Actualizado: 15/07/2020 12:39
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Red Avispa

Falsa alarma

Lo que dice la ley: ¿Qué significa la decisión del Tribunal de Atlanta sobre el caso de los cinco espías cubanos?

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El Tribunal de Apelaciones del Undécimo Circuito (Florida, Georgia y Alabama) de Estados Unidos acaba de acoger la moción de "cambio del lugar del juicio" presentada por los cinco miembros de la red castrista detenidos en Miami por el Buró Federal de Investigaciones (FBI), el 12 de septiembre de 1998, acusados de 26 delitos por la Fiscalía el 7 de mayo de 1999, declarados culpables por un jurado de 12 personas (ninguna de origen cubano) el 8 de junio de 2001, y condenados del 12 al 18 de diciembre de 2001 por la jueza federal Joan Lenard (Distrito Judicial del Sur de la Florida) a penas desde cadena perpetua hasta 15 años de cárcel.

El fallo judicial revoca estas condenas y ordena enjuiciar de nuevo. Al respecto, el presidente del Parlamento cubano, Ricardo Alarcón, expresó: "Para ellos [los jueces Stanley F. Birch, Phyllis A. Kravitch y James L. Oakes] mi respeto. Son juristas de fama en Estados Unidos, de un largo currículo, y se han pronunciado del único modo que puede hacerlo cualquier persona honrada".

Esta honradez inequívoca puede y debe ser reconocida en el resto del pronunciamiento: los tres magistrados precisaron que su decisión resulta "impopular y aun ofensiva" para muchos ciudadanos estadounidenses, pero atañe a libertades que gozan esos mismos ciudadanos, "las cuales no están al alcance" de los cubanos residentes en la Isla.

El debido proceso

Las primeras diez enmiendas constitucionales (1795) de EE UU consagran que nadie puede ser privado de su vida, libertad o propiedad "sin el debido proceso legal" (V). En causas penales, la responsabilidad de los acusados se determina "por un jurado imparcial del Estado y distrito donde se habría cometido el delito" (VI). Ambos principios se perfilan continuamente por los propios tribunales, que con sus decisiones en cada caso van sentando precedentes para resolver otros casos semejantes.

Un jurado de 12 personas, escogidas por la acusación y la defensa, da garantías de imparcialidad que son inconcebibles en Cuba, donde cinco jueces (tres juristas y dos legos) pueden montar un tándem con el fiscal y, por ejemplo, moler a muerte en menos de una semana a tres autores de un secuestro incruento.

Los medios castristas repudiaron al jurado de las cinco avispas por estar "amañado, prejuiciado y bajo colosal presión por la mafia de Miami". El académico Rodolfo Dávalos (Universidad de La Habana) consideraba que en este caso "no sólo es imposible encontrar en Miami un jurado imparcial, sino que tampoco puede encontrarse un juez justo".

El defensor William Norris pidió a la jueza Lenard llevar a cabo el juicio fuera de Miami-Dade y propuso correrlo unos 50 kilómetros, a la ciudad de Fort Lauderdale (Broward). El fallo de Lenard en contra abrió los portillos por donde terminarían colándose las apelaciones avispadas.

Para la justicia americana, imparcialidad significa "prevenir incluso la posibilidad de injusticia" ( In re Murchison, 1955). Además de personas con tesitura desprejuiciada, el jurado presupone estar "libre de influencias externas" ( Sheppard versus Maxwell, 1966). Por repetida e intensa agitación en contra del acusado es preciso cambiar la sede judicial ( Groppi versus Wisconsin, 1971). Estas reglas no son caprichosas o impertinentes, sino que satisfacen la necesidad humana del derecho como expectativas razonables de conducta fijadas en normas obligatorias.

Los jueces de apelación estimaron que los residentes de Miami-Dade eran muy sensibles a los problemas del exilio cubano. Sus pasiones se desfogaron en artículos periodísticos y encuestas de opinión antes y durante el juicio, que se vinculó al derribo por Castro de dos avionetas de Hermanos al Rescate (HAR) y al caso del niño Elián González.

Amén de las actividades clandestinas de la Red Avispa, salieron al ruedo otras de grupos paramilitares de exiliados y se tornó plausible la represalia contra el jurado si emitía un veredicto insatisfactorio. José Basulto, líder de HAR, prendió la chispa como testigo de la fiscalía cuando insinuó que el defensor Paul McKenna estaba "haciendo el trabajo de la inteligencia de la Isla".


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