Actualizado: 14/12/2018 10:51
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Sociedad, Cambios, Gobierno

¿Inminentes hechos trascendentales en Cuba?

Circunstancias que según el autor están abocando a la Isla a un cambio muy profundo que el Gobierno cubano no podrá impedir

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Todo el que me conoce sabe que nunca he sido un alentador de ilusiones vanas. Por el contrario, muchas veces me han calificado de aguafiestas, porque en medio de euforias triunfalistas, he aparecido para desinflar el globo e intentar bajar a todos a la realidad, una sinceridad que tiene el inconveniente de dejarlo a uno aislado. El tiempo, después, sin embargo, me ha dado la razón, como cuando una multitud de exiliados festejaba, muy prematuramente, la muerte de aquel al que consideraban el principal responsable de todas nuestras desgracias, lo cual veían como preludio de una aurora de libertad, consecuentes con una afirmación muy de moda por entonces: “No Castro, no problem”. Por entonces publiqué en El Nuevo Herald, el artículo “El que debe morir”, donde manifestaba que ese hecho, cuando se produjese, no iba a traer por sí solo, ese amanecer, porque la vida no puede ser fruto de muerte, que no era un hombre el que tenía que dormirse para siempre, sino un pueblo el que tenia que despertar. Sigo hoy pensando igual.

Sin embargo, cuando ya esa desaparición es un hecho desde hace algunos años, se une a otros nuevos elementos de la realidad para dar lugar a una situación especial preñada de posibles sorpresas. Comencé a prever esto, desde hace alrededor de dos años, y he advertido, en uno que otro artículo, los acontecimientos que podrían ocurrir en un futuro mediato. Pero nunca antes como en este momento, el panorama se ha presentado con tanta claridad e inmediatez. De modo que me atrevo a exponerlo hoy con todos sus elementos, no como un vaticinio, sino como el más probable escenario en el corto espacio de un año o dos.

¿Por qué me atrevo a predecir que habrá, sino cambios profundos en la sociedad cubana, hechos trascendentales en un período relativamente corto? No he basado este análisis en declaraciones de altos funcionarios cubanos, como suele hacerse entre muchos analistas cubanos o cubanoamericanos, fundar las esperanzas en lo que pueda declarar o decidir alguno de los herederos del poder, esto es, lo que se dice o se hace en la superficie de la sociedad cubana, sino, sobre todo, lo que está ocurriendo en el subsuelo. A los incrédulos que a priori pudieran negar estas predicciones, les contestaría con un consejo que ya se ha expresado antes a los que sólo se atienen a las declaraciones oficiales: Tapen sus oídos y abran bien los ojos.

Basándome en estos análisis, podría afirmar categóricamente que ya están dadas todas las condiciones objetivas y en parte hasta las subjetivas, para que se produzcan en Cuba hechos trascendentales que conduzcan a esos cambios. Comencemos por lo más simple:

1. Hay ausencia de líderes tras la partida del único que era capaz de aglutinar todas las fuerzas con que cuenta el poder para mantener un absoluto control en el país.

Del que tanto se deseaba la muerte y que ya murió sin que se produjesen los cambios deseados, se esperaba siempre la capacidad de movilizar aquella parte de la población que constituía el único sostén del régimen en la base, y al mismo tiempo, de mantener un equilibrio entre las internas facciones en pugna del poder. Si bien ningún régimen se sostiene sin el apoyo del pueblo o de una parte del pueblo, en el caso cubano, esa parte lo sostiene, ya sea por miedo, por oportunismo o por ignorancia. De estos tres tipos, sólo los ignorantes mantienen una verdadera lealtad hacia el régimen, pero son ignorantes que no quieren dejar de serlo, porque fundan su apoyo, no en la razón ni en una ideología, sino en el culto a la personalidad del máximo líder. No son “revolucionarios” ni “comunistas”, sino “fidelistas”, sólo que ese ídolo no está ya presente, y su incondicionalidad continúa por inercia hacia los herederos de ese poder, pero no ya con el arrastre emotivo de antes.

En cuanto a las fisuras internas del poder, se notaba, claramente, la inconformidad de un sector de línea dura hacia las reformas raulistas. El propio Presidente Raúl Castro había advertido en vísperas del VII Congreso del Partido: “No podemos quedarnos con los brazos cruzados ante la irritación de la población”. Pero el Congreso finalizó sin dar soluciones a las más acuciantes necesidades de la población ante los temores de la línea dura a aflojar la represión tras las evidentes muestras de simpatía y apoyo al entonces presidente de los Estaos Unidos, Barak Obama, tras su alocución escuchada en todo el país.

2. Existe una gran defraudación entre quienes cifraban sus esperanzas en el proceso de cambios aperturistas iniciado por el General sustituto, así como de las expectativas por el supuesto traspaso del poder a manos de un heredero joven que no formaba parte de la dinastía gobernante.

Si el General exhortaba en el VII Congreso a aplacar “la irritación de la población, y por el contrario las reformas fueron frenadas, y en algunos aspectos, retrocedidas, esto significa que esa irritación no logró aplacarse sino por el contrario, ha aumentado.

En cuanto a la supuesta sucesión de Díaz-Canel, los más informados saben muy bien que el principal cargo en Cuba, como en los demás regímenes comunistas, no es el de presidente del Consejo de Estado sino el de secretario general del Partido Comunista. Díaz-Canel, por tanto, con facultades muy restringidas, no constituye el verdadero poder, sino un vocero incapaz de implementar una nueva política sin el mandato del verdadero poder, puesto que su real misión es poner la cara ante todas las decisiones que de éste emanen, durante uno de los períodos más críticos, y en consecuencia, cargar con la responsabilidad de los resultados de una política arbitraria y disparatada de seis décadas.

Si el objetivo es “quemar” a Díaz-Canel para que el cargo luego pueda regresar a la familia Castro, al candidato realmente favorito como supuesto salvador, probablemente el Coronel Alejandro Castro Espín, a quien su padre ha convertido en el hombre más poderoso del país al otorgarle la dirección de todos los órganos de inteligencia, corren el riesgo de que al quemarlo, la candela alcance a todo el poder. Sospechoso es que en la nueva constitución propuesta para ser aprobada para principios del próximo año, se incluya un límite máximo de 60 años de edad para ser candidato a la presidencia, bastante bajo si se tiene en cuenta que el propio Raúl Castro se retiró con 88 años. Si la intención era evitar que ninguno de los jerarcas históricos pudiese aspirar a ese cargo, bastaba con un límite de 70, pues todos rebasan esa edad, lo cual sugiere que el verdadero interés reside en evitar que otras figuras destacadas de una generación más joven puedan hacerle sombra al nuevo delfín, una maniobra que pudiera acarrear descontentos en las filas oficiales.

3. El poder se enfrenta a una crisis energética cada vez peor con el inminente colapso económico del régimen de Venezuela.

En 2008, Venezuela enviaba a Cuba 115 mil barriles de petróleo por día a cambio de los servicios de médicos y otros profesionales cubanos en ese país, lo cual representaba el 80 por ciento de toda la importación del petróleo de Cuba. Pero en 2015, la producción petrolera de Venezuela cayó, de 2,6 millones de barriles a 1,6 millones, principalmente debido al descenso de las inversiones privadas, por lo cual, ese año la importación del crudo a Cuba bajó a 87 mil barriles. En 2016 fue aun menor: 70 mil, según datos de la revista Energía 16. En septiembre de ese año, la subdirectora del diario oficial Granma, Karina Marrón, advirtió en una reunión a puerta cerrada de la Unión de Periodistas de Cuba, que se estaba formando una tormenta perfecta, y advirtió sobre posibles protestas públicas debido al regreso de los apagones. “Señores, este país no aguanta otro 93, otro 94, si no queremos ver protestas en la calle”.

La situación empeoró después de esta alerta. En el presente año, Venezuela sólo ha podido exportar a Cuba alrededor de 50 mil barriles, menos de la mitad de lo que recibió Cuba de ese país en 2008, por lo que los funcionarios cubanos realizaron intentos desesperados por encontrar otras fuentes de suministro que compensaran las disminuciones del crudo venezolano. Lograron obtener petróleo suplementario de Argelia y Rusia, pero a precio internacional, algo muy difícil de sostener por mucho más tiempo por el gobierno cubano.

4. La válvula de escape de los éxodos masivos al que el régimen periódicamente recurría para aflojar las tensiones internas, se ha cerrado.

Cada catorce o quince años se recurría a estos éxodos, como fueron Camarioca (1965), Mariel (1980) y Guantánamo (1994). En este último año, en medio de la mayor crisis de la historia por el derrumbe del campo socialista, muchos cubanos llevaron a cabo una protesta violenta en la calle del Malecón habanero el 5 de agosto. Ocho días después, Fidel Castro anunciaba en un discurso, la retirada de la vigilancia de los guardafronteras. El experto en el tema migratorio cubano, Siro del Castillo, expresa que el gobierno de Cuba se aprovechaba, de la tradicional política de “puertas abiertas” de Estados Unidos, “para exportar a la oposición y utilizar las salidas como una válvula de escape durante una severa crisis económica” (“El éxodo de los balseros cubanos de 1994: una crisis cubana o un fenómeno caribeño”, http://prodecu.org/documentos/exodo.htm).

El entonces presidente Bill Clinton dio el primer paso para cerrar estos flujos periódicos: Con el decreto de “pies secos, pies mojados”, todo cubano indocumentado detenido por las autoridades sin alcanzar tierra estadounidense, sería devuelto a Cuba. Aunque no se proscribía completamente este tipo de viajes, sino que se restringía, esto no desalentó a los cubanos desesperados que se lanzaban al mar.

Tras el de Guantánamo, se suponía que el próximo éxodo iba a ser en 2008 o 2009, pero la situación internacional lo dificultaba, pues Estados Unidos no iba a permitir el caos interno que provoca ese tipo de éxodo en medio de un estado de guerra, y luego, la dirigencia cubana aspiraba a mejorar sus relaciones con ese país bajo la administración Obama, ante la perspectiva de perder el suministro petrolero venezolano. Con todo, en 2010 la situación llegó a ponerse tan tensa que el propio Raúl Castro advirtió con alarma, el 18 de diciembre de ese año, durante una sesión de la Asamblea Nacional, que estaban “bordeando el precipicio”.

La solución momentánea, por entonces, fue sustituir el éxodo masivo traumático por otro dosificado, esto es, un éxodo masivo encubierto, mediante el flujo discreto pero constante de los emigrantes. En los años siguientes, el arribo de balseros a la Florida comenzó a hacerse más frecuente, una dosificación que evitaba un conflicto con su vecino del norte, a lo que se unió una nueva modalidad: la vía suramericana: los viajes legales a algún país de Suramérica, preferentemente a Ecuador, con cuyo presidente, Rafael Correa, se mantenía excelentes relaciones. Y luego se cruzaban las fronteras hasta alcanzar la de los Estados Unidos, país que los recibía por la Ley de Ajuste Cubano.

En 2014, la Guardia Costera de Estados Unidos, refiriéndose al flujo de balseros, señalaba: “Desde 2008 no se registraban números tan altos”, y añadía que entre 2013 y 2014, la cifra había aumentado en un 75 por ciento, todo lo cual fue recogido por un parte publicado en octubre 31 de ese año por Diario de Cuba con este título: “La escalada en las cifras de balseros apuntan a una nueva crisis migratoria”. A esto se sumaba el número de cubanos que entraban por la frontera con México: 16.247, para un total de 19.569. Al año siguiente, esta cifra se duplicó, con un total de los cubanos que llegaban a Estados Unidos sin visa: 40.115, mucho más que en el éxodo masivo de 1994 (“El éxodo inacabable…” de Nora Gámez Torres, El Nuevo Herald del 3 de septiembre de 2016).

Pero este recurso de aliviar las tensiones internas, fue cerrado tras el decreto del ex presidente de Estados Unidos Barak Obama el 12 de enero de 2017, en vísperas de dejar la Casa Blanca. Obama no abolió simplemente el decreto “Pies secos/pies mojados”, pues antes de que existiera, se aceptaban a todos los cubanos, tanto en mar como en tierra, sino que dio un paso más allá: ahora todos sería rechazados, excepto los casos de persecución política. El efecto de este cambio fue evidente, sobre todo para los que llegaban por vía marítima. De acuerdo con un parte de EFE del 23 de noviembre de 2017, si bien en el año fiscal 2016 fueron interceptados en alta mar, 7.411, en 2017 esta cifra descendió a 1934. puesto que ya se sabía que al llegar, serían devueltos. El mismo cambio de política afectó la vía de la frontera méxico-americana, además de otras incidencias, como el cambio de política en Ecuador tras finalizar el mandato de Correa, las reacciones adversas ante las oleadas migratorias de los venezolanos, y más recientemente, las caravanas migratorias centroamericanas.

Desde luego que el flujo migratorio continuará, pero ya no le será posible a la dirigencia castrista acudir a los éxodos masivos en la magnitud de antes como recurso para aliviar las tensiones internas.

5. El aumento del número de personas residentes en Cuba con acceso a la moderna tecnología de la telecomunicación debilita la capacidad represiva del régimen.

La nueva tecnología, por su esencia, mina las bases de los modelos centralizados del poder, porque se puede acceder a la información más allá del monopolio de los medios de comunicación y de la censura oficial, incluso se pueden crear medios independientes de difusión, como los blogs, periódicos digitales, y hasta transmisiones radiales y televisivas a través del internet, así como expresarse de forma independiente a través de las redes masivas. Ya es posible, con un celular, grabar cualquier agresión física de las autoridades contra un ciudadano y transmitir las imágenes en pocos minutos al mundo entero. Antes las protestas masivas que ocurrían en algún barrio de La Habana (como fue en Regla en 1991), no se conocían en otros barrios hasta el día siguiente si es que se enteraban, cuando ya la situación estaba controlada por las autoridades. Hoy no sólo se enterarían a los pocos minutos, sino que incluso es posible convocar una protesta mucho más multitudinaria y realizarla en varios lugares simultáneamente. Por último, una mayor comunicación permite formar una conciencia general de los problemas y generar una voluntad de cambio.

A principio de los 90, la comunicación telefónica de los disidentes con el exterior era casi imposible. Cuando en 1989 creamos en Miami, Infoburo, el primer centro de comunicación sistemática con los disidentes, un intento de llamada a Cuba podía demorar horas y a veces días. El disidente, para dar a conocer una denuncia, regularmente tenía que contar con la complicidad de un vecino que tenía teléfono, al cual se llamaba desde Miami tras mucho esfuerzo para realizar la comunicación que muchas veces era cortada por la Seguridad del Estado. Luego teníamos que transcribir el mensaje en una computadora, imprimir la hoja en un papel y luego enviarlo por fax a los organismos internacionales uno por uno. Todo este proceso podía durar de tres a cuatro días. Hoy, un disidente en Cuba, con acceso a internet, es capaz de enviar él mismo el mensaje a los organismos internacionales de derechos humanos en menos de un minuto.

Cuando en 1995 se creó en Cuba Concilio Cubano, una alianza de más de cien grupos disidentes, la mayoría de las comunicaciones de un pueblo a otro, de una provincia a otra, o de una organización a otra, se hacía telefónicamente a través de nuestra oficina de Miami. Se planeó realizar una especie de congreso nacional en la capital del país para el 24 de febrero del 96, pero Seguridad del Estado se encargó de impedir que los delegados del interior viajaran a La Habana, de sabotear las gestiones para conseguir un lugar apropiado para el encuentro, y finalmente, detuvo a más de cien líderes de la disidencia. Hoy no sería necesario viajar a ningún lugar ni encontrar local alguno para albergar a tantos delegados, porque el lugar de encuentro sería un sitio virtual.

Infoburo dejó de existir en 2004 por varias razones, pero la principal de todas era que ya no era necesario.

Se entiende entonces por qué el poder ha hecho todo lo posible por retardar o impedir el acceso de la población a estos medios, por qué, después de tantos años de extenderse esta tecnología por gran parte del mundo, aún en Cuba la mayoría no disfruta de estos avances. No obstante, estos medios han llegado a quienes tienen que llegar: a muchos estudiantes, a profesionales, académicos, a cuadros intermedios del propio poder y a muchos disidentes. Todos ellos, en definitiva, forman parte de ese pueblo. Según cifras oficiales, hay actualmente casi dos millones de usuarios de internet, lo cual significaría el 20 por ciento de la población, pero no se especifica cuántos de ellos tienen acceso sólo a lo que se conoce como “intranet”, un servicio local restringido. Según algunos estimados, la verdadera cifra estaría cerca del 10 por ciento de la población, lo cual no sería ya una cifra para desestimar su posible impacto.

Todas estas circunstancias están abocando al país a un cambio muy profundo que ni el propio régimen podrá impedir, e implican un desafío, no sólo para el Gobierno sino también para la oposición, porque si no existe poder de convocatoria para canalizar lo que viene mediante un cambio constructivo, podría producirse una debacle social, y tanto uno como otro quedarán desplazados. La oposición deberá unirse con un mensaje inteligente, y el gobierno, aunque pueda aplazar las protestas con artimañas, al final no podrá impedir que se produzcan con la devastación de un tsunami. Si el poder no promueve desde arriba los grandes cambios, los grandes cambios, desde abajo, removerán al poder.


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