Actualizado: 23/10/2017 23:51
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Hemingway

Mojitos en Washington

El senador republicano y ex candidato presidencial John McCain apoyó a la Fundación Finca Vigía en la obtención de permisos del Departamento de Estado para la restauración del hogar de Hemingway en Cuba

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El escritor estadounidense Ernest Hemingway (1899-1961) tenía dos bares favoritos en La Habana, un placer que no está al alcance de la inmensa mayoría de estadounidenses, así que la Sección de Intereses Cubanos en Washington decidió solucionarlo a su manera.

“Mi mojito en la Bodeguita y mi daiquiri en el Floridita” acostumbraba a decir Hemingway cuando acudía a La Habana para emborracharse con amigos y admiradores.

“Queríamos que hubiera un tercer bar Hemingway, pero no en La Habana, sino aquí”, explicó a la AFP la noche del jueves el portavoz de la organización, Juan Jacomino.

Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas con Cuba hace medio siglo, pero esta organización opera, bajo pabellón suizo, en el mismo caserón que acostumbraba a ser la embajada cubana desde su compra en 1916.

Según la AFP, hace un año el jefe de la Sección, el ex viceministro de Exteriores Jorge Bolaños, llevó a cabo reformas en la mansión y decidió reabrir uno de los salones con el nombre del escritor, aunque solo para ocasiones especiales.

La noche del jueves los camareros en la barra no daban abasto ante la demanda de los sedientos ‘yanquis’. En las paredes del modesto local cuelgan fotos de Hemingway en la Bodeguita, rodeado de estrellas de Hollywood, o con Fidel Castro durante el primer año de la revolución.

Ambos de carácter avasallador, Hemingway y Castro congeniaron bien durante los breves meses que coincidieron en la Isla. Las historias proliferan, recordó Bolaños ante la audiencia, sedienta también de anécdotas.

Un día de mayo de 1960 Castro, Che Guevara y Hemingway salieron a pescar. Guevara no tuvo suerte y abandonó el barco. El líder cubano tenía una cita con el presidente indonesio Ahmed Sukarno y se hacía tarde.

Los temerosos cubanos informaron a Sukarno que Castro estaba retrasado porque tenía asuntos de Estado que solventar. Cuando el líder cubano irrumpió finalmente en el salón se disculpó con Sukarno: “Seguro que le han dicho que estaba pescando con Hemingway. ¡Le gané!”, dijo triunfante.

Hemingway, sin embargo, tuvo que abandonar su hogar cubano, la hermosa Finca Vigía, cuando su salud se agravaba, y además crecían los rumores de que el régimen castrista viraba hacia el comunismo e iba a nacionalizar los bienes estadounidenses.

Fue ese giro el que precipitó la ruptura de relaciones diplomáticas entre ambos países.

“Castro siempre amó el personaje de Robert Jordan en Por quién doblan las campañas. Pensaba en él cuando estaba en las montañas” de Sierra Maestra, explicó a la AFP Jenny Phillips, presidenta de la Fundación Finca Vígia, recordando una entrevista con el líder cubano en 2002.

“Luego nos dijo que ahora piensa más en Santiago”, protagonista de El viejo y el mar, el gran cuento de Hemingway, que le abrió definitivamente las puertas del Nobel, añadió Phillips.

La Fundación emprendió la restauración de Finca Vigía en 2002, una obra casi acabada pero para la que necesitan un permiso anual del Departamento de Estado. Para lograr esos permisos movieron cielo y tierra en Washington. Y hallaron ayudas inesperadas, recordó Phillips.

El senador republicano y ex candidato presidencial John McCain era también un fan de Robert Jordan y de Por quién doblan las campanas, que Hemingway escribió en Finca Vigía.

McCain apoyó a la Fundación en 2005. Veterano de guerra, el senador siempre cuenta cómo se acordaba del personaje de Jordan durante sus años de encarcelamiento en Vietnam.

Hemingway se suicidó en Idaho en 1961, pero siempre guardó en su corazón a Cuba, y años antes de partir donó su medalla del Nobel a la Virgen del Cobre.


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