Actualizado: 10/12/2019 14:39
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Política

Erecciones del Poder Popular

Los ciudadanos acudieron a la farsa electoral con más datos sobre los programas de Obama y Clinton, que de los proyectos de sus presuntos representantes.

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Ni aun concluidas las "elecciones grandes", es decir, con el anuncio de los deportistas, artistas, militares, científicos, albañiles, en fin, los candidatos del pueblo que nos "representan" para "gobernar", en lo que alegre y eufemísticamente llaman aquí nuevo período de mandato, los medios de comunicación han dejado sus campañas en torno a las "extraordinarias cualidades revolucionarias" de los diputados, su estrecha vinculación con las masas y la "impoluta transparencia" del proceso.

Para acentuar las bondades del sistema electoral y hacer más evidente el contraste, casi a diario se ha publicado la marcha del proceso eleccionario en Estados Unidos, con su descomunal costo económico y las reñidas disputas entre los principales candidatos a la presidencia.

Sin embargo, tanto las informaciones publicadas sobre las elecciones en la Isla, como de Estados Unidos, lejos de aclarar las ventajas de "nuestro purísimo proceso", suelen despertar cuestionamientos que no encuentran respuesta ni siquiera en las lecciones cívicas que, de tarde en tarde, ofreció el culto presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón de Quesada, en entrevistas u otras presentaciones a propósito de la "fiesta de la democracia", cuyo momento culminante transcurrió ayer.

Por ejemplo, llegamos a saber cuál es el programa de gobierno que propone el joven Barack Obama y las promesas de su contendiente por el partido demócrata, Hillary Clinton. También la plataforma de John McCain, uno de los representantes fuertes del partido republicano. Además, los temas de su programa: los demócratas hablan de la situación económica, la guerra de Irak y la atención a la salud. Los republicanos, por su parte, además de economía y guerra, dan prioridad a la inmigración ilegal y las amenazas terroristas.

La experiencia inestimable de la Quirot

Todavía no sabemos qué opinan los flamantes diputados de la Asamblea Nacional sobre política exterior. Ni qué proponen para revertir los agudos problemas económicos y sociales de la Isla, o sus planes para lograr una distribución real y justa de los beneficios que se derivan del magnífico crecimiento económico informado al cerrar 2007. Tampoco sus ideas o proyectos sobre cuándo nos permitirán salir y entrar libremente del país, o disfrutar todos los privilegios que hoy sólo tienen turistas y dirigentes.

Como electora, me hubiera gustado conocer —por mencionar algún caso— el contenido de trabajo de la ex atleta Ana Fidelia Quirot, diputada por el municipio habanero de San Miguel del Padrón, cuya síntesis biográfica publicada en el periódico oficialista Granma refiere que su ocupación es "gloria deportiva". ¿Cuál es su experiencia política? ¿Qué puede aportar a los destinos de Cuba semejante labor?

En una entrevista publicada en Juventud Rebelde el pasado 13 de enero, Alarcón calificó las elecciones como "un acto de libertad ciudadana (…) en la tradición revolucionaria democrática del país y sus desafíos hacia el futuro". Sostuvo que los "precandidatos a delegados provinciales y diputados" habían sido propuestos por "las organizaciones sociales (¿?) en las que se agrupan los trabajadores, las mujeres, los campesinos, los estudiantes". Y añadió que "quien decide sobre esa candidatura es la asamblea municipal, cuyos delegados fueron elegidos de manera directa por el pueblo".

Como el argumento de la nariz de Cleopatra, a juzgar por tan elevado nivel de inferencia: resulta que usted elige al infeliz delegado de su circunscripción para que se ocupe de resolver el tema de la cañería de albañales, que está rota y vierte a su calle desde hace más de cinco años, o para que hale las orejas a los panaderos (sólo hasta ahí hacemos "política" los cubanos), y a la larga, eso significa que usted ha tomado parte efectiva en la elección de los diputados.

Otro tema muy discutible es el de quienes representan territorios en los que no residen. Muchos son absolutos desconocidos, salvo por lo que rezan sus "biografías" oficiales, única referencia de los electores a la hora de votar. La respuesta de Alarcón es una clase magistral de cinismo. Resulta que tal contradicción es sólo aparente, se trata más bien de "un reto" en el que debe primar "la sabiduría, el equilibrio" (¿de ellos o de los votantes?), porque ese diputado no sólo representa los intereses de una porción del territorio nacional, ya que "a la hora de legislar no puede pensar en términos estrechos, de un municipio, de un distrito…", dijo.

Legislar, un concepto fantasma

Más allá de la "función extraterritorial" de los diputados, esbozada por Alarcón, cabe preguntarse: ¿será que entre los cambios que se fraguan desde las alturas, según se rumora, se incluye que al fin los diputados "legislarán" realmente?

En tal caso, no parece haber muchos diputados capacitados para esta misión. ¿Alguien puede imaginar en esa tarea a Randy Alonso o a Ariel Pestano, catcher de la selección nacional? No se me ocurren mejores ejemplos para ilustrar semejante despropósito. Aunque, en buena lid, tampoco podría encontrarse una buena representación de "legisladores" entre los antiguos y presentes representantes del gobierno.

Siguiendo el hilo de estas reflexiones, ¿cuáles son las cualidades del estelar pelotero Javier Méndez, además de sus indiscutibles méritos deportivos y su tendencia a la violencia —recuérdese el encuentro entre Cuba y los Orioles, en Baltimore—, para representar los intereses de los ciudadanos?

Que entre los diputados figure una chofer de camión, ¿es una demostración de democracia, igualdad de género y pluralidad? Las posibles preguntas serían muchas y variadas, pero la respuesta siempre es la misma: se trata del ejercicio democrático de los revolucionarios, la salvación de la patria, la independencia de "todos los cubanos", aunque el adjetivo "revolucionario" baste para demostrar el carácter excluyente de la política oficial.

Más de lo mismo

En realidad, el Partido Comunista nomina, elige, controla, decide y legisla. El dictador histórico y sus segundones utilizan el discurso engañoso de siempre para aferrarse al poder. Eso sí, "nuestros candidatos" —al contrario que los estadounidenses— no precisaron desembolsar millones para su campaña política: todo corrió a cuenta del Estado, que parasita sobre la economía de la nación (remesas incluidas, lo que convierte a la economía norteamericana en contribuyente indirecta de las elecciones cubanas).

En definitiva, aunque se afirma que este proceso "eleccionario" se desarrolló en un escenario "nuevo", debido a la forzosa ausencia y eventual "retiro" del líder histórico, no hay hasta ahora ningún elemento que justifique las expectativas de algún giro novedoso.

Esto tiene que ver con las esperanzas que tiene la opinión pública… extranjera. Los ciudadanos sabemos que tanta alharaca sólo anuncia más de lo mismo: los diputados son otros y los de siempre, todo a la vez: los fieles, los sumisos, obedientes, los que "legitiman" la sucesión sin chistar, los que asienten ante cada orden del poder.

Ayer, un enorme rebaño temeroso acudió a las urnas y votó masivamente por el "todos unidos", lema extraído de un discurso del Comandante en 1993, y desempolvado para la ocasión a falta del añejo actor y guiones nuevos.

Las "elecciones" no marcarán ningún punto de inflexión en la realidad nacional. Habrá que estar atentos a los signos de este nuevo año: los cambios que con toda seguridad se producirán en la Isla, no serán protagonizados por estos pálidos y anodinos "representantes del pueblo".


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Cartel sobre las elecciones, que invitaba al 'voto por todos'. (AP)