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De Armas: Guevara, misionero de la violencia

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un artículo de Armando de Armas

Ernesto Guevara de la Serna, alias el Che, es uno de los asesinos más feroces que jamás haya parido el Hemisferio Occidental. Pero un asesino de izquierdas, que murió joven y era bonito. Digamos que ni pintado para convertirlo en una especie de santo comunista. Los comunistas no tenían mucho donde escoger, la verdad, dado lo poco atractivos que suelen ser los personajes que han hecho historia bajo la bandería de los rojos. Ni el calvo Lenin, ni el bigotudo Stalin, ni el flácido y verborréico Fidel Castro, muchísimo menos ahora que es un vivo-muerto o un muerto-vivo herido, mortalmente eso sí, de una poco heroica obstrucción intestinal. Ninguno de ellos calificaba para mito.

Pero el Che era otra cosa, al punto que sobrecumplió. Ya no es sólo una marca registrada del izquierdismo mundial, esa enfermedad que, como la tuberculosis en el romanticismo decimonónico, tiene un determinado encanto. Es también una marca registrada del capitalismo mundial, que sirve lo mismo para vender cervezas que camisetas, llaveros que preservativos.

El éxito del Che Guevara ha sido tal que algunos religiosos lo comparan ya, en el colmo de lo herético, con nuestro Señor Jesús Cristo, en tanto espiritistas aseguran tenerlo obrando en sus bóvedas y paleros faenando en sus gangas.

El Che era una nulidad total, y lo era inclusive en aquellos oficios por los cuales más se le conoce: médico, economista y guerrillero. Como médico, el fracaso es tal que algunos estudiosos aseguran que ni siquiera llegó a graduarse de esa carrera, que de estudiante no pasaría. Como economista su mérito, probablemente único en la historia, consiste en haber firmado, al frente del Banco Nacional de

Cuba, los billetes emitidos con su insípido apodo del Che. Como guerrillero llevó a cabo, en la Isla, una invasión de oriente a occidente que en puridad no era una invasión, sino una huída, una incursión donde los combates no se ganaban, sino que se compraban a billetazo limpio a los corruptos oficiales del ejército. Fue derrotado en el Congo, de donde salió huyendo para terminar después, tras breve paso por una Habana en que ya no tendría cabida, en la inhóspita Bolivia. Allí fue capturado y luego muerto, resultado de una estrategia que, al decir del general boliviano Gay Prado, que dirigió las operaciones de su captura, no se le hubiera ocurrido ni a un pobre cabo jefe de escuadra.

El libro Guevara: Misionero de la violencia, de los autores Pedro Corzo, Luis Guardia y Francisco Lorenzo, es un magnifico documento que, basado en el documental Guevara: Anatomía de un mito, acomete la agreste labor de desmitificar al personaje mítico por excelencia, uno configurado de irrealidades, fabulaciones y mentiras. Una, como decía anteriormente, nulidad total. El texto recoge una serie de entrevistas filmadas en el mencionado documental, algunas ampliadas más otras que nunca fueron incluidas en el mismo, de cuyo hilvanamiento va emergiendo la desalada personalidad del guerrillero más famoso del mundo, sobre todo su sello de identidad: la violencia.

Una violencia que muchos han tratado de explicarse, justificar diría, apelando a sofismas que van de la visión consecuente de la necesidad de la lucha de clases asumida por el personaje, al asma padecida por el personaje. Pamplinas. De entre las entrevistas hechas en este libro a

estudiosos y analistas del Che Guevara, víctimas de sus tropelías, o hijos de las víctimas, ex compañeros de armas de la guerrilla, hombres que le combatieron y otros que simplemente se cruzaron en su camino, por azar o destino, emerge la figura de un hombre violento y despiadado, sediento de sangre, como el mismo Guevara se describe en algún momento de su vida. Un hombre que recurre a la violencia no para servir con eficacia a una causa determinada, sino que recurre a una causa determinada para servir con eficacia a su violencia. En eso hay que reconocer que el hombre era perspicaz: se dio cuenta de que si usted quiere ser un asesino en serie y en serio, y por otra parte pasar a la historia como un defensor de los pobres, debe meterse a comunista. Claro, hay que insistir en que Guevara sobrepasó, sobrecumplió con creces, las expectativas.

El Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo, que dirige Pedro Corzo, es la entidad que publica este libro y que, por otra parte, ha venido realizando a través del tiempo la meritoria labor de documentar y desmitificar el devenir cubano de los últimos cincuenta años. Labor que sin dudas servirá a los historiadores profesionales del futuro para armar el muñeco de la verdadera historia, o al menos el más cercano a la verdadera historia, de lo que ha sido este tiempo de dominio totalitario, y de lucha contra ese dominio, en la isla de Cuba.

El libro que nos ocupa constituirá un aporte fundamental, dado su incuestionable valor testimonial, a la desmitificación del Che Guevara. A pesar de ello, es bueno advertir, no pequemos de optimismo, que ese mito prevalecerá aún por largo tiempo. Los mitos, ya sabemos, son muy difíciles de desmantelar. No hay ningún misterio en ello. El material de los mitos es inmune a las evidencias, reacio a las pruebas. Frente a ello se deben hacer al menos tres cosas: documentar, documentar y documentar, con la esperanza de que tanto vaya el documento a la fuente que un día, sin remedio, se rompa el mito. Un día quizá lejano en el tiempo aún. Para cuando ese día llegue, hay que decir que Pedro Corzo, Luis Guardia y Francisco Lorenzo hicieron justo lo que tenían que hacer.

Guevara: Misionero de la violencia hace gala de un adecuado manejo de las citas y referencias, de manera que no encontrará el lector afirmaciones gratuitas. Por otro lado, este es un libro sosegado, nada estridente, sin adjetivaciones innecesarias. No obstante, debemos que decir que de este texto se sacan al menos dos conclusiones no precisamente sosegadas, y que pudieran parecer estridentes. O, seamos precisos, al menos yo saco dos conclusiones que no son precisamente sosegadas y que pudieran parecer estridentes: Una es que el gobierno de Bolivia hizo lo correcto al eliminar al Che Guevara: lo convirtió en un mito, pero los mitos no matan: entretienen y punto. La otra es que sentó un precedente, ofreció un método simple y seguro para proceder con estos asesinos en serie con ínfulas de ingenieros sociales, llámense Guevara, Bin Laden, Castro o Chávez: pasaporte al otro mundo para que éste sea un mundo mejor, o al menos más tranquilo.

El libro Guevara: Misionero de la violencia se presentará este jueves 9 de octubre, a las siete de la noche, en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos, en la Casa Bacardí de la Universidad de Miami (1531 Brescia Ave, Coral Gables, Florida).

Las camisetas que ilustran este artículo pueden ser adquiridas llamando a los teléfonos (305) 606-9227 y (305) 490-5602, o escribiendo a tshirtalex@yahoo.com



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Autor: Armando Añel

Armando Añel

Escritor, periodista y editor. Reside en Miami, Florida.
letrademolde@gmail.com

 

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