Actualizado: 21/08/2019 5:32
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Sociedad

Cambio de sexo: ¿La otra revolución?

La Habana se prepara para erradicar la homofobia… por decreto.

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La noticia sorprendió, por qué negarlo: la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento) estudiará la legalización del cambio de sexo de personas diagnosticadas como transexuales. Así lo dijo en días recientes Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), al corresponsal en La Habana del diario mexicano La Jornada.

Según sus palabras, la iniciativa permitiría que se legalicen las operaciones, así como el cambio de identidad de esas personas. La propuesta fue presentada ante dos comisiones parlamentarias: la de Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente; y la de Atención a la Juventud, la Niñez y la Igualdad de Derechos de la Mujer, y recibió respaldo unánime. Actualmente, el proyecto está en fase de consulta, antes de su presentación como propuesta de ley, y su discusión plenaria.

La noticia fue publicada por La Jornada, el 9 de enero de 2006. Según la fuente, la iniciativa se presentó en diciembre último. Sin embargo, tanto el Parlamento como los medios de comunicación oficiales mantienen un silencio sepulcral, dando al asunto importancia de secreto de Estado. Y es lógico: hay que pensar, trazar directrices.

De someterse la propuesta al pleno asambleario, sería la primera vez que en Cuba se discuta públicamente sobre los derechos de los transexuales, lo cual, por una relación irremediable, metería en agenda la defensa de los derechos de los homosexuales.

Después de eliminar la discriminación racial, de las mujeres y de los discapacitados, "¿Cómo no lo vamos a hacer también con las expresiones sexuales diversas? Esta revolución no se puede dar el lujo de esa incongruencia", dijo Castro Espín.

¿Quién es Mariela Castro Espín?

La directora del Centro Nacional de Educación Sexual nació en el seno de una familia acomodada, de jerarcas políticos y militares. Como sus apellidos indican —salvo demostrarse lo contrario—, es hija del matrimonio que formaron el general de Ejército Raúl Castro Ruz, ministro de las Fuerzas Armadas y segundo secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, y Vilma Espín Guillois, presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas y miembro del Consejo de Estado. Siguiendo la línea familiar: es sobrina del presidente vitalicio, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Esto no es una acusación, sino un hecho.

La biografía pública de Castro Espín dice que fue educadora de círculos infantiles, que se licenció en educación en la especialidad de psicología y pedagogía, e hizo un máster en sexualidad. Desde hace cinco años ocupa el puesto de especialista principal del CENESEX.

Por su formación académica y vínculo familiar con el poder, ella es, sin dudas, la persona más autorizada y con mayor competencia para hablar de sexualidad en Cuba, la más avisada sobre lo que sucede en el mundo en tal sentido. Viajes no le faltan. Parece gozar de cierta impunidad, por sus frecuentes apariciones en la prensa extranjera, haciendo crítica de la homofobia y en defensa de los derechos de los homosexuales y transexuales.

Menciono lo de impunidad no porque el asunto en sí sea reprochable —al menos para mí—, sino porque ha sido la única persona que, desde el mismo poder, ha salido al espacio público cubano a defender esos derechos, según recogen agencias de noticias de medio mundo, nunca las nacionales. Hasta ahora, si algo no se ha permitido, es caer en la grave falta de un revisionismo histórico. En la foto de familia hacia el extranjero, su cara es la única amable.


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