Actualizado: 23/02/2018 0:31
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Béisbol cubano: no tan rápido, pero furioso

Desde La Habana se informa que la temporada beisbolera provincial disputa sus juegos con ¡seis pelotas! y solo dos umpires por desafío

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Mientras, entre otros sucesos inesperados, La Habana es escenario para filmaciones de la serie Fast and Furious, el béisbol cubano ralentiza cualquier cambio pero reafirma su carácter furioso, allí donde —como alivio catártico— es posible insultar a cualquiera… en un estadio.

Antonio Becali, presidente del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER), respondió a un periodista de la agencia Reuters que “los atletas nuestros que están dentro del sistema deportivo cubano y dentro de nuestra Serie Nacional son los que nos van a seguir representando en los eventos internacionales”, lo que se traduce en un portazo a las esperanzas de que la Isla acudiera con un equipo unificado al próximo Clásico Mundial de Béisbol, auspiciado por la Major League Baseball.

Confieso que, hace algunos meses, la presencia en Cuba de un grupo de funcionarios de Grandes Ligas, en visita de acercamiento, me había dejado de una pieza, sobre todo porque se incluyó en la visita a peloteros “desertores” como Yasiel Puig, José “Pito” Abreu, Alexei Ramírez y Brayan Peña, todos enrolados en clubes del Big Show.

Pero ahora, con las declaraciones del hombre que representa al estamento atlético en la Isla, se da una vuelta de tuerca al inmovilismo. Ello, en temas del ansiado libre movimiento de los beisbolistas, esos que siguen —además— infestados con el virus de la furia.

Con violencia se han comportado, por ejemplo (y sin mayores consecuencias, porque el machismo impera) el mánager que hace meses lanzó tierra a los ojos de un árbitro, o el jefe de árbitros que unos años atrás molió a golpes a un periodista… ¡del oficialista diario Granma! Uno y otro agresores permanecen en su país natal, la afición sabe quiénes son, y yo prefiero no mencionarlos para que no imaginen que aprovecho en atacarlos porque tengo 90 millas de mar de por medio.

Desgraciadamente, las malas mañas, como las epidemias, viajan en las lanchas de traficantes o aún en la comodidad de una aeronave de pasajeros.

Así hay jugadores formados en Cuba, donde el talento atlético y la carga ideológica son lo único que importa, que huyen en busca de libertad, pero arrastran consigo los rasgos de una cultura en bancarrota.

Aroldis Chapman, el pitcher zurdo que ha sentado cátedra durante sus seis años como relevista, purga desde el primer día de la temporada 2016 un castigo de un mes —y su millonaria consecuencia— por un suceso de violencia doméstica.

No hubo cargos formales en contra del pelotero, pero la presencia policial en su vivienda —un vecino dio la alerta, al escuchar los disparos que el holguinero descargó dentro del garaje— fue suficiente para que su nuevo equipo, New York Yankees, tomara una medida de advertencia, a tono con las disposiciones del comisionado en casos de agresiones.

Otro exintegrante de la selección nacional, el jugador de cuadro y outfielder Héctor Olivera, sí fue denunciado por una mujer, el 13 de abril, cuando su club Bravos de Atlanta pernoctaba en Washington. Muy temprano en la mañana, la policía acudió a la llamada de una dama que presentaba visibles rasguños y fue examinada en un hospital, al tiempo que Olivera, su presunto agresor, debió pagar una fianza de $10.000 antes de regresar a su residencia en Miami.

El jugador de 31 años, recibido con mucho optimismo por los Bravos de Atlanta, ahora está suspendido con sueldo a la espera de una decisión del comisionado.

Con un contrato de seis años y $62,5 millones, Olivera batalló en 2015 por un puesto en tercera base, pero en el invierno fue enviado a la liga de Puerto Rico, para que se fogueara como jardinero izquierdo y lograra ajustes en su swing al bate.

Sumido en un limbo disciplinario, el cubano en el que Atlanta cifró muchas esperanzas, ve hoy que su equipo arrastra el peor resultado, 5 victorias y 17 derrotas. Escapado de la Isla en 2014, Olivera podría haber ayudado un poco a los Bravos en esta temporada, pero su rendimiento todavía no se había acercado a las expectativas: dos cuadrangulares en 98 veces al bate en su paso por el Big Show durante tramos de 2015 y 2016.

Desde La Habana, mientras tanto, se informa que la temporada beisbolera provincial es teatro de la angustia de disputar sus juegos con ¡seis pelotas! disponibles y solo dos umpires por desafío. Allí todo cambia muy poco, si acaso para peor, así que los que lleguen al mundo del profesionalismo harán bien en cuidar aquí sus pasos y aprovechar cada oportunidad.


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