Actualizado: 03/07/2020 15:57
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Sociedad

La primera absorción

El 'cambio' más visible es que el fidelismo resulta menos sufrible sin Fidel Castro.

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La historia ya lo está absorbiendo. Y con la seriedad que corresponde, pues no han sido los genios de la política, ni siquiera los historiadores, quienes terminaron halando la cadena para su absorción. Es la gente de a pie. El pueblo. Ese sufrido pelele que él manejó a su antojo durante demasiado tiempo.

Se constata al hablar con cualquier hijo de vecino en La Habana, preferiblemente puertas adentro, pero incluso en las calles, aunque no en las de Miramar, Siboney o el Vedado, donde radican los suntuosos cubiles de nuestra izquierda bistec.

El más transparente y revelador enjuiciamiento de eso que aquí llaman "cambios para perfeccionar el socialismo" es prodigado hoy en voces múltiples a bordo de un camello de la nueva especie "acordeón", en la cola de la bodega o en cualquier esquina. Y cuanto más numerosas y diversas, tanto más confluyen esas voces en una misma conclusión: para que Cuba se moviera hacia delante —aunque sea a pasos de pingüino entre pedregales—, el primer requerimiento ha sido prescindir de nuestro máximo lastre en jefe.

Puede ser que las medidas dispuestas hasta este minuto no sirvan para mucho más, pero están confirmando tal certeza, y lo que es mejor, aportan pruebas para que se riegue como pólvora, no ya gracias a la guerra mediática que suelen mencionar aquí cuatro privilegiados con acceso exclusivo a los medios, sino a través de la apodíctica vox pópuli: santa palabra.

De muy poco vale que los encargados de aplicar estas medidas digan y repitan que fueron consultadas con él, que son fruto de su inspiración y se rigen por sus postulados. El pueblo ha dispuesto de cincuenta años para conocerlo, así que sabe distinguir a la legua el origen retrógrado e indolente de todo cuanto inspiró y postuló. Menos aún valen los discursos de los discurseros que —por oportunismo a deshora o por vocación de perros fieles— continúan elevando loas a "aquel que con su obra abrió la posibilidad de la nuestra".

Lo único que interesa

De cara al desmantelamiento de prohibiciones absurdas (apenas en cierne e iniciado con las menos escandalosamente absurdas), no hay aquí loa que prospere ni juramento de fe que sea creíble. Eso también ha podido discurrirlo nuestra gente del montón, por mucho que se le subestime y por más que se esfuercen en mantenerla detrás del palo respecto a los sucesos del mundo real.

Nadie debe sorprenderse entonces ante la constatación de que a los ciudadanos les entren por un oído y les salgan por el otro ciertos pintorescos alegatos que vienen de arriba, como ese de que "las medidas que hoy se aplican, más las que se proyectan, no pudieron ser dispuestas con anterioridad porque no estaban dadas las condiciones y porque no era adecuado el momento para su curso".

La gente ni siquiera parece interesada porque le expliquen lo que nadie explica, por inexplicable; es decir, ¿qué es lo nuevo que está ocurriendo hoy en la Isla (como no sea la cuasi ausencia del lastre), para que alguna que otra vez haya palitroques en las panaderías de los pobres y para que a los hijos legítimos, sufridos y esforzados de esta tierra se nos permita al fin hacer uso de la telefonía celular o de los servicios sanitarios del hotel Habana Libre?

Lo único que parece interesarle de momento a nuestra gente es aquello que puede mirar de cerca con sus propios ojos, tocar con sus manos, o esperar con los ripios de esperanza que le van quedando. No es mucho, punto menos que nada, pero de acuerdo con lo que se escucha en estos días sobre los camellos y en las colas, alcanza para concluir que, aquí y ahora, hasta el mismísimo fidelismo resulta menos sufrible sin la presencia de Fidel Castro.

Es la primera absorción. Después, mucho más tarde, a las benditas horas, llegará la otra, la definitiva tal vez, trazada por el dedo de Dios o de los historiadores. Pero mientras el palo va y viene, el pueblo ya empezó a trazar la suya.


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