas, esos textos sobre todo contienen valores tradicionales como el amor, la justicia, el sentido común, la generosidad, la verdad, la unión entre hermanos. Sin embargo, esa finalidad didáctica no se cumple a través de doctrinas verbales, sino de historias interesantes.

Para escribir los textos que conforman la colección, Rodríguez y Andricaín tomaron cuentos que se han conservado oralmente y que, como todos los pertenecientes a esa tradición popular, son anónimos. Las dos únicas excepciones son “¡Piratas a la vista!” e “Historia de Melusina”. Para el primero, se inspiraron, como ellos señalan, en una anécdota que el historiador colombiano Arturo E. Bermúdez Bermúdez recogió en su libro Piratas de Santa Marta. En cuanto al segundo, se basaron en Mélusine ou La Noble Histoire de Lusignan, una novela del siglo XIV perteneciente a Jean d´Arras. No tuvieron, pues, que preocuparse por crear ninguna de las historias, pues estas ya existían. Su labor como autores ha consistido en adaptar los textos al formato de la colección y a las características del público lector al cual está dirigida.

No sé si cabe aquí emplear el término reescritura. En todo caso, hay un esmerado trabajo que pone de manifiesto la responsabilidad con que ha sido realizada la colección. Atendiendo a la intención didáctica de revelar a los lectores los paisajes, tradiciones y culturas de esos países, Rodríguez y Andricaín han puesto una especial preocupación en reflejar esos aspectos con autenticidad. Eso no significa que sobrecarguen los textos con descripciones e informaciones. Incluyen aquellas que resultan necesarias para la mejor comprensión de las historias. Pero se cuidan de que correspondan realmente al contexto en el cual se ambientan. Eso va desde la elección del nombre de los personajes hasta los alimentos que comen, la vegetación del sitio donde viven, los hábitos cotidianos, la ropa con que se visten, la religión que profesan.

A los autores de La vuelta al mundo en cinco cuentos no les interesó, pues, hacer versiones actualizadas ni recreaciones de esas narraciones. Su mayor preocupación ha sido que lleguen a los lectores en versiones fieles y respetuosas. Naturalmente, eso no ha excluido un esmerado trabajo literario, que tiene como principales bazas la pericia narrativa y un lenguaje sencillo y claro, marcado por un impecable uso del castellano. Todos los cuentos comienzan además a la manera tradicional, pero Rodríguez y Andricaín aportan en cada caso un detalle original: “Hace muchísimo tiempo, cuando en la tierra había tantos magos y brujas que no se podía caminar un trecho sin encontrarse con alguno, vivió en Letonia un rico viudo que tenía dos hijos: un niño llamado Fricis y una niña llamada Lizina, ambos muy hermosos y de noble corazón”; “Cuentan los que saben que una vez, hace muchísimo tiempo, en una ciudadela en las cercanías del Alto Atlas vivió un matrimonio que tuvo siete hijos varones. Cada vez que la esposa quedaba encinta, le decía a su marido: ‘Esta vez será una niña’. Pero siempre nacía otro varón”; “En India, los brahmanes son hombres muy respetados por su sabiduría. Pero los abuelos cuentan que una vez, hace mucho tiempo, hubo un brahmán llamado Haricharman que, por el contrario, tenía fama de tonto”.

La colección además está hermosamente editada, un aspecto que en el caso de la literatura para niños adquiere particular importancia. Ante todo, se trata de libros de gran tamaño y visualmente muy atractivos. Los cinco volúmenes tienen el mismo formato, el mismo número de páginas. Pero las ilustraciones de cada uno fueron encomendadas a diferentes artistas. Tres son colombianas: Catalina Acelas, Helena Melo y Esperanza Vallejo. Los otros dos, Alexis Lago y Enrique Martínez, son cubanos, aunque residen, respectivamente, en Estados Unidos y México.

El nivel artístico de los cinco trabajos alcanza, en conjunto, un excelente nivel de calidad. Estamos ante artistas fogueados en el diseño gráfico y con experiencia previa en la ilustración de libros para niños. Cada uno posee su propio estilo y eso da a la colección un tractivo adicional. A partir de la premisa de concebir imágenes alusivas a los textos, los cinco desplegaron su imaginación y su creatividad. Analizar separadamente el trabajo de cada uno con el rigor analítico que merece, demandaría unos conocimientos de artes plásticas que yo no poseo. Me limitaré por eso a apuntar que sus ilustraciones comparten el protagonismo con los textos (en cada volumen se incluye además una a doble página); y que por su refinamiento y su belleza, a muchas de ellas dan ganas de arrancarlas y ponerlas en un marco.

En tiempos como los actuales, tan marcados por la globalización, una colección como La vuelta al mundo en cinco cuentos proporciona un material sumamente atractivo para que los niños y adolescentes comprendan la diversidad y aprendan a conocer y respetar al otro. Quienes estas Navidades deseen regalarles libros que puedan fascinarlos y hacer volar su imaginación, tienen en estas historias que llegan de sitios exóticos y lejanos una estupenda opción.