Actualizado: 04/08/2020 9:23
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Opinión

La vieja guardia mueve los hilos

Aunque con un reforzado gobierno conservador, Cuba ha comenzado a alejarse del Comandante.

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Lo que sucedió en La Habana el pasado 24 de febrero me recordó a Moscú a principios de la década del ochenta. Después de la muerte de Leonid Breshnev, dos viejos —primero, el más liberal Yuri Andrópov, y luego, el momificado Konstantin Chernenko— gobernaron la Unión Soviética. No fue sino hasta 1985 que el más juvenil Mijaíl Gorbachov tomó las riendas del Kremlin. El resto es historia.

Lo sucedido no resulta tan sorprendente cuando se revisa el pasado. Dada la obsesión de los Castro con la "unidad" y el control, las reformas políticas —incluso dentro de los limitados marcos de la Cuba oficial— son raras. La última vez que "abrieron" un poco fue a comienzos de los años noventa, cuando se celebraron por primera vez lo que denominaron "elecciones directas" a la Asamblea Nacional y se modificó la Constitución para aflojar algo el control económico del Estado.

Pero esta vez yo esperaba un paquete mixto, no un Consejo de Estado inequívocamente conservador. Es comprensible que Raúl haya incorporado a los hombres de su absoluta confianza. Durante décadas, el ahora primer vicepresidente, José Ramón Machado Ventura, ha estado a su lado, velador de la disciplina e ideología en el Partido Comunista. El general Julio Casas Regueiro, promovido a vicepresidente y al antiguo cargo de Raúl como ministro de Defensa, ha estado al frente de las empresas de la esfera militar.

Al menos por ahora, las generaciones de menos de sesenta años se quedaron fuera. No es país para jóvenes, como observara un diplomático europeo.

Indiferentes, frustrados

Mi desencanto no es importante. Pero sí lo que los cubanos sintieron cuando se reafirmó la vieja guardia. Los menores de sesenta, dentro de la élite, se quedaron esperando. Las enmiendas constitucionales propuestas, que permitieran a personas diferentes presidir los Consejos de Estado y de Ministros —Raúl encabeza ambos— se frustraron. Los ciudadanos de a pie, al parecer, están indiferentes o frustrados.

Pero no vamos a apresurarnos en emitir juicios definitivos. El nuevo Consejo de Ministros no ha sido nombrado aún y, probablemente, no lo será hasta finales de este año. En su discurso inaugural, Raúl anunció el comienzo de una reorganización del Estado, para "hacer más eficaz" el aparato burocrático y terminar con el papeleo.

Se refirió a temas económicos sensibles, como la producción de alimentos y el peso enormemente devaluado. Es de destacar también su referencia a la libreta, por la que los ciudadanos de todos los niveles de ingresos reciben productos subsidiados. Desde hace mucho tiempo, los economistas cubanos han criticado lo absurdo de la libreta.

¿Todavía Fidel mueve los hilos? Aunque la respuesta más fácil sería un "sí" categórico, no puedo aceptar a ciegas la petición de Raúl ante la Asamblea Nacional para consultar a su hermano sobre las cuestiones importantes. Puede también significar que el Castro mayor aún podría tener derecho a veto o que fuera una suerte de pasarle la mano a su ego incontenible.

No es fácil deshacer cinco décadas de un gobierno unipersonal. Al hacer más eficaz la burocracia, Raúl intenta acuñar su estilo —institucional y organizado—, lo que quiere decir que permitirá a los ministros ser ministros. No habrá más estructuras paralelas, como las que Fidel utilizaba para supervisar los ministerios, la Asamblea Nacional, el Partido, o lo que se le ocurriera. El domingo 24, Raúl fue enfático respecto a la institucionalidad, es decir, la importancia de las instituciones.

Aunque sea con una reforzada vieja guardia, Cuba ha comenzado a alejarse del Comandante . Raúl y su círculo íntimo, militares la mayor parte, no tolerarán una oposición política, pero más voces se escucharán dentro de la élite. El Consejo de Estado y la Asamblea Nacional quizás podrían ejecutar sus mandatos constitucionales. El Partido Comunista continuaría estableciendo las políticas, pero ahora con un estilo más institucional y ordenado. El Congreso del Partido, que Fidel ha sido tan renuente en convocar, quizás se celebre pronto. Raúl, entonces, sustituiría a su hermano como primer secretario.

Consecuencias imprevistas

La economía es un asunto más espinoso, pues cualquier reforma, por mínima que sea, representaría un alejamiento sustancial de la obstinación de Fidel. Pero no hay otro camino más que el mercado, aunque sea a paso de jicotea. El peso, por ejemplo, no aumentará su valor sin una mejoría notable en la productividad económica que precisa básicamente de un respeto sostenido por el mercado.

El mensaje del 24 de febrero fue "poco a poco". Sólo que los resultados deben verse pronto, porque las expectativas se han alzado y frustrado demasiadas veces. La bloguera cubana Yoani Sánchez describió la vieja guardia como habitando un "bucólico letargo" . Quizás se piense que es mejor un cambio letárgico que sufrir el destino de la vieja Unión Soviética.

¿Están realmente tan confiados en que las cosas pueden seguir por siempre igual? Las consecuencias imprevistas podrían arrastrar situaciones realmente difíciles.


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