Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Gobierno, Asamblea Nacional, Parlamento

Un gobierno que se esconde 360 días del año

Dos veces y cuatro días se reúne el Parlamento cubano al año. La política doméstica se oculta el resto del tiempo

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Creo que la llamada excepcionalidad cubana se reduce a los cinco o seis días del año en que la prensa “entera” a la ciudadanía de las gestiones del gobierno.

Es evidente que esto no ocurre en el resto de los países del mundo salvo en Corea del Norte que de lo único que nos enteramos —por la prensa occidental— es de las denuncias de los campos de trabajo forzoso y de las hambrunas que testimonian sus sobrevivientes. O de las amenazas de Kim Jong-un con la carrera armamentista o la Tercera Guerra Mundial.

Lamentablemente en estos días el gobierno cubano manda al vicepresidente Díaz-Canel a dar el espaldarazo a la monarquía hereditaria de los Kim en su juego geopolítico. Piensan que solidarizándose con los gobiernos más flagrantes violadores de los derechos humanos, adquieren alguna fuerza simbólica de persuasión frente a Occidente, o real, como la compra de misiles aire-aire al gobierno de Putin para 2016.

La agenda de Putin, de utilizar la fuerza y la bravuconería en las relaciones internacionales, sigue siendo el referente para los militares cubanos “históricos”, aunque no puedan pronunciarse abiertamente porque saben que no serán respaldados incluso por los tímidos presidentes latinoamericanos que “viran la cara” frente a los atropellos de derechos humanos en Cuba y Venezuela, pero tampoco estarán dispuestos a soluciones de fuerza en un momento de distensión, cambio de política de la administración Obama, escándalos de corrupción política interna y una recesión por la caída drástica de la demanda de sus materias primas. La democracia, aunque sea maltrecha, los salva del “delirio” geopolítico cubano, porque están obligados —ellos sí— a rendir cuentas a sus ciudadanos.

Por la prensa coreana, nos enteramos de lo mismo que nos enteramos por Granma: cuantos “notorios” visitantes extranjeros visitan a Cuba, cuantos talleres y cooperativas cumplen con “el plan”, cuantas veces Machado Ventura o Ramiro Valdés visitan una empresa y el regaño correspondiente de “producir más”, como si los llamados ideológicos hubieran tenido alguna vez, algún efecto económico. Cuantos eventos afines a la política del gobierno se celebran en Cuba o a nivel internacional, en un derroche de recursos del erario público que nadie controla y sobre lo cual nadie rinde cuentas. El país parece que se mueve pero es solo una ilusión óptica.

Como en los chistes soviéticos de la época de Brezhnev: éste sentado en un vagón aislado y los técnicos pasando a todo correr distintos paisajes escenográficos por las ventanas para dar la ilusión del movimiento. Se filma y parece que se mueve.

Cuba está en una recomposición económica y política pero no estructural. Esto significa que los controles totalitarios sobre las personas, los bienes y sobre el territorio siguen en pie con algunos “maquillajes cuentapropistas” y muchos distractores como la visita del Papa o las negociaciones “en pausa” con EEUU y las también “en pausa” con la UE. Proponer “orden de agendas de discusión” no significa avances negociadores en ningún lugar del mundo. Salvo para la vocera oficial Josefina Vidal.

En julio, dos días de sesión del Parlamento y dos en diciembre, sirven para que la ciudadanía se entere de los titulares de lo que se discute con muy poca información, o una información lo suficiente sesgada para que el ciudadano no se entere en realidad de todo lo que no hace el gobierno. Esta magra información, y la prensa maniatada nos hace el pueblo más desinformado del planeta sobre su propia realidad[1].

Un Consejo de Ministros para impulsar nuevas medidas de control y puede ser que un segundo Consejo de Ministros en el año si tenemos suerte como ciudadanos. El resto del tiempo el gobierno se esconde y no rinde cuentas de su trabajo.

El régimen ya tiene por costumbre dar alguna información sesgada cinco o seis días al año por la prensa, a pesar de que cada nueva fecha de reunión del Parlamento, tenga la demanda mayoritaria —en medios oficiales—, y de los comentaristas, sobre pasar en vivo y por la televisión nacional las discusiones del Parlamento, como pasa en todos los países restantes del planeta[2]. Han pasado nueve años del “nuevo” gobierno de Raúl Castro, y “el cambio de mentalidad” y la crítica al “secretismo” siguen siendo promesas incumplidas como tantísimas otras. El gobierno pretende que nos sintamos satisfechos por tener alguna medidita liberadora, como la sesgada nueva ley Migratoria (diciembre 2012) o la venta de automotores (diciembre 2013) como regalitos de fin de año octogenarios para levantar el “entusiasmo” popular y luego decepcionar a todos precisamente por las aberrantes consecuencias de estas medidas.

Ya comenzaron las “asambleas” a puertas cerradas de las bases del PCC y el objetivo declarado por Machado Ventura es “analizar el cumplimiento de los Lineamientos”, primera acotación al debate e intimidación a los militantes. Fuera de esta agenda preestablecida, las propuestas quedan desechadas. Segunda acotación al debate, es a puertas cerradas con comentarios autolaudatorios en la prensa para que nadie se entere de las discrepancias internas.

Tercer problema del debate, de las 12 demandas de más de 10.000 ciudadanos resultados de la discusión popular de los Lineamientos y publicados oficialmente, solo se han cumplido tres: la ley migratoria sesgada, la venta de casas y la venta de automotores. Esta última considerada “una burla del gobierno”, por la inmensa mayoría de la población[3].

No se ha resuelto la venta liberada de gas para el consumo doméstico. Sigue con altísimos precios y con una oferta demasiado precaria. El mejoramiento de las condiciones de los hospitales y de las condiciones donde trabajan los médicos, sigue siendo una promesa no cumplida. El mejoramiento del transporte público, otra asignatura pendiente. Los salarios paupérrimos para responder a una canasta básica —secretísima— que aumenta cada mes del año.

Los créditos para reparar las viviendas paupérrimos, por el precio de los materiales y la ausencia de mercados mayoristas abastecidos. Mejoría del transporte para el personal de salud y el transporte para las urgencias médicas. Sigue siendo asignatura pendiente. Las ambulancias parecen ser un servicio funerario: llegan cuando los pacientes ya no tienen solución. Reducción paulatina de la cartilla de racionamiento, en realidad esto se ha cumplido. La libreta de abastecimiento sirve para comer una semana de cuatro al mes. Control de los precios no estatales, asignatura pendiente. Los precios de los productos de primera necesidad están taxados con un impuesto del 240 % en las TRD estatales y en el mercado agropecuario todas las semanas suben los precios, fruto de los controles estatales asfixiantes a los productores y una venta de insumos muy cara, de muy baja calidad, y una oferta de insumos y productos demasiado precaria. Otra demanda, la superación y atención a los docentes, los maestros de todos los niveles siguen migrando a otros oficios porque los profesionales siguen siendo los peores pagado en una pirámide invertida de ingresos en la cual suben los salarios nominales en algo pero no sube el poder adquisitivo del salario.

No sé cómo Machado Ventura y el gobierno cubano lograrán convencer a los militantes de los “logros” de un quinquenio de Lineamientos que más recuerdan a los quinquenios negros anteriores que a la solución de los problemas cotidianos más demandados por la población. Veremos en el Granma muchos triunfalismos y sobre todo la palabra

“insuficiente” repetida en todas las noticias, para señalar un “triunfo” pero aún insuficiente. El mismo discurso de hace 56 años.

Eso sí frente a la imperiosa necesidad de créditos frescos, y de inversión económica directa, el Congreso del PCC de abril de 2016, precisará mejor nuevas oportunidades jurídicas y de negocio con inversionistas extranjeros para operar en el Mariel o en coparticipación con empresas estatales. Será otro Congreso más para la autoafirmación inmovilista de la élite política del país.



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