Actualizado: 29/11/2021 15:04
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Béisbol: Grandes Ligas

Con el bate al hombro

El toletero José Canseco, que figuraba como candidato este año al Salón de la Fama, no quedó entre los elegidos.

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El pasado 9 de enero fue anunciado el resultado de la votación para el Salón de la Fama del béisbol norteamericano, en el que han entrado los estadounidenses Tony Gwynn y Cal Ripken, pese a que la lista de candidatos incluía grandes nombres y el del cubano José Canseco resaltaba entre estos.

El reglano, además de ser uno de los latinos con más poder en la historia del béisbol y de los peloteros que más público ha atraído a los estadios en las últimas décadas, ha sido también una figura muy polémica por sus declaraciones y la publicación del libro Juiced.

En este volumen, Canseco denunció públicamente el consumo de esteroides por parte de los jugadores de las Grandes Ligas a finales de los años ochenta y en la década del noventa, y criticó a la oficina del comisionado por no hacer mucho para evitar esta situación.

Asimismo, acusó a varias figuras reconocidas y carismáticas en su publicación y parece que eso jamás le va a ser perdonado en el mundo del béisbol. Violó uno de los códigos no escritos más respetados que poseen los jugadores: "lo que pasa en el clubhouse, se queda en el clubhouse".

El toletero es uno de los pocos jugadores que ha declarado públicamente que consumió anabólicos. Poco a poco, este tema se ha puesto en el tapete, y hasta el Congreso de Estados Unidos llamó a varios jugadores a declarar sobre el asunto.

Sus estadísticas resultan meritorias para tener una placa en Cooperstown. Fue escogido como Novato del Año en 1986, tras disparar 33 jonrones y empujar 117 carreras, y en seis ocasiones fue elegido para participar en el Juego de las Estrellas.

En la temporada de 1988 inauguró el club 40-40 (jonrones y bases robadas) y ganó el premio al Jugador Más Valioso de la Liga Americana. Ese año —el mejor en toda su carrera— fue líder en jonrones y empujadas, con 42 y 124 respectivamente. Por otra parte, lideró el departamento de slugging, con 569, y de extrabases, con 76. Segundo en anotadas, con 120, y el total de bases recorridas sumó 347. Además de robarse 40 bases y promediar para 307, su average más alto en una temporada.

Antes de cumplir los 25 años de edad, además de esos premios había ganado un anillo de Serie Mundial y acumulaba la cantidad de 128 jonrones.

Finalizó su carrera de 17 temporadas con 462 jonrones y 1.407 carreras empujadas, 340 dobles y 200 bases robadas. Es cuarto en ponches, con 1.942.

El próximo año

Las lesiones acortaron su carrera de una forma brutal, perdió más de 600 partidos por esa causa, el equivalente a más de cuatro temporadas.

Si se tiene en cuenta que en las campañas que jugó completas promedió para cerca de 40 cuadrangulares y 120 empujadas, la conclusión es que el habanero habría podido pasar la barrera de los 600 estacazos y se hubiera acercado a las 2.000 empujadas.

El nombre de Canseco figuraba junto al de Mark Mc Gwire, entre otros de jugadores ilustres, para integrar el Salón de la Fama. Aunque en menor escala que el cubano, Mc Gwire tiene también la sombra de los esteroides y la controversia encima.

Habrá que esperar al próximo año para ver si el prestigioso recinto ubicado en el pueblo de Cooperstown, Nueva York, suma el nombre de otro cubano a los seis que ya están allí: Martín Dihigo, José de la Caridad Méndez y Cristóbal Torriente, peloteros de Ligas Negras; el camagüeyano Tany Pérez, hasta hace pocos años dueño del récord jonronero para un jugador latinoamericano; Rafael Felo Ramírez, narrador de los Marlins de la Florida, y el ejecutivo Alex Pompez.

Quizás nunca le reconozcan a Canseco sus estadísticas y caiga en el mismo saco que Pete Rose y Joe Shoeless Jackson. Pero no hay dudas de que ha sido uno de los mejores jonroneros latinos de toda la historia y uno de los peloteros que más poder ha exhibido en un terreno de béisbol.