Actualizado: 21/03/2019 16:17
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Referendo, Votación, Constitución

Cuba post-referendo: maz(s)a sin cantera

Luego de andar 30 años apoyada “en la amistad fraternal y la cooperación de la Unión Soviética y otros países socialistas”, la dictadura de partido único ha seguido andando 30 años más sin tales muletas

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El tardocastrismo confirmó su Re-Constitución en referendo con la rareza estadística de que el padrón electoral previo a la votación (8.669.714) subió inmediatamente después del escrutinio (9.303.748) y acabó siendo rectificado (8.705.723) por la Comisión Electoral Nacional (CEN) el pasado viernes. La cosa quedó oficialmente así:

ElectoradoVotosNoNulos/BlancoAbstención
8.705.7237.848.3436.816.169706.400325.774857.380

En vez de al padrón rectificado, vamos a ser consecuentes con la filosofía de la sospecha y atenernos al padrón inicial. Si restamos los 634 mil 034 electores a deshora [1] al número de votantes por el SÍ, la cosa quedaría como sigue:

ElectoradoVotosNoNulos/BlancoAbstención
8.669.7147.848.3436.182.135706.400325.774821.371

Así y todo, el favor electorero de la revolución sería del 71,3 % del electorado y la contra tendrá que seguir arreando con la tiranía de los números en virtud de esta regla democrática: “En la votación, la minoría no tiene derechos; los perdedores son eliminados y basta” [2].

Un cuarto de siglo electoral

Repasemos la historiología de la contra —quienes no fueron a votar [Yo No Voto] o votaron NO, anularon o dejaron la boleta en blanco [Yo Voto No]— para espantar los guayabitos en la azotea que propician el embullo con que “hechos trascendentales [van a ocurrir] en el corto espacio de un año o dos”, la nueva constitución “será la de menor tiempo de duración en la historia de Cuba” y demás adivinaciones del anticastrismo tardío ilusionado.

Vamos a examinar el tracto histórico de la contra en las elecciones parlamentarias [3] desde que Fidel Castro tuvo la ocurrencia, al filo de la recesión denominada período especial, de que los diputados a la Asamblea Nacional se eligieran directamente por distritos electorales, tal y como los representantes en USA. Aquí suponemos, gratia arguendi, que la causa eficiente de todas las abstenciones fue el rechazo al gobierno.

.ElectoradoContra%Yo Voto No%-CYo No Voto%-C
19937.886.039599.0367,6565.36194,4033.6755,60
19988.064.205663.9598,2530.98379,97132.97620,03
20038.313.770509.8696,1313.25361,44196.61638,56
20088.495.577656.2197,8392.00759,74264.21239,26
20138.669.4571.284.93514,8493.38438,40791.55151,60
20188.639.9891.712.94819,8412.85024,101.300.09875,90
R8.705.7231.889.55421,81.032.17454,63857.38045,37

Nótese que Yo Voto No [YVN] fue el componente mayoritario de la contra [C] hasta el salto de Yo No Voto [YNV] en 2013, que sobrevino de nuevo en 2018, pero cayó en el referendo, a pesar de la campaña de la llamada línea dura.

Nadie se llame a engaño. El abstencionismo engloba disidencia y retraimiento. La prevalencia de este último pasa a diario por delante de nuestras narices: pese a la contra milloneta, ninguna tángana opositora tiene apoyo masivo. El abstencionismo kubizhe es más bien indiferencia que militancia. YNV no es oposición de línea dura, como se pregona, sino extraviada, pues toda abstención forja indefectiblemente cierta apatía constructiva a favor del statu quo [3].

Nótese también cómo la contra dista de seguir la curva exponencial u otro patrón clásico de crecimiento [4]. La contra-inteligencia del anticastrismo tardío ilusionado alegará que todas las cifras oficiales son falsas, pero no hay ciencia ni arte alternativos para medir la fuerza numérica de la contra por las alegaciones de sus voceros ni por las calenturas de opinantes o tertulianos.

Al estilo de Castro podemos sacar la cuenta más conveniente. Si la hipótesis sobre la mayoría electoral de la contra a partir del salto de un referendo (1976) al otro (2019) indicaba que la esperanza estadística andaba por casi medio siglo más bajo el castrismo, el crecimiento del 2 % de la contra de 2018 a 2019 indicaría tan sólo 15 años de espera. Sin embargo, las hipótesis estadísticas son apenas hipótesis. Y como hacer predicciones es muy difícil, especialmente cuando se trata del futuro de Cuba, vayamos a la premisa esencial de toda oposición política: saber bien con quienes se cuenta.

Isla de corcho castrista

Luego de andar 30 años apoyada “en la amistad fraternal y la cooperación de la Unión Soviética y otros países socialistas”, como trompeteaba la Constitución de 1976, la dictadura de partido único ha seguido andando 30 años más sin tales muletas en la Isla de Cuba pintoresca. Toda hipótesis estadística palidece ante la inferencia que pudiera hacerse a partir de la falta crónica de indicios racionales de contrarrevolución emancipadora.

  • No hay indicios de que ningún exiliado recurve en yate para dar guerra de guerrillas, como en 1956. Ni de que, entre los insiliados, un general penetre de madrugada en un cuartel, como en 1952, o un civil ataque otro, también de madrugada, como en 1953. Tampoco hay indicios de que una huelga de boteros o bici-taxistas, carretilleros o cocheros, artistas u otros gremios propicie que el ejército retire su apoyo al presidente y USA meta sus narices en el problema kubizhe como en 1933.
  • No hay indicios de que una suerte de Pinochet se atreva a jugársela en plebiscito ni de que la mayoría diga NO, como pudo hacerlo en este referendo. Ni de un Gorbachov en el Buró Político que promueva reestructuración y transparencia. No hay un muro que tumbar —sino la maldita circunstancia del agua por todas partes— ni un Krenz de la Juventud Comunista que venga a sustituir a un Honecker del Partido. Tampoco hay indicios de conspiración de viejos comunistas para desbancar a otro más viejo, como sucedió con Todor Zhivkov, ni de que un comando vaya a volar a un Carrero Blanco y un rey eche mano a cierto Adolfo Suárez.
  • No hay indicios de que la oposición tenga un Walesa que se encarame en una cerca para agitar a miles de huelguistas ni un Popieluszko (con o sin hábitos) cuya muerte indigne a las masas indiferentes. Ni un Havel que negocie con el gobierno, porque no hay ninguna Plaza Wenscelao repleta de manifestantes con memoria de un tal Palach que allí se dio candela. Ni un Nagy muerto a quien honrar ni un Kadar que se muera para honrar a Nagy. Ni un pastor Tőkés que dé sermones con tono de revuelta en tal o cual Timisoara ni una multitud que abuchee a un Ceauşescu que salga al balcón. Ni mucho menos un helicóptero que se lo lleve de pronto para fusilarlo.

En la Isla de Cuba pintoresca, la oposición ha sido hasta ahora un instrumento sin mejores resplandores / que lucecitas montadas para escena.

Coda

Así, el tardocastrismo puede durar 60 años más reconstituyéndose a su entera discreción.

Notas

[1] Así, la CEN habría seguido así al republicanismo kubizhe original. En la república, la primera elección presidencial (1905) desembocó en guerrita civil tras alzarse la bandería liberal. Los enviados especiales del presidente americano Teddy Roosevelt aprendieron una lección ejemplar de cubichería con Fernando Freyre de Andrade, Secretario de Gobernación del presidente reelecto Tomás Estrada Palma: “Le preguntamos por qué en las listas electorales había 150.000 electores de más de los que tenían derecho a votar en toda la Isla; nos dijo que esto quizás fuera cierto, pero que era imposible celebrar elecciones en Cuba sin fraude y los funcionarios que fueron elegidos para la inscripción, al saber que los liberales no iban a inscribirse, impulsados por espíritu de travesura, habían aumentado las listas”. Cf.: Duarte Oropesa, José: Historiología cubana, Ediciones Universal, 1974, II:165.

[2] Sartori, Giovanni: ¿Qué es la democracia?, Taurus, 2003, 136 s.

[3] Para mejor proveer sobre patrones clásicos de crecimiento (lineal, exponencial y potencial), repasar el cursito recreativo Introducción al análisis gráfico.

[4] Vid.: Schubert, Louis, Thomas Dye y Harmon Zeigler: The Irony of Democracy, McGraw Hill, 2015. También Hirschman, Albert Otto: Exit, Voice, and Loyalty, Harvard University Press, 1990. Abstenerse [Exit, abandonar el juego político] dista mucho de ser oposición genuina. El juego estratégico se decide por la correlación de fuerzas entre lealtad [Loyalty] y disidencia [Voice].


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