Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Muere Andrzej Wajda

El cineasta deja una filmografía extraordinaria, donde algunas de sus películas se convirtieron en un verdadero respiro para los cubanos, en medio del clima cultural sofocante de varias décadas

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El célebre director de cine polaco Andrzej Wajda, autor de películas como El hombre de hierro, Katyn y La tierra prometida, falleció el domingo en Varsovia a los 90 años, según informó la televisión polaca. La muerte se debió a una insuficiencia pulmonar, según destacaron medios de comunicación de Polonia, tras haber permanecido en coma, informa Efe.

Wajda fue galardonado con un Oscar honorífico en 2000 por sus numerosas contribuciones al mundo del cine. Además, fue candidato en tres ocasiones, todas ellas en la categoría de película extranjera, por La tierra prometida en 1976; El hombre de hierro en 1981, y Katyn en 2008, ocho años después de haber logrado la preciada estatuilla dorada por la totalidad de su obra, añade Efe.

Logró además otros galardones internacionales, como la Palma de Oro en el Festival de Cannes en 1981 por El Hombre de hierro, un Bafta, así como premios en Cannes, Berlín, San Sebastián, Valladolid y el honorífico de la Ampas, entre otros premios.

Wajda era un gran apasionado de la historia de Polonia y está considerado uno de los cineastas polacos de mayor influencia.

Hijo de un oficial de caballería polaco, que fue asesinado a comienzos de la Segunda Guerra Mundial en la Masacre de Katyn, Wajda combatió en el Ejército de su país frente a los nazis cuando todavía era un adolescente. Tras la contienda, estudió pintura en la Academia de Bellas Artes de Cracovia antes de entrar en la Escuela Nacional de Cine, en Lodz.

Su primer trabajo fue junto a Aleksander Ford, en la película Los cinco de la calle Barska, donde trabajó como ayudante de dirección. Su primer largometraje Generación, lo rodó en 1954, película que reflejaba la sociedad polaca del momento. Andrzej Wajda simultaneó la dirección de cine con la de teatro. Dirigió teatro por primera vez en 1959 y desde entonces trabajó en Polonia, la Unión Soviética, Suiza, Estados Unidos, incluso España.

Su película El hombre de mármol (1976), obtuvo el premio de la Crítica Internacional de Cannes en 1978, lo que supuso su consagración en el cine. De 1981 es El hombre de hierro, película que cuenta la historia del sindicato polaco Solidaridad, en el que militó, y de su líder Lech Walesa, y por la que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes en 1981 y fue candidata al Oscar a la mejor película extranjera en 1982.

Su filmografía sigue con títulos como Canal (1957) y Cenizas y Diamantes (1958), que junto a Generación intentan retratar su juventud marcada por la guerra; Lotna (1959), Ingenuos y perversos y Los hechiceros inocentes (1960).

En 1973 fue galardonado en el Festival de Cine de San Sebastián y tres años después en el de Valladolid. En 1990 presentó en el Festival de Cine de Barcelona su película Korczak, una producción sobre un médico que trabajó en un orfanato del gueto de Varsovia y que fue galardonado con el I premio de la Muestra de Cinematografía del Atlántico en Cádiz. Ganó el Arturo 1995, a la figura más destacada del cine polaco, por el Museo Nacional de la Cinematografía, el Oso de Plata honorífico 1996, en el Festival de Berlín, e ingresó en la Academia de Bellas Artes de Francia en 1997.

Se autoexilió durante dos años (1982-1983) a Europa occidental, donde trabajó en obras teatrales. Del Hamlet de Shakespeare realizó cuatro versiones, con la cuarta la estrenó en el Festival de Teatro de Madrid de 1990. En 1989 se apartó del cine para dedicarse a la política. Fue elegido senador de Solidaridad, sindicato en el que había militado desde su fundación.

La última película que Andrzej Wajda rodó fue Powidoki, sobre Wladyslaw Strzeminski, pintor y teórico del constructivismo, que se presentó el pasado mes de septiembre en el Festival de Toronto y que aún no ha llegado a las pantallas.

“Para mí Wajda era el cine total. El artista que más influyó en transformar mi modo de ver películas y de descubrir los oscuros pasadizos del sistema socialista. No hubo un cronista más agudo y sagaz, ni un visionario con tanta lucidez y comprometimiento con el cambio social”, escribió Wilfredo Cancio en CaféFuerte.

“El polaco fue el mejor antídoto contra el realismo socialista que se quiso imponer en la gran pantalla a partir de la década de los setenta”, señaló Zunilda Mata en 14 y medio.

En su crónica Mata destaca como el cineasta, al llegar de visita a la Isla en 1961, no se dejó engañar por la visión idealizada que le presentaron. “extasiado y espantado con la Cuba que encontró, tal y como contaría años más tardes a varios exiliados del país que terminaron pasando por Varsovia. ‘Sentía que me vigilaban en cada esquina y que cuando alguien me iba a decir algo importante se acercaba mucho a mi oído o bajaba la voz’, confesó a un escritor de la Isla que lo conoció a principios de este siglo”.

Y agrega Mata que sin “dejarse deslumbrar demasiado por la versión oficial que le mostraron, Wajda prefirió sacar sus propias conclusiones en el contacto con la gente y los artistas del momento. Así lo hizo saber en una entrevista que ofreció a Prensa Latina, en la que aseguró: ‘Las conversaciones con los jóvenes cubanos me acercarán otra vez al tema que me preocupa desde hace años y que no quisiera abandonar: los primeros arrebatamientos y derrotas y los primeros triunfos’”.

Sobre la difusión de las películas de Wajda en la Isla, Mata enfatiza: “En Cuba, aunque se siguen programando sus películas de antaño, el oficialismo miró con reservas el filme Katyn (2007) acerca de la masacre de miles de oficiales polacos a manos de la policía secreta soviética en 1940. No le perdonaron al director que sacara del clóset los viejos esqueletos de los desmanes estalinistas, que en los medios cubanos nunca han sido explicados ni condenados. La cinta apenas se presentó en una sala de La Habana, repleta de público”.

Cancio recuerda otras cintas memorables de Wajda, como Los abedules (1970), Paisaje después de la batalla (1970), La boda (1973) y El director de orquesta (1980). A la lista se debe agregar Danton (1983) y La línea de la sombra (1976), basada en la novela de Joseph Conrad de igual título, una de sus cintas mejores en cuanto a ejercicio de estilo y también de las menos conocidas.

“Wajda nunca supo de jubilaciones”, señaló Gregorio Belichón en el diario español El País. “Cuando se estrenó en España su penúltima película —la última que ha podido verse en salas— Walesa. La esperanza de un pueblo, aseguró a este diario [El País] entre risas: ‘Seguiré filmando. ¿A que me dedicaría yo jubilado? Lo único que sé hacer es cine, que en mi caso es a la vez trabajo y descanso’”.


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