Actualizado: 03/06/2020 20:08
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Sociedad

Cambio de sexo: ¿La otra revolución?

La Habana se prepara para erradicar la homofobia… por decreto.

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El posible voto unánime

Algo que distingue a las votaciones efectuadas en el seno de la Asamblea Nacional del Poder Popular es que, casi siempre, o siempre, los resultados de las mismas son unánimes. Es frecuente ver las manos alzadas de todos sus miembros aceptando una propuesta de ley sometida a votación, dentro de una coreografía gestual que no deja espacio al no, ni a la abstención.

Cuando en los años noventa se pidió a los diputados pronunciarse sobre el aumento de las condenas a personas que infringieran tales y más cuales leyes, en varios delitos tipificados como graves y que incluían la pena de muerte, sólo una mano se alzó de las del rebaño para decir que no, que no podía aceptar aquello. Fue la del reverendo Raúl Suárez, director del Centro Memorial Martin Luther King, quien explicó que, desde su posición de religioso, no podía apoyar ni aplaudir la imposición de la pena capital.

Si algo da placer a los funcionarios del poder en Cuba son las estadísticas y la unanimidad. Así de simple. O de complejo: lo que se plantea ahora difícil para los que presiden la Asamblea y sus respectivas comisiones, es redactar un texto legal para legalizar el cambio de sexo, y hacer ver a sus diputados que deben aprobarlo, que los homosexuales no son perversos, ni enfermos, y que dando el paso adelante, Cuba se convertiría en el "primer país del mundo, incluidos los países desarrollados, en legislar en favor de los transexuales". Esto último lo dicen las agencias extranjeras.

Por si algún diputado no lo entiende, habrá que precisar que existe un informe de un tal Alfred Kinsey, realizado entre 1937 y 1948 —el más extenso estudio realizado sobre la sexualidad masculina—, y que dicho informe arrojó la cifra de que entre el 10 por ciento y el 13 por ciento de todos los hombres que viven en una sociedad son homosexuales.

Habrá que repetirle al ilustre diputado que en 1979 un grupo de metodología estadística, dirigido por un tal Paul Gebhard, refrendó esos datos con resultados parecidos, y que es necesario legislar también para las minorías que, según los datos porcentuales del estudio, incluyen a muchos.

Y habrá que decirle que también entre los diputados de la Asamblea hay homosexuales, aunque él no lo sepa ni ningún diputado lo diga. Y explicarle al dedillo qué cosa es eso de los transexuales, y que de lo que se trata aquí no es de aprobar las uniones ni el matrimonio entre personas del mismo sexo, como han hecho otros países, sino de aprobar el cambio de sexo, y sobre todo de convertirse en el primer país del mundo que logra tal objetivo. Y punto.

¿Lo que se avecina?

Después de silencios oficiales de toda índole, incluidos principalmente los que ejercen los medios de comunicación en Cuba sobre la homosexualidad —hablo de la televisión, la radio, las agencias y los periódicos nacionales controlados por el Comité Central y sus dependencias derivadas—, la sociedad cubana mirará incrédula cuanto acontezca. Al fin y al cabo, es una sociedad homófoba por naturaleza y por partida doble —recuérdese que en el país existe otro mal endémico, y es, o ha sido (ya no sé) la homofobia revolucionaria—.