Actualizado: 30/09/2022 17:38
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Emigración

El rechazo popular como ganancia

El tráfico de personas beneficia al régimen, incluso le reporta una doble y sustancial bocanada de oxígeno.

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¿Qué pasaría si en vez de venir a cargar en sus embarcaciones a jóvenes desesperados por librarse de la asfixiante rémora del castrismo, esos lancheros que trafican con cubanos hacia la Florida vinieran a desembarcar en nuestras costas opositores al régimen? ¿Habrían logrado acumular tantas y tan exitosas travesías?

De simple que resulta la respuesta, llegan a parecer simplonas las preguntas.

Más difícil de entender es que los análisis dedicados a este dramático asunto del tráfico de personas no insistan en el hecho de que si a sus ejecutores les ha ido tan bien, moviéndose como Pedro por su casa entre las dos orillas, se debe, primero que todo, a que su actividad, lejos de afectar al régimen de la Isla, le beneficia, incluso le reporta una doble y sustancial ganancia.

No se precisa de un cerebro privilegiado para calcular los miles, cientos de miles de personas jóvenes, resueltas, intrépidas, dispuestas a jugársela por cambiar de vida y, claro, contrarias al régimen (así que representativas de un peligro para su estabilidad), de las que éste se libra cada año por la vía de los lancheros.

Tampoco es menester exprimirse demasiado los sesos para calcular la bocanada de oxígeno que insuflan a la economía nacional, con sus remesas, las muy numerosas personas que anualmente consiguen arribar a Miami por esa vía.

Una industria redonda

Nuestra dictadura, ejemplo de una incompetencia productiva y de una ineficacia económica sin paralelos en la historia, ha convertido las propias excreciones en uno de los sostenes básicos de su dominio, una industria redonda con su producto estrella: cero inversión y muy considerables dividendos.

Al eliminar todo tipo de expectativa para los cubanos, acorralándolos desde niños entre la miseria, la opresión y la estrechez de horizontes, los precipita hacia la emigración o el exilio, para después sacarles su jugo en divisas frescas.

Se ha hablado ya suficientemente de los múltiples mecanismos legales y gestiones administrativas (en algunos casos ridículos, siempre humillantes) de que se valen nuestras instancias oficiales de emigración para sacarle dinero a los más de dos millones de paisanos que están dispersos por el mundo, así como a quienes planean viajar desde la Isla hacia el exterior, lo mismo de visita que en variante de destierro.

Hace poco, cuando era mencionado aquí el término "cambios" con un mínimo de credibilidad, se habló sobre un proyecto para eliminar o sustituir algunos de esos mecanismos. Pero el plan parece haber concluido en la promesa. Y es lógico que así sea. Entre otras razones, porque no debe resultar fácil para nuestros dueños la renuncia a una fuente económica tan expeditiva.

En el caso del tráfico de personas mediante lanchas rápidas, vergonzante para todo el que lo propicia o estimula, pero muy en particular para el régimen, que es su generador y su máximo beneficiario, trascendió ya que este año (el año de los "cambios para perfeccionar el socialismo") han sido interceptados en el mar 3.197 cubanos que intentaban arribar a costas estadounidenses.

Se asegura que el 70% de estos casos son llevados por los traficantes del Estrecho de la Florida, los cuales, para colmo, potencian ahora su negocio por la llamada Vía Sur, a través de Yucatán, generando noticias que últimamente han ocupado las primeras planas en los informativos.

Vox pópuli

Tal vez no exageramos al suponer que si fueron abortados (por parte de las autoridades estadounidenses) más de 3.000 intentos de fuga, por lo menos 1.000 pudieron haber logrado su objetivo. Pero aun teniendo como referencia sólo la cifra de los interceptados, parecen más bien pocas, mínimas, casi insignificantes las 17 embarcaciones capturadas por los guardafronteras cubanos.

Conste que esto no es una queja. Ojalá pueda escapar de Cuba todo el que lo desee e intente, siempre que sea por medios menos peligrosos y leoninos que el tráfico de personas. Y ojalá —también— que todo el que hoy escapa, decida y logre regresar después, cuando amainen los truenos. Pero vistos la presteza y el desvelo de que hace gala el régimen a la hora de malograr infiltraciones desde el norte, bien podría mostrar mejores índices en cuanto al movimiento a la inversa.

En los barrios de La Habana profunda, y en los pueblos de cualquier provincia, muy especialmente en los costeros o con costas cercanas, resulta fácil ser testigo de la movida del tráfico de personas. Se aprecian a ojos vista los preparativos de los viajes, se conocen sus organizadores, se sabe de antemano quiénes y cuándo partirán. Además, se maneja abiertamente, a nivel popular, la intermediación en este asunto de cubanos residentes en la Florida, que viajan a la Isla con una frecuencia insólita para engrasar los mecanismos.

Es otro de los motivos por los cuales pueden parecer, digamos, muy modestos los resultados del enfrentamiento de las autoridades de aquí contra la acción de los lancheros. En lo que no se aprecia la menor modestia es en la verborrea oficial para sacudir culpas propias, intentando anotarle a los de afuera las catástrofes y los muertos ocasionados por el repelente tráfico de personas.

Por supuesto que el único responsable de esta pandemia no es el régimen cubano. No hay inocentes entre quienes, desde ambas orillas, inciden en el incremento del luto y la tragedia de los nuestros. Mucho menos entre aquellos que lo hacen halando la sardina para su sartén politiquera.

La diferencia es que la raíz del problema está en Cuba, en el régimen, que es un perenne generador de razones para la emigración y el exilio, y que, por si fuera poco, ha convertido este infortunio en agua renovable y renovada para su molino.


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Balseros, el 15 de junio de 2008Foto

Balseros, el 15 de junio de 2008. (AP)

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