Actualizado: 10/07/2020 19:25
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Reportaje

El periódico de la cárcel

Autoagresiones, homicidios y desesperanza: Historias del inframundo carcelario cubano.

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"Esto es realmente inédito en la historia de Cuba", reconoce Elizardo Sánchez Santacruz.

La Habana, por su parte, niega las acusaciones de abusos y de malas condiciones. En abril de 2004, el gobierno organizó una visita de periodistas extranjeros al Combinado del Este, la primera autorizada en 18 años. Un reducido grupo de reclusos intercambió con la prensa. Uno de ellos afirmó: "esto más que una prisión es una escuela", reportó entonces la BBC. A pesar de la insistencia de la prensa extranjera, no se les permitió ver a los presos políticos.

Fuera del 'gesto selectivo' de hace dos años, La Habana no permite inspecciones de organismos internacionales. Tampoco monitoreos independientes en el sistema carcelario.

Un llamado desesperado

En el informe Hipertrofia carcelaria en Cuba, de mayo de 2004, la CCDHRN concluye que "la única manera de saber de qué lado está la verdad es que el gobierno permita el acceso a nuestro país de la Cruz Roja Internacional, de expertos de la ONU (…) para que visiten las prisiones y se entrevisten libremente a los prisioneros…".

Amnistía Internacional (AI) ha recibido informaciones sobre la situación médica de algunos presos de conciencia, aunque su obtención y procesamiento no es nada sencillo.

"AI no tiene acceso a Cuba y, por tanto, tampoco a las cárceles. Es muy difícil ver información de primera mano sobre la situación de las cárceles", dice desde Londres a Encuentro en la Red la portavoz de la organización, Josefina Salomón.

Dicha funcionaria confirma que "algunas personas se han quejado a los equipos de investigación por la falta de una atención médica debida, o de que la atención era variable por períodos".

Sin embargo, la mayoría de los casos con rostro, nombres y apellidos no trasciende las fronteras de la Isla. Uno de ellos es Alexis Crespo Santos. "Le han amputado los diez dedos de las manos y tiene quemaduras y perforaciones en el abdomen y el intestino". Así lo recoge el informe enviado desde la cárcel de Boniato, que también se refiere a Sindo Herrera Ruiz, a quien "mantuvieron colgado y esposado a las rejas durante once horas, golpeado con tonfas mientras permanecía en esa posición de tortura…".

Un castigo parecido a este, pero en vez de la reja es utilizada una silla, es conocido en el lenguaje carcelario cubano como "La silla del dolor". Lo revela El Vigía, con dibujos y detalles: "Te desnudan, te esposan de pies y manos, te dan golpes, te tiran cubos de agua (…) dos o tres días…".

Los redactores del periódico escriben y denuncian que "esta es una de las armas de reeducación" del gobierno más respetuoso de los derechos humanos en el mundo.


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