Actualizado: 19/06/2024 16:42
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Represión

Tras la pesadilla...

El calvario del opositor Alexis Pérez Ricardo, apaleado hasta la saciedad por tres 'cederistas' una noche de carnaval del año 2004.

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Inutilizada la hélice del bote que para escapar de Cuba construyeron con bidones laminados, y tras ser socorridos por el Freedom II veinte millas al sur de la isla de Andros, Stephenlee era un milagro de Dios. A punto de convulsionar debido a su hipertensión, a Dayamí le practicaron cesárea el 13 de noviembre de 1995. El niño nació pesando 1.325 gramos, en la ciudad de Nassau, Bahamas, y salvó la vida gracias a los cuidados especiales del Princess Margaret Hospital.

Cinco meses después, Steve Thompson y Al Lee, padrinos del pequeño bahamense, lo vieron partir de Nassau en brazos de sus progenitores repatriados. Estaba llamado a ser el relator de la emboscada que dejaría tullido por el resto de sus días a su padre, el opositor Alexis Pérez Ricardo.

Antecedentes

Emboscados en la oscuridad, Rafael Guerrero Cera, José Pino Pupo y Luis Romero Cruz, activistas de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), permanecían ajenos al carnaval, que a esa hora fulguraba multicolor.

Según reconocieron ante la jueza que absolvió al primero de un delito de lesiones graves, la noche antes habían tachado un muro con símbolos de la revolución. Su tarea como "cederistas" era impedir otro desacato, cuando vieron entrar a dos personas en la calle.

En la oscuridad de sus pesadillas, Stephenlee ve monstruos que traspasan los sueños. En escena entra una figura de cabezota aplastada, un hombre rechoncho apodado Tostón, su vecino. Stephenlee lo recuerda con una carabina en las manos, apuntándole a su papá. Cuando el cabezudo se difumina, en su lugar aparece un perfil lloroso y reprobador, el de su madre.

"¡Por favor, Stephe… pórtate bien! Tu papá no está en el campo. Mientras dormías vinieron cinco policías en un carro y dos más en motocicletas y se lo llevaron. Hoy hace seis días que tu padre está en huelga de hambre. Stephe, estoy a punto de enloquecer", lo reprende Dayamí.

La historia clínica ambulatoria del chico es una libreta escolar de hojas amarillentas. Con letra apretada, un psiquiatra ha escrito profusamente desde el 28 de abril de 2001. Describe a un niño bueno, obediente, con buena dinámica familiar, y buen aprendizaje y disciplina.

Stephenlee es un niño blanco, espigado. El psiquiatra lo llama el Inglesito.

"Stephenlee…, pero ese Pérez te mata", bromea el especialista con el chico, añorante de su tierra, a donde no podrá regresar hasta cumplir dieciocho años.

"¡Estirpe, Estirpe, Estirpe!", lo llaman profesores y alumnos en la escuela donde cursa el séptimo grado.

"¿Por qué lo llaman así?".

"Es difícil pronunciar su nombre".

"¿Quién fue el líder de la revolución vietnamita?".

"Humm… Ho, Chi, Minh… ¡Jochimín!".

El 5 de noviembre de 2004, dos días antes de ser reprimidos Pérez Ricardo y su hijo, el psiquiatra reseñó en la historia clínica del niño: pesadillas, escenas de terror, necesidad de dormir con la luz encendida, así como la preocupación del padre ante la inseguridad del hijo, y una remisión a la consulta del psicólogo, a quien Stephenlee confesaría: "Yo de noche veo monstruos y tengo miedo".

Los hechos

Los monstruos aparecerían en la calle pasadas las diez de la noche del 7 de noviembre de 2004. Luego del chico divertirse con el desfile de carrozas, los fuegos artificiales y el juego de azar, donde la suerte le sonrió, una ficha le proporcionó un caramelo y otra ¡un jabón de tocador!, bromistas padre e hijo regresaban a casa tomados de la mano, cuando observaron a sus tres vecinos acuartelados en la noche. Ellos dicen que él los ofendió primero, Pérez Ricardo señala que les escuchó y ripostó:

"Por ahí viene el gusano".

"¡Gusano…! ¡Yo lo que me c… en Fidel Castro y en todos los comunistas!", dijo Pérez Ricardo.

Stephenlee comenzó a vivir una de aquellas pesadillas, pero sin el amparo de su madre. En la oscuridad de la calle el padre era acorralado. El niño vio situarse delante al tal Pino, a la derecha, el cochero Luis Romero, y a la izquierda quedó Rafael Guerrero, el jefe del Comité, que hablaba de gusanos. "Gusanoooooo", dijo Guerrero, y Stephenlee vio a su papá impactar un puñetazo en la cara de Pino, que se volvió y lo golpeó con un palo. En el instante en que Pérez Ricardo caía, Stephenlee vio un movimiento raro: un hombre se volvió y arrojó la estaca al otro lado del cercado.

Fufufufufuuuuu, aleteó el garrote, aterrizando en el patio de Pino. Cuando Stephenlee apartó la vista, su papá estaba tirado en el suelo, sujetándose la cabeza con las manos para evitar los golpes.

Stephenlee agarró una piedra, arrojándosela a Pino, pero el hombre dio un empellón al chico, que fue a dar contra un poste. Sujetándose, Stephenlee se incorporó, echando a correr hacia su casa, a donde llegó en un soplo gritando a su madre: "¡Corre, están matando a papá!". Dayamí sintió como si las palabras de su hijo brotaran de las olas.


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