Actualizado: 10/07/2020 19:25
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Reportaje

El periódico de la cárcel

Autoagresiones, homicidios y desesperanza: Historias del inframundo carcelario cubano.

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"Aquello era terrible", admite. "Cuando se habla de que los presos se inyectan, olvídense de jeringuillas y esas cosas. Se inyectan en el tobillo con un repuesto de bolígrafo vacío, y por la otra parte meten excremento y orina para que vaya bajando".

El Vigía de la prisión 1580 da fe de lo anterior: "si se enferman, le hacen el caso del perro; por eso se cortan las venas, los tendones de los pies (…), se inyectan escremento (sic) en las heridas para que le imputen (sic) las dos piernas, los dos brazos…".

Raúl Rivero recuerda a Alberto El Mocho, a quien le amputaron los dos brazos por encima del codo, luego de una autoagresión. La publicación carcelaria recrea un dibujo en el que aparece este recluso.

"Aunque el gobierno no lo publica, hay un alto índice de suicidio en las cárceles", apunta Oscar Espinosa Chepe, que estuvo casi dos años preso por la causa de los 75. El economista disidente achaca la "desesperación" de los presos a la "terrible situación" (hacinamiento, mala alimentación, condiciones sanitarias desastrosas).

Espinosa Chepe compartió prisión con "personas que se extrajeron los ojos en su desesperación para ver si podían lograr la licencia extrapenal; otros que se inyectaban petróleo o materia fecal para intoxicarse".

Por ejemplo, en Boniatico, observó a reclusos que "habitualmente" se introducían en el estómago lapiceros, tenedores, cucharas, con el objetivo de ser conducidos al hospital y mejorar "un poco" la alimentación.

"Algunos lo repiten, y han hecho de esto un modo de sobrevivir en las cárceles", afirma Chepe.

Pan de cada día

De acuerdo con la CCDHRN, la prisión en la que se producen más actos violentos es la del Combinado del Este, en La Habana, por la naturaleza de su tamaño; además de Kilo 8, en Camagüey, que es una cárcel especial, "donde las autoagresiones y automutilaciones son el pan de cada día".

Un informe clandestino, procedente de la cárcel de Boniato (Santiago de Cuba) y distribuido en el exterior por organizaciones de exiliados, da cuenta de al menos seis muertes entre 2005 y abril de 2006 y decenas de autoagresiones.

Señala principalmente los fallecimientos de Francisco Acosta Echevarría y Carlos Sablón Ramírez "por falta de asistencia médica", y los "asesinatos" de Vladimir Príncipe Guillot y Alexander Pérez, entre otros. Sin contar con que Alexander de Quezada lleva el doloroso récord de "80 heridas" en su cuerpo.