Actualizado: 18/10/2019 17:37
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Economía

Teoría de un desastre

El debate oficial sobre la economía socialista tiene más de galimatías que de honestidad conceptual.

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TEMA: Un 'debate' por decreto

Algunos expertos han vuelto a hablar en la prensa sobre la mala calidad de los servicios en Cuba. Nada más bizantino.

"Hay evidencias de inconstancia, desorganización, inestabilidad e irrespeto al consumidor", enumeró el doctor Carlos García Valdés, citado en un reportaje del periódico Juventud Rebelde bajo el título de "Tenderle un cerco a la inconstancia".

¿Alguna novedad en sus apreciaciones? No. Más o menos las mismas palabras pueden ser halladas en la prensa de hace un cuarto de siglo o tal vez más.

La gente está harta de leer cosas como esas. Ha sido el pan diario de la ideología y las lecciones cotidianas de un país que se hunde entre grandes victorias.

Tampoco pretenden que estén en línea con Martha Beatriz Roque, una economista a quien llaman "la dama de hierro de la disidencia interna". Tal es su carácter desafiante, para otros bilioso.

"El gobierno debe tener valentía política para decirle al pueblo que el sistema es un fracaso", reclama la ex prisionera política al comentar el discurso de Raúl Castro el pasado 26 de julio, en el que enlista una serie de calamidades económicas.

El pedido de Roque es un mea culpa que jamás tendrá lugar. Sin embargo, los expertos citados en el periódico se atreven —en el plano teórico— a dar ciertos pasos tímidamente inquietantes.

El propio García Valdés, profesor de la Escuela Superior del Partido Comunista, tenida como uno de los templos ideológicos de la Isla, habla que los males citados "tienen en su base más profunda debilidades en las relaciones de producción de carácter socialista".

No es el tipo de cosas que complacería a la economista disidente, pero suena como si la ortodoxia estuviera abriendo su duro caparazón de dogmas a ciertas realidades tan permanentes como irresueltas.

Si tales "debilidades" son fallas sistémicas del socialismo o males superables es algo que no aclara el doctor García Valdés, quien tiene a bien protegerse de sus arrestos intelectuales diciendo que "deben resolverse dentro del mismo sistema… perfeccionando sus mecanismos y métodos".

Un experto en sociología política, el doctor Darío Machado, cree que para superar tales problemas "tiene que haber un conjunto de elementos que favorezcan la permanencia de las cosas".

Machado, igualmente profesor en centros de altos estudios, ofrece los ingredientes de un escenario eficaz.

"Además de que las personas se sientan estimuladas salarialmente, debe haber compromiso, responsabilidad y competencia, pero competencia en el sentido socialista, o sea, emulativa y con resultados concretos".

Machado sabe que lo que propone es lo ideal, no lo real. En la concreta, lo que pinta son castillos en el aire.

Están en minoría los que en la Cuba de hoy asumen el trabajo como un compromiso y una responsabilidad, y mucho más los que se entregarían a una competencia para demostrar una "vitalidad moral" que sólo brota en la ficción retórica de los medios.

"La gente hace como que trabaja y el gobierno hace como que le paga", resume un modo popular de entender un pacto social que ha conducido al marasmo económico y a la enajenación reinante entre los trabajadores y el Estado, y algo peor: ante el trabajo mismo como un hecho de creación y dignidad humanas.

El doctor Rafael Alhama ataja la cuestión con una pregunta que sólo consigue responder con otra pregunta. Tal es el grado actual de perplejidad en los investigadores, que no produce mínimas certezas.

"La responsabilidad… ¿por qué es rechazada o no se asume muchas veces? ¿No será porque se percibe de manera distorsionada?

Coautor de libros como Dimensión social de la empresa y Perfeccionamiento empresarial. Realidades y retos, Alhama reconoce que en una sociedad como la cubana "sigue habiendo separación entre los intereses particulares individuales y el interés común, no ya a nivel de sociedad, sino incluso a nivel de colectivo".

Según este investigador, muy a tono con la propuesta oficial del perfeccionamiento empresarial como alternativa al tradicional desatino económico, la falta de constancia no es, ni en mucho, una pieza independiente del gran engranaje a reconstruir.

"Es reflejo de la baja productividad del trabajo, las indisciplinas laborales y sociales, la apatía de las administraciones, la falta de creatividad, el burocratismo, etcétera".

Para la mayoría de los cubanos, en el paisaje trazado por Alhama se reconocen las fallas que han reventado los sueños de muchos. Otros acuden a una frase favorita para describir la parálisis que el sistema ha conseguido como equilibrio.

"Esto no lo tumba nadie, pero tampoco lo arregla nadie", alegan buscando resignación, mientras —qué otra cosa puede suceder— la vida pasa.


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