Actualizado: 24/06/2017 12:00
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EEUU, Presidencia, Washington

Trump, franquicia y política

Donald Trump será el primer presidente con una franquicia, en la historia de Estados Unidos

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El reloj decorativo que lleva el nombre del 45to presidente de Estados Unidos todavía no marca las horas en el Trump International Golf Club en Dubái, pero los empresarios que financian el proyecto ya están contando las ganancias.

El campo de 18 hoyos probablemente será la primera propiedad relacionada con Trump a inaugurar luego de su juramentación el 20 de enero, para sumarse a la vasta organización con bienes desde Bali hasta Panamá, informa la AP.

También concentra el cúmulo de temores sobre posibles conflictos de interés que circulan a un presidente muy distinto de los mandatarios anteriores de Estados Unidos. Si bien la Oficina Oval siempre ha alojado a hombres adinerados, Trump representa el primer presidente con una franquicia.

¿Podrán gobiernos extranjeros presionar o complacer a Trump a través de sus negocios internacionales? ¿Deben los proyectos que llevan su nombre recibir seguridad adicional? ¿Y hasta qué punto debe mantener lazos estrechos con directivos empresarios que trabajan en zonas donde las concepciones de los derechos humanos y la justicia difieren ampliamente de las estadounidenses?

“Jamás ha habido algo ni remotamente parecido, nada que se le parezca”, dijo el historiador legal y experto en ética Robert W. Gordon. “Trump tiende a tratar sus negocios y sus políticas públicas como una suerte de extensiones de sí mismo. Aparentemente no tiene el menor empacho en reunir y combinar su empresa con las medidas y políticas del gobierno de Estados Unidos”.

La inauguración del Trump International Golf Club en Dubái —el emirato con un contorno futurista coronado por el edificio más alto del mundo— está prevista para febrero y sus gerentes serán empleados de la Organización Trump.

Toda negociación con la marca Trump generaría al menos la apariencia de algo impropio, advierten expertos legales.

“Tiene tantas propiedades que sus intereses de negocios se convierten en un blanco evidente tanto para amenazas como sobornos”, dijo Gordon. “Los peligros vienen de dos direcciones: una es que las potencias extranjeras traten de utilizar los intereses de Trump como medio para sobornarlo y conseguir que apruebe políticas favorables a ellos o usarlos para presionarlo”.

Trump ha dicho que se abstendrá de manejar su imperio mientras sea presidente, pero aparte de decir que los gerentes “lo manejarán con mis hijos” no ha ofrecido más detalles.

Erik Jensen, profesor emérito de derecho en la Universidad Case Western Reserve, dijo que eso por sí solo representa problemas.

“No basta entregar el control a los chicos. Sin duda se van a reunir para las fiestas, hablarán por teléfono”, dijo Jensen. “Habrá mucho contacto”.

Trump tomará en menos de tres semanas las riendas de un país dividido, pero la estrategia de arranques permanentes que le funcionó para llegar a la presidencia de Estados Unidos podría chocar con la dura realidad del poder en la Casa Blanca, informa la AFP.

El millonario populista, cuya sorpresiva victoria desencadenó una onda de choque en su país y en el mundo, entrará el 20 de enero en la mítica Oficina Oval con una tasa de impopularidad de 48 %.

Su predecesor, Barack Obama, que advirtió antes de la elección del 8 de noviembre sobre el peligro que representaría Trump para la democracia, deja su puesto con una popularidad récord de 55 %.

En pleno periodo de transición, el clima político es pesado y lleno de incertidumbres en Estados Unidos.

“Es difícil decir qué esperar con Trump, porque tiene muy poca experiencia política y porque evidentemente tiene un humor muy cambiante”, se inquieta Fred Greenstein, profesor en Princeton y autor de una obra sobre los presidentes de Estados Unidos (The Presidential Difference: Leadership Style from FDR to Barack Obama).

Casi dos meses después de su elección, Donald Trump sigue siendo Donald Trump: mantiene su personalidad considerada errática —se describió a sí mismo como “imprevisible”—, y sigue con su comunicación estruendosa en Twitter, sobre todo en cuestiones importantes de política exterior.

“No sé qué quiere hacer y creo que él tampoco”, dijo a principios de diciembre el senador demócrata Patrick Leahy.

A partir del 20 de enero, deberá pilotar la primera potencia mundial.


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