Actualizado: 11/11/2019 11:18
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Cinco, Película, Espías

Efemérides de la Contrarrevolución Cubana

Los “Cinco”, encumbrados como Héroes de la República de Cuba, cometieron crasos errores en el ejercicio de la profesión y atrajeron así la atención de la contrainteligencia estadounidense

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El 12 de septiembre de 1998, antes de entrar a la cárcel federal del downtown de Miami, el jefe de una red que espiaba en USA para Fidel Castro preguntó al agente del FBI Oscar Montoto: “¿Cuál de nosotros la cagó?” Montoto repuso que no sabía, pero la respuesta implícita era que todos. Aunque bien disfrazado como el artista gráfico cuentapropista Manuel Viramontes, oriundo de Tejas y aplatanado en Puerto Rico, el propio capitán de la Dirección de Inteligencia (DI) Gerardo Hernández [Giro] ilustra ejemplarmente la cagazón contrarrevolucionaria de no hacer bien las cosas en nombre de la revolución.

Orden terminante incumplida

Giro tenía la orden de que, en ninguna circunstancia, admitiera ser parte de o estar vinculado de alguna manera al servicio de inteligencia u otro órgano del gobierno cubano. Sin embargo, en el trayecto a la cárcel federal confesó a Montoto: “De colega a colega, usted sabe que no puedo discutir nada”. Y eso que la orden del Centro Principal de la DI prescribía clarito que, de ser detenido, mantuviera que era Viramontes, y de comprobarse que no lo era, se transfigurara en el marielito Roberto García Fernández.

Esta leyenda básica iba desde haber comprado a un desconocido la documentación falsa por $2.500 hasta la siguiente explicación: “Como resultado de los hechos en la embajada del Perú, viniste en un barco comandado por un negro fuerte con bigote, que dirás creer ser un cubano, y que para evitar las multas aplicables a los que traían cubanos, te dejó clandestinamente junto a un grupo de siete en un punto de la costa sin documentación alguna”.

Tres corazonadas

El Centro Principal previó tres posibilidades de arresto de Giro en el área de operaciones: al contactar diplomáticos cubanos en Nueva York [1] o algún agente bajo su control en cualquier sitio, así como al ser detenido por accidente de tránsito, redada policial en lugar público u otra eventualidad. En todo caso Giro debía mantenerse como Viramontes hasta donde fuera posible antes de echar mano a la leyenda básica.

Incluso disponía de una leyenda de escape si veía acercarse la candela: adoptar la identidad del puertorriqueño Daniel Cabrera, residente en West Palm Beach, y largarse. Pero Giro se abstuvo de hacerlo a pesar de recibir aviso, el 4 de septiembre de 1998, de que habían entrado por la ventana de la habitación de un hotel en Oakland (CA) donde paraba otro oficial ilegal, Ramón Labañino [Allan], para robar su maletín con la computadora y los discos. Allan regresaría a su apartamento en 1776 Polk Street, Hollywood (FL) justo a tiempo para caer en el jamo de unas 140 millas en línea recta que el FBI tendió desde allí hasta la casa de la novia del agente Antonio Guerrero (Lorient) en Big Pine Key. Diez espías de la Red Avispa fueron atrapados.

Una sorpresa

Giro fue sacado de su cama tempranito en la mañana. Sin ser notados, agentes del FBI habían estado tres años visitando el apartamento de un solo cuarto [Número 305 en 18100 Atlantic Boulevard, North Miami Beach] que Giro tenía alquilado por $580 al mes. No había tomado medida especial contra intrusos y el FBI dio hasta con una bandeja que tenía compartimiento secreto repleto de papeles comprometedores. Así mismo copiaron miles de páginas guardadas en disquetes de computadora, grabaron llamadas telefónicas y descifraron mensajes en clave.

Giro no exigía cumplir estrictamente las reglas de compartimentación. Aparte de que algunas avispas se conocían y aun se metían tupes entre sí, sus correos electrónicos llegaban a despedir el tufo lingüístico de la agitprop castrista. Tampoco era muy cuidadoso. Al reportar el robo de su computadora durante un viaje a México en 1995, un tal Amador acotó en el Centro Principal que no sabía bien si fue robo o extravío. De vuelta en North Miami Beach, Giro jodió su beeper al tirarse a la piscina con él metido en un bolsillo del short. A principios de 1998 se hizo el hara-kiri por perdérsele una identificación falsa adicional que le habían entregado en La Habana.

El panal

Chris Simmons, teniente coronel de la Agencia de Inteligencia Militar (DIA) estadounidense y uno de los cazadores de Ana Belén Montes, espía de Castro en el Pentágono, no se explicó por qué los “Cinco” fueron encumbrados como Héroes de la República de Cuba, ya que todos cometieron crasos errores en el ejercicio de la profesión y atrajeron así la atención de la contrainteligencia americana. Simmons no está al tanto de la tradición cubiche de los héroes inservibles. Así como la revolución exalta a los 5 por pasar 15 años sin rajarse en prisión, la contrarrevolución ensalza a quienes pasaron 30 (Mario Chanes) o 20 (Hubert Matos) en vez de a Carlos Alberto Montaner por haberse escapado.

Castro declaró a CNN en Oporto (Portugal), el 19 de octubre de 1998, que sus agentes se habían infiltrado tan sólo entre grupos de exiliados para “conocer las actividades terroristas que desde allí se organizan y se financian contra Cuba”. Y remachó con que “no nos interesan en absoluto informaciones militares de Estados Unidos”. Sin embargo, la documentación ocupada a la Red Avispa se revela como contrarrevolucionaria por apartarse del criterio del Comandante en Jefe.

  • El Centro Principal ordenó así la Operación Surco: “El objetivo principal es lograr la penetración del Estado Mayor del Comando Sur, el cual comienza a funcionar en la nueva construcción radicada en Miami a partir de septiembre de 1997”. Desde mediados de 1996, los agentes Joseph Santos [Mario] y Amarylis Silveiro [Julia/Margot] venían realizando las tareas de levantamiento operativo del área (Doral, FL) donde se alzarían las edificaciones.
  • El Centro Principal ordenó así la Operación Aeropuerto: “El objetivo fundamental de la operación es radicar a Antonio Guerrero en Key West a fin de llevar a cabo la penetración y obtención de información de la estación aeronaval [Boca Chica] que hay en esa ciudad”. Lorient, ciudadano americano por nacimiento (Miami, 1958), se avecindó en Cayo Hueso luego de breve estancia (1991-92) en Panamá y consiguió entrar a trabajar en la estación aeronaval.

Para nada importa que las avispas nunca obtuvieran información militar clasificada ni pusieran en peligro la seguridad nacional de USA. Para cometer el delito espionaje, la norma legal aclara que basta incluso estar a la espera siempre que la intención sea “to the injury of the United States or to the advantage of a foreign nation” (18 U.S.C. § 794). Es cosa de manual viejo que no importa el resultado, sino el acuerdo y la intención [2]. Toda la pimpante agitprop sobre Los Cinco giró en torno al absurdo de que oficiales y agentes de inteligencia de un Estado pueden infiltrarse en otro sin que por ello tengan que arrear como espías si son detectados.

Y en vez de defender revolucionariamente a Giro contra la acusación de haber conspirado para asesinar a pilotos de Hermanos al Rescate, la defensa dedicó dos tercios del juicio a justificar el alevoso derribo a cohetazos de dos avionetas Cessna por un caza supersónico MiG-29 con el falso argumento de que, como ocurrió en aguas territoriales de Cuba, el asunto quedaba fuera de la jurisdicción de los tribunales estadounidenses.

Coda

La semana pasada concluyó la Muestra Internacional de Arte Cinematográfico de Venecia, que incluyó la película Wasp Network [Red Avispa], del cineasta francés Olivier Assayas [Foto: Detalle del primer póster], que congregó a la española Penélope Cruz, el brasileño Wagner Moura, el mexicano Gael García Bernal, el venezolano Edgar Ramírez e incluso actores cubanos. El guion se basa en un libro embelequero del brasileño Fernando Morais: Los últimos soldados de la guerra fría (Companhia das Letras, 2011 / Arte y Literatura, 2012).

Notas

[1] La Misión de Cuba en Naciones Unidas ha sido y es el núcleo duro de la DI en USA. El propio Fidel Castro lo dejó implícito ante la prensa nacional y extranjera en PABEXO, el 4 de marzo de 2000, al urdir esta defensa contra la expulsión por espionaje del vicecónsul José Imperatori: “Nuestra gente tiene órdenes terminantes de no realizar inteligencia en nuestra Sección de Intereses (…) Yo me ocupé de eso, porque cuando Carter se estableció esa oficina, y dije: ‘Se nos va a llenar esto de agentes de la CIA y es mejor tener la moral alta’, ¿comprenden?”.

[2] “Developments in the Law: Criminal Conspiracy,” Harvard Law Review, Vol. 72, No. 5, marzo de 1959, 922.


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