Actualizado: 23/09/2018 1:39
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Trump, Medidas, Cambios

Medidas de Trump afectan al cubano de a pie, no a las empresas de EEUU

“En realidad no es mucho”, dice un exfuncionario del Gobierno de Obama. “Si se leen los cambios generales a lo que implementó Obama, es quizás un 5 %, quizás menos. No es nada importante”

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Cuando el Gobierno del presidente Donald Trump anunció las nuevas regulaciones sobre Cuba, eso provocó nerviosismo en Washington sobre el posible regreso a una postura no vista desde la Guerra Fría. Pero ahora la comunidad empresarial norteamericana comenta a puerta cerrada que, después de todo, las cosas no han cambiado mucho, informa un artículo de Franco Ordóñez en el Nuevo Herald.

De hecho, lo que Trump parece haber logrado es dificultar a los estadounidenses de a pie conocer a los cubanos de a pie, al tiempo que deja la puerta abierta para que los intereses empresariales ganen dinero en la isla.

“El Gobierno de Estados Unidos en realidad ha facilitado a las compañías norteamericanas relacionarse directamente con el sector privado cubano”, escribió el U.S.-Cuba Business Council, de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, en una nota privada a sus miembros, a la que McClatchy tuvo acceso. “Específicamente, la regla simplifica y amplía la capacidad de las compañías estadounidenses para exportar directamente al sector privado cubano, cooperativas agrícolas privadas y emprendedores privados”.

Muchos republicanos, entre ellos algunos que querían que Trump hiciera más estrictas las normas del acercamiento a Cuba, concuerdan. Buena parte de la delegación cubanoamericana de la Florida en el Congreso, entre ellos el senador Marco Rubio y los representantes Mario Díaz-Balart e Ileana Ros-Lehtinen, ofrecieron sólo un apoyo tibio a las nuevas normas y culparon a los “burócratas” de diluir las medidas.

El Gobierno federal, dijo el asistente de un legislador republicano, “cedió a los intereses empresariales”.

“Debido al hecho de que en el Gobierno no hay muchas personas que conocen y entienden la situación en Cuba, fue muy fácil para el sector empresarial engatusar a algunos de los funcionarios del Gobierno”, dijo la fuente.

Según las nuevas reglas, los intercambios pueblo a pueblo están prohibidos. Los estadounidenses que deseen ir a la Isla a conocer cubanos tendrán que viajar en grupos acompañados por un representante autorizado de la organización que patrocina el viaje. Los norteamericanos también tienen prohibido hacer negocios con 180 entidades vinculadas con las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia cubanos, incluidos 83 hoteles, tiendas, marinas, agencias de turismo, industrias, e incluso dos fabricantes de ron de propiedad estatal. Las compañías estadounidenses tampoco pueden invertir en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, que Cuba considera crucial para su futuro comercial.

Todo eso parece ser mucho, pero los cabilderos, asesores y abogados que representan a las compañías que hacen negocios en Cuba dicen que la lista en realidad es más bien estrecha y se concentra en el sector turístico. E incluso así, no afecta a algunas marcas turísticas clave.

Kezia McKeague, quien se ocupa de los asuntos relacionados con Cuba en el bufete de asesores McLarty Associates, dice que incluso la prohibición de transacciones con entidades dirigidas por los militares incluye amplias excepciones si la empresa en cuestión puede alegar que beneficia al pueblo cubano más que al Gobierno.

El Gobierno de Trump ha redactado normas que asustan a los viajeros estadounidenses y líderes empresariales no comprometidos, a la vez que mantiene el acceso para las compañías que realmente quieren esas relaciones, dijo John Kavulich, presidente del US-Cuba Trade and Economic Council. La próxima pregunta es cómo se harán cumplir las nuevas reglas.

Kavulich dijo que los efectos de las nuevas normas pudieran haber sido incluso menores si Washington, durante el Gobierno de Obama, y Cuba, hubieran aprovechado más las oportunidades que se presentaron con el deshielo para establecer “mayores vínculos”.

“No hay un impacto sustancial porque muy pocas empresas han resultado afectadas; y esto es culpa del Gobierno de Obama y del Gobierno de Castro por no permitir más, cuando hubieran podido hacerlo”, dijo Kavulich, quien señaló que en Cuba hay unos 52 negocios estadounidenses.

Aunque pequeño, el naciente sector privado cubano representa casi el 20 % del ingreso bruto de la economía cubana, según el Havana Consulting Group, una firma que analiza la economía cubana para empresas que desean invertir allí y que considera este sector “una fuerza necesaria y esencial en el desarrollo del país”.

El equipo de Trump ha advertido que pudiera cambiar las reglas y dificultar las operaciones de negocios en la Isla. Esta incertidumbre es suficiente para poner a pensar a algunos presidentes ejecutivos. McKeague, de McLarty Associates, dijo que le resulta claro, por las conversaciones que ha tenido con el Departamento de Estado, que al menos la comunidad diplomática está preocupada de que la retórica del Gobierno está alejando a las empresas norteamericanas de tratos que las nuevas normas en realidad permiten.

“Tienen razón en preocuparse”, dijo McKeague. “Cuba es un lugar difícil para hacer negocios. Las complicaciones adicionales y los titulares noticiosos sobre la tensión en las relaciones bilaterales no ayudan”.

Pero los líderes empresariales dicen ahora que las normas facilitan conseguir licencias para trabajar con el sector privado cubano y probablemente amplían la lista de productos que pueden enviarse a la Isla.

John Hughes, exsubdirector de políticas de sanciones en el Departamento de Estado del Gobierno de Obama, dijo que las nuevas normas tuvieron dos consecuencias principales: dificultar los viajes individuales a Cuba y crear una lista de negocios y entidades con que los funcionarios estadounidenses no pueden trabajar. Hughes dijo quienes más desean más acercamiento están protestando exageradamente por un cambio relativamente menor.

“En realidad no es mucho”, dijo Hughes. “Si se leen los cambios generales a lo que implementó Obama, es quizás un 5 %, quizás menos. No es nada importante”.

Los acontecimientos han provocado que las empresas más comprometidas a operar en Cuba se centren en el asunto, dijo Pedro Freyre, abogado del bufete miamense Akerman, que representa a JetBlue, Carnival Cruise Line y otras empresas estadounidenses que operan en la Isla.

Incluso sin regulaciones, Cuba es un lugar difícil para operar.

“Tenemos que ser honestos sobre la implementación de estas reglas”, dijo Freyre. “No es un desarrollo positivo para el acercamiento, pero tampoco es el fin del acercamiento”.


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