Actualizado: 20/11/2017 9:27
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Deficiencias, Sequía, Prensa

De sequía en sequía

Año tras años aparecen en la prensa oficial cubana noticias sobre una nueva sequía, sin que se analicen a fondo las deficiencias que llevan a tal situación

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En Cuba, más que llover sobre lo mojado, se vive de sequía en sequía.

Durante 2016 se lograron disminuir las pérdidas de agua hasta más de cien mil metros cúbicos e incrementar el nivel de obras hidráulicas certificadas. En tal sentido se debe seguir trabajando frente a la compleja coyuntura de la actual sequía que vive el país, exhortó el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez durante el balance anual del Instituto de Recursos Hidráulicos (INRH), informa Juventud Rebelde.

El informe del balance, presentado por Abel Salas, vicepresidente de la referida institución, señaló varias problemáticas que afectan la labor del INRH, como la falta de exigencia y objetividad en la gestión de los planes de trabajo, la mala planificación de las actividades en consonancia con los objetivos y la falta de una adecuada supervisión durante el proceso de inversión y mantenimiento, de acuerdo al órgano de prensa oficial.

En el encuentro se puso énfasis en temas de alta sensibilidad social, como el mejoramiento del tiempo de servicio del agua, la ampliación del tratamiento a los sistemas de abasto, la mejora del ciclo de limpieza de fosas y la certificación de la contabilidad y estados financieros.

Según se conoció, en 2016 los sistemas de acueductos suministraron agua a más de 2.800 asentamientos poblacionales, lo cual se traduce en un aproximado de 8.035. 000 personas, y a la vez evidencia un aumento total del 2,6 % con respecto a igual período de 2015.

También crecieron la colocación de tuberías y la producción de 3.720 kilómetros de tuberías de polietileno de alta densidad, los cuales ahorraron al país alrededor de 2,6 millones de pesos en moneda libremente convertible.

Yanet Triana Cobas, delegada del INRH en Santiago de Cuba, una de las provincias más afectadas con la actual sequía, explicó que la llegada del agua a los hogares puede oscilar entre 16 y 25 días, y llega hasta 60 en las zonas más críticas. Apuntó que se trabaja en la ejecución de conductoras e interconexiones emergentes, en un intento por solucionar esa necesidad de la población, de acuerdo al diario.

El problema con todos estos datos y cifras, es que año tras año se leen en la prensa y la situación continúa sin grandes mejoras.

En enero de 2011, Granma señalaba la existencia de un “notable descenso” de los volúmenes acumulados en fuentes de abastecimiento subterráneas y superficiales, debido a la sequía de los últimos dos años y al mal funcionamiento de un acueducto “deteriorado por el paso del tiempo”.

“Por la gravedad de la contingencia, se valora la posibilidad de cortar el servicio a los que sobrepasen el consumo planificado”, advertía Granma, con una insistencia a reducir el consumo en el sector estatal y “sensibilizar” a la población para “extremar las medidas de ahorro”.

Seis años más tarde se vuelve al mismo señalamiento de la necesidad de aumentar la “eficiencia” y de nuevo se menciona la “falta de exigencia” y la “compleja coyuntura”.

Para paliar la situación en 2011, el Gobierno cubano destaca la intención de construir varias conductoras para mejorar la entrega de agua, instalar válvulas, perforar pozos, rehabilitar las redes en mal estado, suprimir fugas en campos de pozos y grandes conductoras.

Al igual que ahora, frente a la sequía de 2011 la prensa oficial enfatizaba un esfuerzo por parte del Gobierno para mejorar las redes de abastecimiento. Pero tanto hoy como ayer ese afán resulta dudoso, por decir lo menos.

Dudoso no por un afán ideológico de ver solo lo malo en Cuba, sino por un inevitable enfrentamiento con la realidad del país.

Es algo que viene ocurriendo año tras año.

Un cable de la agencia Associated Press, del 15 de mayo de 2007, informaba que las redes de acueductos, en particular las de la capital, serían rehabilitadas tras años de servicio ineficiente que incluso provocaba la pérdida de hasta el 55 % del líquido bombeado, de acuerdo lo publicado en los medios de prensa del país.

El programa, inaugurado por el entonces vicepresidente Carlos Lage la víspera, permitirá desde 2007 a 2011 la reparación en La Habana de unos 2.032 kilómetros de estas cañerías, según lo que publicaba Juventud Rebelde.

La información cablegráfica añadía que, para llevar adelante el plan, se contaba con un financiamiento de 60 millones de moneda libremente convertible y la participación de cuatro empresas ejecutoras: la Constructora de Recursos Hidráulicos, los contingentes Blas Roca Calderío y Raúl Roa y Aguas de La Habana.

También la información añadía que los escapes de agua y las viejas cañerías son uno de los principales problemas que enfrenta la Isla, pues el líquido no llega a los hogares y se desperdicia, mientras los periodos de sequía afectan este recurso limitado.

En igual sentido, agregaba que la rehabilitación se extendería hasta las provincias de Las Tunas, Camagüey y Holguín.

Ahora aparece en Juventud Rebelde que “la llegada del agua a los hogares puede oscilar entre 16 y 25 días, y llega hasta 60” en algunas zonas de Santiago de Cuba.

Pues bien, ¿dónde están las reparaciones, los millones invertidos y las empresas ejecutoras? Porque hasta ahora lo único cierto en ambas informaciones de prensa es que hay sequía, salideros y que no hay agua.

Si en 2007 alguien pudo tener esperanza de que para 2011 el problema podría estar aliviado al menos en parte, ahora, en 2017, se enfrenta a la realidad de que la situación persiste.

Hay una forma efectiva con la que se desenmascara a la prensa oficial cubana, respecto a las mentiras, medias verdades y manipulaciones que, sobre la situación nacional, se publican a diario, y es simplemente comparando las informaciones de hoy con las de un tiempo atrás.

En un reportaje del 21 de enero de 2011, al tiempo que se señala que en el plan de inversiones aprobado para ese año se habían destinados catorce millones de pesos para la ejecución de diversas obras dirigidas a mitigar el efecto de la sequía sobre el estado de las fuentes y la distribución de agua, no aparecía el menor intento de analizar los posibles resultados y lo que significa ese plan de inversiones. Tampoco de señalar que las cifras de inversiones resultaban insuficientes en extremo frente al problema existente. Tales deficiencias pueden señalarse respecto a lo publicado en Juventud Rebelde el 17 de marzo.

De forma sistemática la prensa oficial de la Isla sigue ocultando información o dándola a conocer a medias. Que aparezcan con cierta frecuencia reportajes e informaciones que señalan algunos de los problemas que sufre la población cubana resulta un avance, pero se trata de una simple gota en un océano de despilfarro, mala organización y desidia.


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