Actualizado: 17/09/2021 9:52
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Represión

La lenta muerte de Valdés Tamayo

Con el corazón lastimado, el opositor sufrió cárcel, desidia médica y actos de repudio ordenados por el gobierno.

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La primera víctima mortal del Grupo de los 75 acababa de cumplir 50 años, era negro y siempre vivió en Párraga, uno de los barrios habaneros más humildes.

Miguel Valdés Tamayo nació en La Habana el 20 de diciembre de 1956 y falleció en su ciudad natal el pasado 11 de enero. De oficio mecánico de televisión, estaba casado con Bárbara Elisa Collazo Portillo. Fue fundador y presidente del Movimiento Hermanos Fraternales por la Dignidad y miembro de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba.

Poco antes de su detención, en marzo de 2003, había sufrido dos infartos. En el mes de abril fue condenado a 15 años de privación de libertad y enviado a la prisión de Kilo 8 —533 kilómetros al este de la capital. Catorce meses después, el 4 de junio de 2004, por sus graves problemas de salud, sería beneficiado con una licencia extrapenal.

Valdés Tamayo padecía de miocardiopatía hipertensiva dilatada. Cuatro veces tuvo que ser hospitalizado. La última vez, 21 días en la sala de terapia intensiva del hospital de reclusos de la prisión Combinado del Este, en La Habana, adonde lo trasladaron gracias a las continuas gestiones de su esposa.

Cárcel después de la cárcel

Una semana después de su excarcelación, el 11 de junio de 2004, una tal Eva, de la gubernamental Federación de Mujeres Cubanas, le daría a Miguel un acto de repudio. A voz en cuello le gritó "gusano y mercenario del gobierno de Estados Unidos", y le lanzó una advertencia: no le permitirían vivir en el lugar.

Apenas había transcurrido un mes de este hecho cuando, el 3 de julio, otro sujeto siniestro del vecindario, conocido por El Coyote, entró al patio de la casa de Miguel y, delante de la ventana del cuarto donde éste se encontraba con su esposa, comenzó a insultarle con palabras obscenas. Miguel se paró en la ventana y le dijo: "Estoy en libertad condicional, me encuentro enfermo y no deseo tener problemas con nadie".

Al escuchar estas palabras, el agresor buscó un machete afilado y blandiéndolo espetó: "Yo no creo en guapos de prisión".

Si la sangre no llegó al río fue por la intervención de su esposa, su suegro y varios vecinos. Miguel y Bárbara decidieron mudarse para otra localidad, dentro del propio reparto: Calzada de San Agustín No. 691, entre San Miguel y Gustavo, Párraga, Arroyo Naranjo. Pero allí tampoco cesaron las provocaciones.

En octubre, dos meses antes de morir, fue detenido. Con anterioridad, Valdés Tamayo había responsabilizado al gobierno cubano por lo que le pudiera pasar y señaló que detrás de todo el hostigamiento hacia su persona estaba el Departamento de la Seguridad del Estado.

En los catorce meses que Miguel estuvo en Kilo 8 no dejó de denunciar las golpizas y continuas violaciones a los derechos humanos mediante informes —algunos publicados en internet—, o en las ocasiones que pudo burlar la censura y libremente escribir a su esposa.


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