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Actualizado: 24/10/2014 17:24
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Teatro

Una doble hazaña

Estreno mundial de la pieza 'Alguien quiere decir una oración', escrita por José Abreu Felippe y dirigida por Rolando Moreno.

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Asistir al estreno teatral de una obra escrita por un dramaturgo cubano exiliado en Miami es un motivo de celebración. En una ciudad que no cuenta con un amplio apoyo a la cultura, y el costo de un montaje se eleva como su inflación, es una doble hazaña el logro de un debut mundial.

A diferencia de otros géneros literarios, una pieza teatral no concluye para el dramaturgo cuando se ha publicado, sino al ser convertida en una puesta.

El Kimbaracumbara, de la calle 8, acogió el estreno de Alguien quiere decir una oración, del escritor José Abreu Felippe, en una versión de Rolando Moreno, quien estuvo, además, a cargo del diseño escenográfico, el vestuario y la musicalización.

En la obra de Abreu Felippe, dos hermanos reflexionan sobre la vida y la muerte de su madre después de ser atropellada en un trágico accidente de auto. Los hijos se transforman en los actores que interpretan a la asesina, al padre y a la misma madre. La obra alcanza una alta intensidad dramática en ocasiones. Otras veces arranca risas con un humor mordaz y situaciones creadas con ingeniosos diálogos.

El experimentado actor Gerardo Riverón interpreta a uno de los hijos, Imbécil, quien anhela evocar los recuerdos de su madre, amarrado a la imagen perdida de la infancia. Mientras juegan, Imbécil presiona a su hermano Estúpido (Tomás Doval) a tomar el disfraz de la madre y aligerar de esta forma el dolor de su ausencia. Doval logra esta metamorfosis mediante el recurso del travestismo, a la usanza en los inicios del teatro griego.

Riverón, por su parte, encarna también al personaje de la asesina, con el que el actor alcanza un vuelo imaginativo que lo lleva a niveles de interpretación impresionantes. En su monólogo, la asesina adquiere una frivolidad autodestructiva. No sólo satiriza la ciudad con su asfixia, alude a los políticos corruptos y habla de la miseria, sino que asume la culpabilidad con una atroz confesión que dota de un humor negro la puesta en la narración de los hechos.

Tomás Doval, en el papel de la madre, trasluce esa sensibilidad que conduce la obra por cuestionamientos metafísicos sobre la vida y la muerte, sobre el hecho desconocido de la eternidad y la unión a los seres queridos más allá de su existencia física.

Directores del patio

Los dos actores han demostrado un total dominio de la escena en esta puesta de Rolando Moreno, así como un manejo preciso de los diálogos y una elevada capacidad de concentración. Con un agudo sentido del humor, la pieza recurre al teatro dentro del teatro, y los hermanos se convierten en actores que se burlan sucesivamente del director del montaje y de su autor.

En los minutos finales, la pieza muestra un tono poético de gran exaltación. La puesta alcanza una tensión dramática que, en el caso del estreno, arrancó las lágrimas de quienes habían reído antes.

Uno de los mayores aciertos es el lenguaje, que fluye como un ritmo musical seductor y adentra a los espectadores en ese estilo peculiar en la dramaturgia de Abreu Felippe, quien pertenece a la llamada Generación del Mariel. Su tesis es que la belleza lírica no está reñida con el teatro moderno.

Una reflexión humana sobre el valor del amor filial y la necesidad de apreciar el tiempo en compañía de los seres amados que un día partirán. Abreu Felippe devela esa dimensión del afecto del que no nos percatamos. En palabras del personaje Imbécil, "es como si no estuviéramos preparados para darnos cuenta de que la felicidad puede ser sólo una presencia".

La voz de Barbarito Diez parece representar un personaje omnipresente que abre y cierra la presentación con una alusión a lo irreversible del tiempo.

Sin lugar a dudas, este estreno debería de hacer reflexionar a quienes piensan que no es posible un montaje de excelencia en esta ciudad con directores del patio. Un buen ejemplo es la puesta en escena de Alguien quiere decir una oración, obra que forma parte de la serie conformada por Muerte por aire y Si de verdad uno muriera, publicada en el libro Teatro (Verbum, Madrid, 1998).


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