Actualizado: 17/08/2018 22:24
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Finlandia, Voleibol, Cuba

¿Violadores o víctimas de una encerrona?

¿En realidad buscaban asilo los deportistas cubanos?, se pregunta el autor de este artículo

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Según noticias difundidas por Yleisradio, la compañía de radiodifusión pública de Finlandia, varios jugadores del equipo de voleibol cubano fueron detenidos por la policía en Finlandia bajo sospecha de violación. El supuesto delito se cometió en un hotel en Tampere donde se hospedaban los jugadores cubanos.

Cuando tres de los deportistas desaparecieron el sábado, se extendió la especulación de que posiblemente habían desertado, hasta que la policía anunció que fueron detenidos.

Después de la detención de los tres jugadores el sábado detuvieron a cinco más del equipo el domingo, de los ocho arrestados dos fueron liberados. Las audiencias de detención deben celebrarse más tarde el martes y el miércoles.

El inspector y jefe de la investigación, Joni Länsipuro, confirmó que tres de los jugadores del equipo han sido detenidos bajo sospecha de delitos sexuales, sin agregar nada más por motivos relacionados con la investigación en curso.

En una nota publicada el martes 5 de julio en el sitio de la Embajada de Cuba en Finlandia, se daba a conocer que la Federación Cubana de Voleibol confirmaba que seis atletas de la selección participante en el segundo nivel de la Liga Mundial en Tampere, Finlandia, habían sido acusados de un presunto delito, por lo que permanecían retenidos en Finlandia los atletas Osmany Santiago Uriarte Mestre, Abraham Alfonso Gavilán, Ricardo Norberto Calvo Manzano, Rolando Cepeda Abreu, Luis Tomás Sosa Sierra y Dariel Albo Miranda. En la misma nota se anuncia que el jefe de la delegación y funcionarios de la embajada cubana estaban dando seguimiento a todo el proceso, incluidos los trámites judiciales y las posibles condenas que se deriven del mismo. Al final, en una suerte de condena a priori de sus propios atletas la Federación Cubana anunciaba que en el plano interno tomaría las medidas “que demandan comportamientos que no se corresponden con la ética y los principios en los que hemos sido educados”.

Los medios ya comenzaron a especular sobre lo ocurrido. Yo también voy hacerlo, no se me ocurre pensar en los disciplinados deportistas cubanos como violadores incontrolados, sí como cubanos que en seguimiento de un imperativo cultural no dejen pasar la oportunidad de tener sexo, consentido. Y es ahí donde bien pudieron caer en la trampa, inconscientes de que se encontraban bajo el imperio de leyes, como suelen ser las escandinavas, retorcidamente sexistas cuando de ir contra el hombre se trata.

En una región donde una mujer puede llevarse en una noche varios hombres a la cama, para acusarlos después impunemente de violación —con el argumento de que estaba borracha y no sabía lo que le pasaba, y donde la palabra de una de ellas vale por las de mil de ellos—, la suerte de un acusado por “violación” ya está echada. El objetivo inmediato aparentemente es la compensación monetaria que aquella recibirá como “víctima” del abuso, pero en mi opinión existe otro fin a largo plazo, que es el que parece interesar a las fuerzas que operan detrás de los legisladores: sembrar el miedo al encuentro amoroso, particularmente si es de carácter heterosexual; rara vez aparece en la prensa la denuncia de una borracha abusada por una lesbiana o de un hombre ebrio por otro gay, aunque historias de este tipo se escuchen más de una vez a nivel popular.

Me parece estar viéndolos: los muchachos cubanos, dándoselas de bárbaros, creyendo haber ligado una suculenta finlandesa, cuando en realidad les estaban preparando “la cama”; nunca mejor dicho.

Otra hipótesis podría ser la de que los deportistas en realidad fueran desertores, y que Finlandia se los haya quitado de encima con misma coartada sexual, con la que se quitó Suecia de encima al incómodo Julián Assange, y sin quedar mal con su propia opinión pública, no así la internacional.

Todo comenzó cuando Assange, fascinado por la libertad de expresión imperante, declaró a los medios que se establecería en el país nórdico para convertirlo en centro de sus operaciones destapando información clasificada.

El fundador de WikiLeaks fue acusado de múltiples cargos de delitos sexuales después de su visita a Suecia en 2010. Assange negó el delito y por lo menos le dejaron salir de Suecia, pero desde entonces los fiscales suecos insisten en interrogarlo, incluso en la embajada de Ecuador en Londres, donde Assange se encuentra asilado desde 2012.

El australiano se niega a salir de la embajada, aduciendo que Suecia le quiere entregar a Estados Unidos, cuando en realidad lo único que puede demostrar es ser víctima, quizás la más conocida, de las leyes androfóbicas escandinavas.

En el caso de los deportistas cubanos, estos han sido colocados a buen recaudo por la policía finlandesa, en momentos en que se agita en toda Europa el pánico sexual contra la inmigración.

A los presuntos desertores no les quedará ni la opción del asilo en una embajada, y menos en la propia, sabiendo como se las gasta la diplomacia cubana. No solo por lo que se desprende del comunicado difundido por nuestra representación en Finlandia, sino por lo que se manifestó en la nota de prensa, emitida por la Misión de Cuba en Quito, el 1 de julio de 2016, en la que se deja en total desamparo a nuestros conciudadanos que acababan de ser reprimidos por la policía ecuatoriana; a los hombres mujeres y niños expulsados con bastones y gases durante la pacífica acampada, en la que pedían visa para un sueño frente embajada mexicana. Lo curioso es que este acto, llevado a cabo por un gobierno que se declara “amigo de Cuba”, fue ordenado por el mismo régimen cuya Embajada londinense ofrece amparo a Julián Assange. Paradojas de la diplomacia.


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