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Nueva York y otros avisos

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Apoyada por Alina Brouwer, Jorge Salcedo y otros artistas e intelectuales cubanos, la labor organizativa del escritor Alexis Romay de cara a la manifestación de este domingo en Nueva York ha sido un éxito. Será en Manhattan, entre la una y las tres de la tarde, frente a la misión castrista ante Naciones Unidas (315 Lexington Avenue, esquina a la calle 38) y debemos divulgar la convocatoria por cuantos medios estén a nuestro alcance.

Reproduzco un fragmento de la “Declaración de Nueva York”, que pueden leer completa en el blog de Romay:

“Nuestra protesta en Nueva York es la continuación y el preámbulo de otras, parte modesta de un movimiento que toca a los jóvenes y también a los veteranos de la lucha anticastrista, que crea y recrea sus vínculos en la diáspora y en la isla, en la realidad virtual y en las calles de Europa, de América, de Cuba, y que no va a detenerse hasta tocar la libertad.

“Éste es un llamado al castrismo a respetar los derechos de todos los cubanos, como individuos y como pueblo. Pero es también una señal inequívoca de que no vamos a resignarnos a vivir sin ellos. Vamos a conquistar los derechos, independientemente de la voluntad del castrismo”.

Expo colectiva

Exposición colectiva en Miami este sábado 28 de febrero, a las siete de la noche. Será en el Lignum Custom Millkwork (7006 SW 4th. Street). Van a estar allí artistas cubanos del calibre de Nora Cerviño, Delio Regueral y muchos otros. Pinchar en la imagen para más detalles.

No se lo pierdan.

Cuba Inglesa, segunda época

Finalmente, abrimos este viernes una nueva etapa en Cuba Inglesa. El blog, o mejor dicho, una extensión del mismo, se traslada a Google. Como decimos en la presentación que encabeza esta segunda época, tras permanecer cerca de nueve meses en el portal de Encuentro en la Red, al que agradecemos la hospitalidad y las facilidades obtenidas, creemos que es hora de dar un paso más allá, con una segunda elaboración que aspira a democratizar en profundidad, y en todas direcciones, el debate en torno a nuestra realidad, nuestra cultura y sus derivados.

Así, esta segunda etapa de Cuba Inglesa se propone ofrecer un periodismo más dinámico, interactivo y, por qué no, popular, contando con el protagonismo de nuestros lectores-colaboradores, cuyas reflexiones y sugerencias ocuparán un lugar central en la nueva propuesta. Se trata de recrear un campo de entrenamiento en el que nuestra manía de tirarnos los trastos a la cabeza prefigure, eventualmente, el ejercicio de la tolerancia y el respeto a la diferencia.

Mientras, este sitio en Cubaencuentro (CE) permanecerá como una especie de blog madre o matriz en el que, con una frecuencia inferior a la acostumbrada hasta ahora, estaremos colgando análisis más voluminosos, seguramente más consecuentes con la naturaleza y el formato del portal. Agradecemos, una vez más, la gentileza de la dirección, del equipo de redacción y de los técnicos que brindan soporte a CE, y por consiguiente a los blogs alojados en él. Gracias por la paciencia y el profesionalismo.

Hemos suprimido la posibilidad de comentarios a este post específico con el objetivo de que los lectores puedan depositar los mismos directamente en la “segunda Cuba Inglesa”, familiarizándose con la estructura interactiva de Google. En este apartado de los comentarios, seguimos sosteniendo que la más absoluta libertad e inmediatez son imprescindibles, sobre todo si lo que se quiere es recrear un espacio participativo, plural y apegado a la realidad de lo que somos.

Aquí ustedes y nosotros hemos alternado los papeles. En esta segunda elaboración serán ustedes los protagonistas.

Eso va a hacer la diferencia.



El problema es de los cubanos

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En un excelente artículo publicado este miércoles en El Nuevo Herald de Miami, la periodista Ivette Leyva hace mención a un hecho obvio, pero no por ello menos lamentable: la oposición interna al castrismo ha fracasado en lo que la autora considera su principal misión: convertirse en un movimiento popular.

Digo que se trata de un artículo excelente porque echa una mirada incisiva sobre el fenómeno que aborda, y lo hace desde una escritura resuelta, minuciosa. Sin embargo, cabe hacer algunas precisiones que van más allá del contexto del artículo y su autora, precisiones generales que apuntan a todos y casi cada uno de nosotros.

Apunta Leyva que “no faltarán quienes digan, con mentalidad totalitaria, que una crítica a la disidencia es un servicio al régimen castrista, pero creo que hacer la vista gorda ante la crisis de la oposición cubana es un servicio aún mayor”. Y es aquí donde uno se detiene para preguntarse: ¿Y no será que el verdadero servicio al régimen castrista consiste en que aquí afuera continuamos haciéndonos de la vista gorda ante nuestra crisis como cultura y como nación, crisis de la que somos un ejemplo inocultable?

El problema es de la oposición interna, que no ha logrado convertirse en un movimiento popular. El problema es del exilio, que en medio siglo no ha logrado estructurar una oposición efectiva en democracia. El problema es del castrismo, que en cincuenta años ha conseguido dividir como nunca antes a los cubanos. Luego entonces tenemos un problema que resolver como cultura, como tribu, como nación. O como posnación.

Lo que quiero decir, en primer lugar, es que la crítica debe empezar por apuntar a nuestras cabezas. Si en un contexto abierto y plural, en el marco de estructuras democráticas consolidadas, el exilio cubano no ha conseguido cimentar una oposición eficaz y unas instituciones culturales y socio-políticas adecuadas para lidiar con el problema nacional y eventualmente liberar a Cuba, ¿cómo vamos a pedirle a la disidencia interna, bajo la bota implacable del castrismo, que saque la cara por nosotros?

Vergüenza debería darnos. Como decía en un post anterior, a estas alturas lo único plausible que nos cabe hacer como exilio es identificar y combatir los problemas de la nación a escala cultural, de manera que lleguemos a estar conscientes de ellos masivamente. La raíz de nuestra incapacidad organizativa debe buscarse en la incapacidad de los cubanos para reconocer y combatir los déficits de su cultura, y de ello somos un buen ejemplo nosotros los periodistas, los escritores, los “intelectuales” en el destierro. Tenemos que dar el ejemplo en democracia y en vez de hacerlo lo buscamos en Cuba, bajo el totalitarismo.

El problema no es de la disidencia interna. El problema es de los cubanos.



Los bueyes por delante: Diez respuestas para Sito

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Uno de nuestros colaboradores más fecundos, Joseluis Sito, hacía hace poco aquí una serie de preguntas a propósito del debate suscitado por uno de sus textos, Superman superrevolucionario. Su posición ha sido “combatida” en este blog por una serie de críticos de lo peor de la cultura nacional -entre los que me incluyo-, quienes por lo general sostienen que antes de enfocarse en denunciar el castrismo es preciso denunciar sus causas, sus raíces o, para decirlo en palabras de uno de los comentaristas, es preciso poner los bueyes delante de la carreta. Porque mientras no se arranque de raíz el árbol de la tragicomedia cubana de nada valdrá cortarle esta rama o aquella otra. El tronco seguirá generando problemas, esto es, seguirá ramificando el desbarajuste nacional.

Las preguntas de Sito son diez, y como nadie se animó a contestarlas me atreví a hacerlo yo mismo en forma de post. Aquí va la decena con sus correspondientes respuestas:

1- ¿Cómo luchar (como coger lucha) contra la “batalla de ideas” socialo-castrista?

Estructurando proyectos comunes que contrarresten la influencia del Estado castrista. Pero eso no ha sucedido en medio siglo. El exilio cubano ha sido sumamente exitoso a la hora de desarrollarse política y económicamente en sus países de acogida, pero no ha sabido estructurar instituciones y proyectos aglutinadores que canalicen con eficacia la lucha por la libertad de Cuba. Y como esa lucha sigue presente en el discurso y la retórica exiliada –de otra cosa estaríamos hablando si el exilio se hubiera desentendido efectivamente de ella-, en este último apartado no cabe hablar más que de fracaso.

2- ¿Cómo luchar contra los estereotipos, los mitos y las falsificaciones de la dictadura?

Contraponiéndoles la realidad de un exilio unido en torno a una causa común, moderno, flexible, ambicioso culturalmente hablando. Esta imagen, y no la de gente que se tira de los pelos entre sí o se saca un ojo con tal de ver a su vecino ciego, es la que hay que mostrarle al cubano residente en la Isla.

3- ¿Qué hacer para desarrollar activamente la resistencia?

Otra vez, para desarrollar efectivamente la resistencia –me interesa más la efectividad que la actividad, e infiero que Sito entiende por resistencia la oposición a la dictadura- es preciso unir a los cubanos en torno a un proyecto común. Pero proyectos ha habido muchos, con lo cual se sobreentiende que lo que escasea entre nosotros no es un plan en particular, sino capacidad para unirnos u organizarnos. Volvemos entonces al tema de la carreta y los bueyes: Desde el exilio es preciso identificar y combatir institucionalmente aquellos déficits culturales que imposibilitan, o dificultan, la organización y el funcionamiento de proyectos basados en el interés general, o encaminados a liberar a Cuba.

4- ¿Qué hacer para crear una sociedad civil en Cuba?

Insisto en que desde el exilio, que supongo es a lo que se refiere Sito, hay que empezar por dar el ejemplo. Como decía en un artículo anterior, “si Miami no invierte inteligentemente en el pensamiento cubano y sus profesionales en el exilio, ¿cómo esperar que la cultura cubana, sus profesionales y consumidores en Cuba vean un referente en Miami, ese espejo en el que le toca mirarse a la Isla?”. Y esto aplica, en general, para toda clase de proyectos, no sólo culturales. Debemos dejar de concentrarnos en envidiar al prójimo y guerrear entre nosotros para enfilar nuestras energías en la dirección de concebir, y sobre todo echar a andar, instituciones y alternativas de peso, con futuro. ¿Utópico? Puede ser, pero es lo que hace falta.

5- ¿Qué hacer para movilizar el pueblo cubano?

Volvemos a lo mismo. Primero que nada, recrear frente a sus ojos un referente que lo anime a movilizarse. ¿Quién quiere saltar hacia adelante para caer en el vacío?

6- ¿Quiénes nos pueden ayudar en estas tareas?

Las elites intelectuales, políticas y empresariales. Los intelectuales son los llamados a identificar el problema y crear una matriz de opinión, pero salvo casos excepcionales y/o puntuales –Carlos Alberto Montaner, Luis Aguilar León, Jorge A. Sanguinetty y algunos otros (la lista no es numerosa)- esto no ha sucedido. Luego, las elites empresariales y políticas están llamadas a implementar mecanismos de regeneración e instituciones educativas y de valores que “criminalicen” –la palabra es un poco fuerte, pero en esto, parafraseando a Sito, hay que coger lucha y de la buena- nuestros peores defectos culturales: la envidia, el vedetismo, el sectarismo, la rigidez conceptual, la intolerancia hacia la diferencia… Habría que ir creando planes de estudio y proyectos educativos que apunten a la cabeza de esos defectos culturales, para arrancarlos de cuajo.

7- ¿Cómo unir- reunir a los cubanos alrededor de un proyecto o plataforma común?

Creo que a estas alturas lo único plausible, como he dicho arriba, es identificar y combatir los problemas de la nación a escala cultural, de manera que lleguemos a estar conscientes de ellos masivamente. En el exilio debemos ser capaces de llegar a la raíz del asunto y dar la alerta. Afirmaba acertadamente en este blog el profesor Jorge A. Sanguinetty que “los cubanos no se caracterizan por mantener diálogos organizados”, y la raíz de esta incapacidad organizativa debe a su vez buscarse en la incapacidad de los cubanos para reconocer y combatir los problemas, o defectos, de su cultura. Parece un trabalenguas, pero en realidad es una traba nacional.

8- ¿Cómo unir todas las organizaciones de Resistencia y formar un grupo de líderes?

Aquí cabe la misma respuesta dada a la pregunta 3. Hay que empezar por el principio.

9- ¿Para qué coger lucha?

En el mejor de los casos, para edificar una sociedad civilizada, abierta y democrática que proyecte y recree sus valores culturales más genuinos desactivando, en el proceso, sus problemas culturales más divisionistas.

10- ¿Qué nos espera a nosotros y a las próximas generaciones si no cogemos lucha?

Probablemente, una definitiva ruptura nacional que “subdesarrollará” todavía más la Isla, si es que esto es posible. Por el camino que vamos, negados a enfrentar la realidad de que es preciso poner los bueyes delante de la carreta, ese futuro está a la vuelta de la esquina.



Fortún: La utilidad de una Tabla

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La Editorial Hispano Cubana ha tenido el acierto de publicar La Tabla, la novela de Armando de Armas que fuera recientemente presentada en Madrid, y cuyo lanzamiento podremos disfrutar ahora en Miami. En presencia del autor, el libro será presentado este martes 17 de febrero, a las ocho de la noche, por los escritores Armando Álvarez Bravo y Luis de la Paz en el Centro Cultural Español de Miami (800 Douglas Rd. Suite 170. Coral Gables).

Recomiendo adquirir el libro a los lectores exigentes. Creo que estamos en presencia de una de las novelas más importantes de la llamada “revolución cubana” si, como afirma Fortún en esta excelente reseña, se entiende el concepto en contraposición y a Amadís, el protagonista, como un “animal contrarrevolucionario”. Actitud esta última que, de cara al sistema imperante en Cuba, resulta hoy día la única verdaderamente revolucionaria.

La utilidad de una Tabla

una reseña de Denis Fortún

A mediados del año ochenta y nueve -del siglo pasado- Armando de Armas me confesó en Cienfuegos que estaba escribiendo una novela. Luego de saberlo, no dejaba de sorprenderme su cambio y creía yo se iba poniendo muy “raro” mi socio de las andadas. Lo que pasaba a su alrededor, sin preocuparle el sitio o la hora, se empeñaba en escribirlo ya fuera en una servilleta, un cartucho, una hoja o hasta un pedazo de cartón.

Simplemente, me aseguró semanas atrás entre vinos y buena mesa en casa de Idabel y Añel -en lo que celebrábamos su publicación en España-, tomaba notas porque no quería olvidarse de lo que sucedía en su entorno más inmediato. Dos años más tarde –y de ese mismo siglo-, para ser más exacto en el “Café Cantante” que está en Prado y San Fernando, le escuché decir a otro amigo que se leyó en su totalidad una de las primeras versiones del manuscrito de La Tabla, que ésta podía definirse como la novela de la revolución cubana. Claro que entendí las buenas intenciones o el “trecho local” que este “ecobio ilustrado” pretendía darle de manera apasionada al enorme mamotreto que escribió De Armas en medio de una clandestinidad surrealista, con las herramientas más increíbles y a bolígrafo puro. Sin embargo, aunque no estuve conforme con la denominación al intuir en aquel entonces que tal “alias” podía prestarse a confusiones, un exceso de “sentido común” -algo no muy común en mí- me hizo que no refutara abiertamente la opinión de este amigo por el hecho, adicional, de yo no haber empezado a leerla siquiera e, igualmente, por la cantidad de cervezas que nos habíamos bebido.

Pero casi veinte años después (con permiso de Dumas y Gardel), al leer su versión impresa del otro lado de la orilla, pienso en los personajes que la componen, reales su gran mayoría, dispersos ahora por el mundo una buena parte; en los escenarios en que se desenvuelve y asumo, o subrayo en todo caso, que se trata de una crónica que nos muestra la realidad más representativa de aquellos que son considerados marginales dentro de esa revolución por el único acto de no simpatizar y comprometerse con esa “cantera forjadora de hombres novísimos” a los que les anularon su personalidad y convirtieron en un ente monolítico de apariencia independiente, pero colectivista y repetitivo en la práctica.

De La Tabla se puede hablar mucho desde la perspectiva de su redacción y, como otros que la han reseñado antes, no quiero dejar de mencionar que no conozco de antecedentes en la Isla. Considero se desmarca del contexto literario cubano al componerse de dos enormes párrafos de cuatrocientas y tantas páginas que se dividen asimismo en dos aparentes capítulos -que no lo son- en los que el punto y coma, la coma, la retrospectiva y el juego irreverente, ponen al lector en la encrucijada de practicar el ejercicio de la memoria por la obligación de no dispersarse en lo que aparenta ser una constante conversación del personaje, o la opción de renunciar al libro si se carece de interés o paciencia. La primera opción nos obliga a una tolerancia que se agradece al finalizar la novela, por encontrarnos con una especie de “collage” al transitar desde el ensayo hasta la ficción más desgarradora y enconada; lo que presupone un viaje que se asume como un acto que habremos de recorrer, pues “allí” todo es posible.

Ahora, al leerla, reconozco que, mientras me sentía ir loma abajo y sin frenos en una destartalada bicicleta y a una velocidad poco aconsejable, o peligrosa, no podía sustraerme a redescubrir cada “espacio de la ciudad y sus gentes”, en los que se desarrolla una buena parte de la historia de Amadís. La historia de un tipo cualquiera cuya vida transcurre en otra suerte de “velocidad” muy dada al vértigo, que resulta al final un mentís morbosamente lento, cruel, al representar la carencia de un destino. Lo cual se traduce en una falta total de alternativas porque las oficiales, las únicas, carecen de su completo interés.

Armando se nutre de lo vivido en el “noche a noche” de un Cienfuegos provinciano con sus “mayores revolucionarios” sentados en los portales, o aceras de las puertas de sus casas, para refrescarse con la brisa de la bahía y disfrutar también de la poca luz de las farolas de la calle, en lo que se mecen en sus sillones y saludan a cualquiera que les pase por delante con refinada (o afrancesada) cortesía. Pero no se queda ahí, en esa superficie de aparente tranquilidad o sumisión. Debajo del fardo de esas calles rectas y en perfecta simetría habitan “los hijos” repletos de frustraciones, vicios que se suponen erradicados, y una sola esperanza: la de escapar. Así nos “inventa” una novela que recoge su adolescencia, su niñez, su juventud, la primera adultez y, sin orden, escribe lo ya “escrito” por esos que habitan junto a él en un pequeño emporio decimonónico bien retorcido, inmersos todos en una realidad “kafkorrevo” -un adjetivo que me he inventado y con el que pretendo describir a Cuba en general- en la que Amadís se mueve preparando siempre el anunciado escape al amparo de un círculo estrecho y de confianza, pues los “chivas” acechan. Ello deriva en un comportamiento obseso, lo cual “marca” al personaje como un marginal; o mejor para “ellos”, en figura más utilitaria y legislativa, como un animal contrarrevolucionario.

Hablo de una novela que para nada canta al patriotismo exacerbado o pretende ser una denuncia, cuando en efecto lo es por lo que nos narra. Una novela que enseña muy desde la catarsis, por las propias vivencias del autor, las de un joven que decide apartarse de esa forja que no comparte sus “criterios” porque sus aspiraciones están lejos de la epopeya, son simples y personales, y esa patria vampira a la que ha de entregársele la vida si es preciso, sin recibir nada a cambio, que se resume en la figura de su líder, es un ente deformado, intangible, nada afín a su cosmogonía personal. Por lo que el camino que le queda es esa marginalidad en tránsito a la que hacía referencia y se relata en la novela con definida imagen.

Un viaje que empieza en La Habana con destino a Cienfuegos, en el que Amadís va al lado de una puta con marcado gusto por “hacerlo en un tren”, y que finge concluir en el cabaret Guanaroca del Hotel Jagua -digo finge porque esa innegable escapada espera-, se me antoja una foto mural que recoge los vicios, los supuestos alientos, de una juventud para nada revolucionaria, que ha aprendido desde muy temprano que la dualidad es un modo de supervivencia. Una juventud que después de finalizado “el show” se mueve muy distante -con cierta “libertad” pudiera decirse irónicamente- de ese espectro de simulaciones que, de mostrarse sin hipocresía, tal y como sucede en ese espacio cerrado, sería estigmatizada cual lacra por sus actitudes muy contrarias al proyecto. Todos en medio de la oscuridad y recreando luces estroboscópicas como única opción de burla a quien los margina y pretende le obedezcan y les prohíbe vayan a sitios sólo para el disfrute de extranjeros, “capitalistas repudiables” que vacían sus carteras, lo que al final es lo que importa.

Un lugar repleto de lentejuelas y ron es el pretexto entonces para “robarse” una novela que imagino Armando descubrió en sus paredes, en sus cortinas, en el sudor abundante de sus habituales –no se encienden los aires acondicionados si no hay turistas-, en la libido de hombres deseando a mujeres que a su vez desean a otras mujeres, y todos deseando no estar. En los porteros que hay que sobornar –o agredir- para que te dejen disfrutar un buen rato. En la piel de las bailarinas cómplices de una rutina repleta de malolientes y zurcidos trajes, gastada coreografía por el cansancio de noche a noche marcar los mismos pasos, con poco salario, mirando siempre con “coqueta postura” a las mesas donde esté sentado un “yuma”, pues el “pepe” representa una esperanza. En los atriles de una orquesta en ocasiones desafinada acompañando a cantantes que te piden a través de señas o chistes les guardes un vaso de ron para bebérselo al finalizar el “espectáculo”, entre las piernas de “jineteras informantes”. O en los uniformes negro y blanco, y con lacito, de camareros dispuestos siempre a robarte en lo que te señalan con el dedo a unos oficiales del MININT a los que para nada les preocupa se sepa su identidad: su desfachatez es, según ellos, un gancho para la “conquista” en cada una de las dimensiones de una sociedad como esa.

Una novela que me atrevo a apostar -a pesar de no ser yo muy atinado en pronósticos- se ha ganado un espacio dentro la literatura cubana contemporánea por lo que representa, y que bien puede marcar la diferencia al darnos una probabilidad distinta. Su estructura literaria, reitero, la hace completamente novedosa en medio de un paisaje desgraciadamente preventivo, avisado en muchas ocasiones. En medio de una literatura cubana que está divida a todas luces por lo que cuenta: la de “allá”, muy tibia cuando otros la resumen como atrevida y excepcional, que apenas si llega al borde de lo contestatario (ciertamente una letra edulcorada, mayoritariamente apologética, y mutilada en su generalidad al caer en manos de las editoriales oficiales); y la de acá: cruel, desgarradora, por desgracia veraz y muy poco publicitada, pues para muchos no es “políticamente correcta”.

Una Tabla utilitaria por la historia misma que cuenta, que en cada cubano que sale de la Isla es personal y a la vez común. Una realidad que lacera, desarraiga y merece ser denunciada incluso con las herramientas de la ficción, que inevitablemente se alimenta de la existencia.

En la foto que ilustra este post aparecen Armando de Armas y Denis Fortún en la época de la escritura de La Tabla.



Sito: Superman superrevolucionario

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un artículo de Joseluis Sito

Entrar a Cuba con un barco a escondidas, subir a las montañas y reclutar a campesinos analfabetos para obligarlos a volverse soldados a las órdenes de comandantes y empezar a pegar tiros a diestra y siniestra, a esto se le llama revolución.

Una Revolución es todo lo contrario de esta guerra civil cubana. Tampoco es una revolución aquello que consiste en cambiar el poder de manos con un golpe de Estado y decretar el país por la fuerza socialista-marxista-leninista.

La revolución cubana es una invención castrista, un mito forjado para esconder la verdadera naturaleza del régimen y sus orígenes. La Historia y los historiadores se encargarán de hacer su trabajo científico y serio cuando llegue la hora. Y está llegando.

La revolución francesa, inglesa, americana y la rusa sí pueden ser consideradas auténticas revoluciones ya que se trató en estos casos de movimientos del pueblo, movilizaciones del pueblo clamando contra un estado y un orden de cosas. La supuesta revolución cubana fue un hecho de militares contra militares, de un grupo de arribistas y ambiciosos deseosos de acaparar todo el poder como en cualquier vulgar dictadura. La dictadura de un Trujillo y de un Castro sólo difiere del color según se vea. Son idénticas estrictamente en su fondo negro.

Pero, claro, decirle a un cubano, aun si es anticastrista, que la revolución es un mito falso y que nunca existió, esto conmueve su orgullo nacional, sus intestinos nacionales hasta lo más profundo. Esta supuesta revolución cubana sirve también para alimentar en toda Latinoamérica mitos comparables a los mitos ancestrales de las antiguas civilizaciones indígenas. El mito del buen salvaje convive hoy en día con el mito de la buena revolución cubana salvadora y redentora. Los Lula, Bachelet, Kirchner y demás políticos izquierdistas sin escrúpulos, necesitan este mito cubano para hacer tragar al público la pobreza de sus ideas políticas y el arcaísmo de sus concepciones.

Hay un artículo de Norman Mailer escrito para la revista Esquire, en 1960, y que se titula “Superman llega al supermercado” (Superman comes to supermarket). En el mismo sentido habría que decir: los superrevolucionarios llegan al supermercado de la superrevolución. Lo cómico del asunto es esta invención superrevolucionaria con su Superman barbudo superrevolucionario. Recomiendo a nuestros amigos del Guamá que nos hagan la imagen de este personaje comic. De este cero a la izquierda.

Hay que ver al Superman barbudo superrevolucionario hablando de las ollas arroceras chinas durante horas. Y de este cero a la izquierda todavía los hay pensando que si se mantuvo en el poder fue por sus dotes excepcionales. Sólo basta recordar estas palabras que el superrevolucionario barbudo pronunció en un discurso del 6 de enero de 1959: “hay una cosa que sé que voy a hacer bien y es la reorganización de todos los institutos armados de la República. Estoy seguro de que no fracasaré en eso, porque ya tengo experiencia sobre eso, porque he adquirido la psicología de los hombres que tienen las armas en la mano, y qué técnica y qué procedimientos hay que seguir con ellos.”

Esto fue lo que le mantuvo en el poder durante 50 años, como a otros dictadores: la fuerza, el terror, la intimidación, las amenazas, los crímenes, los encarcelamientos.

Este cero a la izquierda no supo ni darle de comer a la población, todavía hoy en día con una libreta de racionamiento y viviendo bajo los sistemas de control, vigilancia y terror más eficaces del mundo, con su Villa Marista, su policía "revolucionaria" y sus FAR. En esto no fracasó el Superman barbudo superrevolucionario de la superrevolución cubana.



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Autor: Armando Añel

Armando Añel

Escritor, periodista y editor. Reside en Miami, Florida.
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