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Crónicas de Thamacun (III). Crónicas alternativas

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¿Quién es el Diablo? En la historia de Thamacun la interrogante jugaría un papel fundacional.

Malver Adenauer, “El pirata de la mano de hierro”, había arribado al Reducto en la primavera de 1669, cuando un tercio de la armada española peinó tras su rastro la periferia de las Islas Tortugas. Amaba a los cerdos. Veneraba una iconografía porcina en la que el hecho de flotar en las márgenes, regurgitando el esquizofrénico fluir de las ideas, adquiría forma, sentido e identidad. No es que le interesara particularmente esto último –Malver abordaba la identidad como abordaría un ropero-, pero indudablemente disfrutaba, con creciente frecuencia, el “discreto encanto” de la trasgresión.

El cerdo mismo podía ser el diablo. El cerdo fornicando. La cadencia de las caderas del cerdo –la idea misma de las caderas del cerdo- desmoronándose en la densidad del espasmo seminal. El semen del cerdo podía ser el diablo. Un ángel caído, las alas cortadas, súbitamente evanescente. El rosa de la abominación.

La nación escarmentada en la imagen.

Cuando en 1669 Malver Adenauer fundó Thamacun, había abandonado en su huida numerosas inseguridades. Ya sabía, por ejemplo, dónde se iba a morir. Y por qué. La Quinta Ley de la Cofradía comenzaba a ser un recuerdo brumoso, progresivamente inconsistente a medida que circunvalaba el islote. Lo acompañaban su mujer, dos hijas y varios de sus seguidores más leales. Hacia el sureste, los españoles sodomizaban las islas. Hacia el noroeste aún quedaba tierra por conquistar, lo que después sería Estados Unidos.

Esta crónica fue redactada a partir de una sugerencia de Carlos Alberto Montaner. Agradecemos su colaboración.

Crónicas alternativas

La fiesta del Cónclave de las Sentencias, que aún se celebra en Cuba Inglesa –que pronto instrumentaremos en este espacio-, no ha sido completamente ajena a la recreación de los acontecimientos que hicieron del Reducto un enclave alternativo de referencia. Así, las historias thamacunesas, en la memoria colectiva de su descendencia virtual, suelen entrecruzarse y fecundarse, engendrando zonas de (re)creación adicionales.

Este sábado, Cuba Inglesa inaugura un espacio de interacción creativa que, como es costumbre a partir del Tercer Éxodo, recrea los postulados de la doctrina Morgan, institucionalizada a finales de la década del cincuenta en el islote (aquella en la que numerosos delegados activos recorrieron el mundo esparciendo la buena nueva).

A continuación el aporte de los lectores, en camino de convertirse en embajadores de Cuba Inglesa (el ciudadano cubanoinglés es, antes que ciudadano, embajador). O más bien del lector, porque dos de los tres textos que a continuación editamos pertenecen a ciudadanos de la comunidad.

Ya estamos leyendo Crónicas alternativas. Que las disfruten:

El espíritu de Thamacun

Un texto de Joe Julian Gómez

En Thamacun la política era la armonía familiar y humana. Se afianzó una forma civilizada de discusión política que parecía una conversación de sobremesa, al estilo de la Cámara de los Comunes de nuestra madre patria: Inglaterra. Mientras, en la vecina Cuba el Congreso dejaba chiquito a un ring de boxeo.

Por eso, para nosotros, los próceres también eran los innovadores que nos hicieron la vida más placentera, como el inventor del aire acondicionado de bolsillo (fue la suya una de las pocas estatuas erigidas en Thamacun, razón por la que nunca hubo escasez de cemento), o Juanito Carson, que nos hizo reír durante años con su show de medianoche en el que imitaba las broncas verbales de los políticos de nuestros vecinos. Aunque luego el comandante en jefe noqueó a todos los thamacuneses por nuestra manera humorística de asumir la política, anexándose el islote y mandándonos para el exilio.

Reunirnos en este espacio virtual es preservar el espíritu de Thamacun, lo cual es más importante que su geografía, ese pedazo de tierra donde más que la palma crece el nacionalismo, con esos rasgos patológicos que tanto daño les hacen a los hombres cuando la patria sustituye a nuestras madres, a tal punto que le vendemos el alma (nuestra individualidad) a un dictador o a una ideología totalitaria.

Oda al caos

Un texto de Espartaco

El “discreto encanto” de la trasgresión es una de esas fuerzas que dieron origen a Thamacun, una evolución plena a la libertad, la mutilación del límite que impone toda regla severa.

En mi modesta documentación recopilada a fuerza de investigar en tiempos recientes, he encontrado un pequeño folleto de una especie de filósofo con vínculos a Thamacun. En la dedicatoria se encuentra una evocación de la hermana del autor, Idamanda Rosael. La portada ofrece una especie de grabado en el que vemos, al estilo de un Diógenes contemporáneo, la imagen de su autor. Asaelo Rosael aparece en este grabado. Sus manos sostienen una especie de papiro donde puede leerse en un rótulo breve: Oda al caos.

Algunos documentos de imprecisa procedencia me hablan sobre la influencia de este caótico pensador en la doctrina thamacunesa. Un párrafo del libro Llave del Nuevo Mundo, de José Martín de Arrate, considerado como la primera documentación histórica de la isla, lo menciona:

“Asaelo Rosael andaba en un barril de origen asiático pernoctando por los rincones de la isla, un día aseveraba que la tierra era el epicentro del mundo y al otro decía que las ballenas eran lunas azules llegadas de otra galaxia. Su locura estaba amparada por un conocimiento caótico del universo y sostenía la tesis de que la verdad era inexistente y sólo la búsqueda de ella era el lugar seguro de la razón.

“Un día desapareció y algunos amigos dicen que emigró a esas tierras de un lenguaje gaélico mezclado con residuos del latín, llamada Thamacun”.

Entre dos mundos

Un texto de Fernando

Conocí a Asaelo Rosael en Miami, tres años atrás. Era un hombre metido en el barril que Espartaco menciona, ciertamente, pero también hay quien dice que era el barril quien lo perseguía. Asaelo había descubierto que la teoría de la conspiración que durante años ocupara sus estudios era algo más que una teoría. Era su manera de entender el mundo (“como no queda más remedio que respirar, hay que respirar”, escuché que le gustaba decir), en la que las ballenas eran lunas azules, los dromedarios tesoros escondidos y el cielo una tierra paralela por donde se paseaban en caravana los próceres de la desmitificación.

El problema de Asaelo es que no llegó a ser prócer de la sentencia, pero tampoco de la desmitificación. Apresado entre dos mundos, sin poder avanzar un milímetro en cualquier dirección, acabo perteneciendo a ninguno de ellos. Idamanda escribe en unos de sus tratados de psicología que su hermano conquistó el cielo a fuerza de hundirse en su barril. Pero Espartaco se equivoca en lo que se refiere al libro de Arrate, pues Asaelo es un personaje contemporáneo.

Oda al caos no es más que una conversación grabada y recreada por Asaelo, que además vive aún, reside en Miami y se dedica a pintar cuadros con motivos thamacuneses. Asaelo emigró de Cuba Inglesa en 2006, convencido de que el hedonismo práctico de uso corriente en la comunidad no estaba hecho para gente como él.



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Sobre este blog

El Reducto que los ingleses se negaron a canjear por la Florida

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Autor: Armando Añel

Armando Añel

Escritor, periodista y editor. Reside en Miami, Florida.
letrademolde@gmail.com

 

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