Actualizado: 15/02/2019 14:21
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Castro, Prensa, RTV Martí

RTV Martí: Historia en curda

Parece que el presupuesto millonario de Radio y TV Martí no alcanza para verificar hechos

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Al publicitar la serie de RTV Martí Cuba: 60 años, que se presentaba el sábado 12 a las 11 de la mañana en el Teatro Manuel Artime (Pequeña Habana), El Nuevo Herald se volvió hazmerreír para la audiencia informada por principiar con esta versión del cuento de esa gloria de Cuba y vergüenza del exilio [1] que todavía se llama Luis Conte Agüero:

“Fidel Castro estaba en la Sierra Maestra y tenía un mensaje para Juan Almeida. Celia Sánchez era la encargada de llevarlo. La treta era que Celia convenciera a Almeida de que Castro no podía entrar en combate porque ‘la muerte de él sería la muerte de la revolución’. Almeida tragó el anzuelo y le dijo a Castro que no podía pelear. El líder aparentó estar muy molesto, pero ‘le hizo caso’ y no peleó. Dicen que de esa época datan las fotos de Castro con el fusil de mira telescópica... para mantener la distancia”.

Esta anécdota viene muy bien al bar del restaurante donde Conte Agüero canta[ba] tangos, pero sólo el ejercicio rastacuero del periodismo puede explicar que, con tantas cosas para desacreditar a Castro, algo así saliera por RTV Martí, que se vende “como fuente confiable y autorizada de información precisa, balanceada y completa para el pueblo de Cuba”. Parece que su presupuesto millonario no da para verificar hechos (fact-checking).

Dicen que

Castro apareció ante el mundo con fusil de mira telescópica en la foto que ilustra este artículo y acompañó al primer reportaje de Herbert Matthews (NTY, 24 de febrero de 1957) en la Sierra Maestra. La foto data del 17 de febrero y el día anterior Castro había conocido a Celia en la finca de Epifanio Díaz, sin que hablaran de otra cosa que de refuerzos, armas y balas [2].

Conte Agüero nunca estuvo con Castro ni Celia ni Almeida en la Sierra Maestra. Así que cuenta de oídas, sin decirnos de quien oyó, o mete esta guayaba de cartón para fruición propia y de la gente que se traga cualquier cosa contra Castro, aunque venga de personajes tan pícaros y habilidosos como Castro mismo. Sólo la ignorancia y la estupidez dan cabida a que Castro se haya confabulado de tal modo con Celia en contra de la dinámica de pandilla urbana que él mismo había trasplantado a la guerrilla serrana.

Para que el jefe no entrara en combate, esa dinámica exige que la pandilla se apee entera o al bulto con tal petición. Jamás se habría justificado, como afirma Conte Agüero a principios de la serie, con que así lo “pide y exige (…) el más importante de los combatientes”. Aquí la mentira es descarada. Almeida distaba de semejante importancia. Vino a ascender a comandante sólo después que sonara la campana que quizás oyó Conte Agüero y se apresuró a distorsionar para servir en bandeja otra aberración exiliar a la agitprop castrista.

Esa campana es la llamada carta-resguardo del 19 de febrero de 1958, que Camilo Cienfuegos escribió tras el segundo combate de Pino del Agua y firmaron 39 pandilleros más, encabezados por el Che, quien era comandante desde el 21 de julio de 1957. La carta guataquea a Castro con la “apreciación que tiene la tropa respecto a su concurrencia al área de combate” y el ruego de que “deponga esa actitud siempre asumida por usted, que inconscientemente pone en peligro el éxito bueno de nuestra lucha armada” [3].

Hubiera sido mucho mejor lucubrar que Castro se confabuló con el Che para zafarse de los combates, pero ni Conte Agüero ni RTV Martí dan para eso. Tal elucubración tendría incluso apoyo en la lógica instrumental con que Castro discernía entre dirigir y combatir. El 16 de febrero de 1958, poco antes de abrirse fuego en Pino del Agua, Castro había comunicado por escrito al “Che: Si todo depende del ataque por este lado, sin apoyo de Camilo y Guillermo [García], no creo que deba hacerse nada suicida, porque se corre el riesgo de tener muchas bajas y no lograr el objetivo. Te recomiendo, muy seriamente, que tengas cuidado. Por orden terminante, no asumas posición de combatiente. Encárgate de dirigir bien a la gente que es lo indispensable en este momento” [4].

De más está decirlo

Al margen de la especulación barata, el quid histórico radica en que el Che mismo tachó la carta-resguardo de “un tanto infantil” y agregó: “No mereció ni una leída de su parte y, de más está decirlo, no le hizo el más mínimo caso” [5]. Para desmentir esta historia oficial hay que probar que Castro “no participó en combate alguno”, como dice Conte Agüero. Tal cometido requiere fact-checking del minucioso relato de Castro [6] sobre cómo desbarató la ofensiva de Batista en el verano de 1958 sin mediar traición de Kennedy ni ayuda de Jrushchov.

De más está decir que RTV Martí no procedió al fact-checking del libro de Castro ni del cuento de Conte Agüero. Y como la verdad histórica no es castrista ni anticastrista, la vindicación de la historia de Cuba no puede darse con historietas Pototo-Filoménicas que regalan al aparato de agitprop tan mentiroso del tardocastrismo la oportunidad de bajarse con verdades.

Tal y como enseñó el finado Dr. Antonio de la Cova, una mentira en el relato histórico da pie a formular, como hipótesis de trabajo, que detrás vienen otras. Y una mentira tan gorda como esta de Conte Agüero en el octavo minuto de la serie, sugiere que Cuba: 60 años viene cargada con más errores que erratas en la edición mexicana de Paradiso (1968).

Eso hay que advertirlo, aunque los comecandelas por Internet se berreen y tilden al mensajero de agente castrista. El único efecto que surten dentro de Cuba las falacias con ridículo disfraz de historia no es otro que divertir a los funcionarios del régimen emplantillados para analizar los “programas del enemigo”, así como sosegarlos con la convicción de que los mejores agentes castristas en el exilio no son las avispas, sino la ignorancia y la estupidez. Con enemigos como RTV Martí [7], el castrismo puede arreglárselas más fácil que como hizo con Radio Swan.

Coda

El director de la Oficina de Transmisiones a Cuba, Tomás Regalado, declaró a El Nuevo Herald que todos saldrían impresionados del teatro “si tienen la paciencia de estar sentados tres o cuatro horas, [ya que] se reivindica al exilio por su lucha constante”. Aparte de presentarse teatralmente con más duración que la tercera parte de la película rusa Liberación (1970), la serie refleja confusión de sentimientos. Antes que cumplir con su propósito fundacional de “proporcionar al pueblo cubano noticias e información”, RTV Martí parece estar cayendo en la embriaguez de ser la voz del exilio que se escucha a sí mismo para oír nada más que cositas que quiere o gusta de escuchar. A Cuba le tocó perder.

Notas

[1] En Cuba, Conte Agüero llegó a ser “la voz más alta de Oriente”; en EEUU quedó rebajado sin remedio a falso líder por Felipe Rivero: “Luis Conte Agüero, locutor y líder de Centinelas de la Libertad, se ha pasado siete años dando conferencias. Los Centinelas no existen. Cada vez que recibe una carta [de Cuba], el remitente es un centinela”. Cf.: “Cuban Exile Rivero Raps False Leaders”, The Miami Herald, 29 de septiembre de 1966. Por suerte para Conte Agüero, buena parte del exilio tiene la memoria histórica de un gallo.

[2] Carlos Franqui: El libro de los doce, Instituto del Libro, 1968, 82 s.

[3] Ernesto Guevara: Pasajes de la guerra revolucionaria, Ciencias Sociales, 1985, 71.

[4] Ibidem, 70.

[5] “El segundo combate de Pino del Agua”, Verde Olivo, 19 de enero de 1964.

[6] La victoria estratégica, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2010, 855 pp.

[7] “No somos un instrumento de reconciliación”, precisó Tomás Regalado a la publicación OnCuba, que tiene su sede en Miami y corresponsalía en La Habana.


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