Actualizado: 24/04/2019 9:59
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Cambios, Economía, Política

Los posibles cambios en Cuba y los «indicios»

Siempre que haya indicios, no habrá cambios. Los exitosos hechos trascendentes ocurren sin anunciarse

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Arnaldo M. Fernández, en “Cuba post-referendo: maz(s)a sin cantera”, espera que el cambio en la Isla se anuncie anticipadamente por alguna señal evidente.

Pero si hubiese indicios de que algún exiliado va a desembarcar en lancha para alzarse en los montes, guardacostas y fragatas de la Marina de Guerra lo habrían interceptado en alta mar. Si hubiera indicios de que un general cubano en servicio va a dar un cuartelazo, sería detectado por contrainteligencia y arrestado de inmediato por los cuerpos especiales. Si los hubiera de que un civil iba a asaltar un cuartel, batallones de soldados se adelantarían para tenderle una emboscada. Si los hubiera de que el sucesor iba a comenzar a tomar medidas reformistas sin permiso del Buró Político del Partido, de inmediato sería destituido. Y si los hubiera de que un líder disidente va a convocar una protesta en alguna plaza donde probablemente acudirían decenas de miles, un operativo de Seguridad del Estado lo habría arrestado antes, además de cercar todas las vías que llevan a esa plaza.

Es tonto pensar, por tanto, que para que ocurra algo de esto con éxito, tenga que haber primero algún “indicio”. Es al revés, siempre que haya indicios, no habrá cambios. Los exitosos hechos trascendentes ocurren sin anunciarse. Nadie avisa: “¡Oigan, voy a desembarcar!” o “¡Voy en camino para asaltar tal cuartel!”. Y cuando una multitudinaria protesta estalle en las calles, no habrá un concierto de periodistas extranjeros esperando con sus cámaras para captar los primeros momentos. Una ocurrencia semejante demostraría que quien pensara así alberga los “guayabitos en la azotea” que según el columnista de marras, adolecen aquellos que concluyen con la probabilidad de cambios en Cuba en un tiempo relativamente corto.

Curiosamente, entre los hechos que menciona para concluir que en Cuba no hay “indicios”, está el de Ceauşescu. Y recordé que una semana antes de los hechos de Timisoara, una delegación cubana visitó Rumanía para aprender de la política de ese régimen, entre otras cosas, cómo se lograr mantener un control tan armonioso en ese país. En el informe redactado a su regreso a La Habana, se mencionaba con entusiasmo el apoyo de ese pueblo a su amado líder. No había indicio alguno de lo que días después iba a ocurrir.

Pero lo que no se ve en la superficie, puede verse en el subsuelo, algo que me trae a la memoria una frase de Martí durante un discurso sobre la entonces futura y última guerra independentista: “Las jornadas en las sombras son también jornadas”. No se trata de lo que pasa o se dice en las altas esferas, sino lo que se habla en las calles o en las redes, en qué medida la población tiene acceso al internet, un medio invalorable de información y comunicación, cómo está impactando en la gente no sólo la crisis estructural permanente de un modelo fallido, sino además la crisis energética provocada por el colapso económico de Venezuela.

En el artículo mío mencionado por él, “¿Inminentes hechos trascendentales en Cuba?”, publicado en este medio el pasado 16 de noviembre, hablaba de lo que probablemente iba a ocurrir “en el corto espacio de un año o dos”. Por supuesto que ya habría que descontar, de ese espacio, cuatro meses. Pero en ese corto tiempo han ocurrido acontecimientos que reafirman mi opinión: las protestas de intelectuales y artistas ante el anuncio de poner en vigor el decreto 349 para el control de los espectáculos de artistas independientes, las manifestaciones y huelgas de transportistas (el “trancón”), y hasta solicitud de un sindicato independiente, por el anuncio del “paquetazo”, una serie de medidas restrictivas para el control del cuentapropismo, lo que motivó que se echaran atrás, en ambos casos, algunas de las medidas anunciadas. Todo lo anterior dio lugar a que el mismo día 7 de diciembre en que se ponían en vigor ambas medidas, ETECSA, para desviar la atención, concediera la navegación web a los teléfonos móviles. El 24 de febrero, el referendo sobre la nueva constitución, a pesar de atiborrar a la gente con propaganda mañana, tarde y noche, dio por resultado que, al menos reconocido por el oficialismo, casi dos millones y medio de electores no tenía interés en respaldar esa propuesta gubernamental, un número que, por todas las irregularidades, debió ser mucho mayor. A principios de marzo, un estudio de The Havana Consulting Group, dio por resultado que se avecinaba para Cuba un nuevo Período Especial, algo que a mi juicio, esta vez no podrá rebasar debido a las frustraciones de la población tras el fin de las expectativas por las reformas raulistas y la sucesión, y por la ausencia de un líder carismático. A esto se une, en los últimos días, las afectaciones de la producción petrolera venezolana por la falta de electricidad, y en general, el colapso de la economía de ese país. Y todo esto sin que la dirigencia pueda acudir a la válvula de escape de los éxodos masivos como era frecuente, por la eliminación de la norma de “pies secos/pies mojados”. Por ese camino, Cuba se dirige hacia una explosión social de magnitudes impredecibles.

La alternativa a todo ese desastre sería, por una parte, bajar los impuestos y los precios de las licencias a los cuentapropistas, permitirles el acceso a los microcréditos de los bancos internacionales, eliminar las restricciones que traban la libertad de la actividad económica independiente, repartir tierras entre quienes quieran hacerla producir, establecer la autogestión o cooperativizar la mayoría de las empresas del Estado, y permitir las inversiones de los cubanos residentes en el exterior; y por otra, eliminar las limitaciones a la prosperidad individual y garantizar, mediante enmiendas constitucionales, el derecho de propiedad de los trabajadores independientes sobre sus medios laborales. Habría que eliminar, por supuesto, algunos artículos de la constitución recién aprobada, como, por ejemplo, el 22, que pretende imponer un igualitarismo injusto. El cambio hacia la prosperidad sería como la metamorfosis del gusano a la mariposa.

Pero… ¿serán capaces de renunciar al control absoluto con tal de prolongar un poco de poder? Parafraseando una expresión de Martí cuando se refería a la monarquía rusa, si la dictadura no hace los cambios, los cambios desharán la dictadura.


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