Actualizado: 15/11/2019 19:53
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Fútbol

La estrella que no fue

El gran problema del avileño Léster Moré, con tan magníficas condiciones, tiene que ver más con aspiraciones postergadas que con dolencias físicas.

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Pocos futbolistas cubanos, a todo lo largo de la historia de este deporte en la Isla, han logrado acumular tantos elogios como el avileño Léster Moré Henningham. "El francotirador", le llamó en una ocasión un periodista. El más oportuno, dijo otro. El de mejor puntería frente al arco, señalaron también. A ninguno le faltó razón: todos resumían las innegables cualidades de un goleador que todavía llama la atención dentro y fuera del país.

"Un Maradona cubano en la Argentina", tituló un diario digital porteño refiriéndose a Moré, durante la estancia de nuestra selección nacional en esa nación sudamericana en el 2005. Por exagerada que sea la comparación, no deja dudas de que el suyo ha sido el rostro más visible y por lógica más buscado del once cubano en sus escasos tránsitos por torneos internacionales, especialmente la Copa de Oro en Estados Unidos, y partidos amistosos o de preparación.

Su notoria sangre fría, que se traduce en capacidad para definir, su siempre inmejorable ubicación en el área chica, su buena técnica y un olfato a gol que lo acerca a muchos de los más grandes del planeta —elementos muy importantes para un clásico "matador"—, son los principales rasgos de su accionar sobre el césped, casi siempre letal para los rivales. Todo ello ha quedado bien evidenciado en las múltiples ediciones del Campeonato Nacional en las que ha participado, el mayor de los avales para ser llamado a las filas de la selección cubana, tan escasa de buenos goleadores.

El fantasma de la desmotivación

Sin embargo, a pesar de no tener todavía 30 años, no son pocos los que consideran que Moré ha comenzado a descender en eficacia y nivel de juego. La más reciente incursión cubana fuera de fronteras, la Copa del Caribe (o Copa Digicel), que tuvo por sede a Trinidad Tobago a mediados de enero pasado, mostró a un Moré desmotivado y con síntomas de mala preparación, aunque anotó en par de ocasiones. Como resultado inmediato, Cuba alcanzó apenas el tercer puesto, con dos victorias, dos derrotas y un empate.

Es cierto que ha estado perseguido por lesiones en los últimos meses y que por ello su desempeño en el último torneo nacional dejó mucho que desear. Pero no es difícil deducir que el gran problema de un atleta con tan magníficas condiciones tiene que ver más con aspiraciones postergadas —por no decir mutiladas— que con dolencias físicas.

Léster Moré pudo ser una gran estrella del fútbol cubano. No lo dude nadie. Su talento desbordó siempre las pésimas canchas cubanas, donde muchos tan buenos como él (verbigracia, el habilidoso mediocampista Alaín Cervantes, también avileño, el delantero Leonel Duarte o el volante Jaine Colomé, entre otros) gastan sus energías sin poder conseguir permiso estatal para rubricar contratos que les permitan acceder a mejores ligas y condiciones de vida y juego.

El fútbol cubano está entrampado desde hace décadas en un círculo vicioso que lo condena a jugar torneos de poca monta como si fueran Copas Mundiales. Hace años que su objetivo primordial es clasificar para la Copa de Oro de Estados Unidos (han participado sin brillo en las cinco últimas ediciones), evento mediocre donde en una sola ocasión lograron pasar a la segunda ronda y casi siempre terminan goleados.

Ni pensar todavía en disputar un boleto para Mundiales u Olimpiadas. Este deporte en la Isla está muy alejado de esas aspiraciones, en tanto ello significaría derrotar a potencias del área como México, Estados Unidos, Costa Rica, y ahora Trinidad Tobago y Jamaica. Todavía Cuba es inferior en el Caribe y mientras su juego sea tan irregular y su torneo nacional cuente con tan escaso apoyo gubernamental, no podremos reinar en estos predios.

En cuanto a Moré, cada año que pasa lo aproxima al declive real de sus potencialidades como deportista en activo. Nunca quiso marcharse de su país (como sí hicieron otros de la talla de Maikel Galindo, Albertico Delgado, Rey Ángel Martínez, Yanko Fontanills y Eduardo Sebranco), aunque ya a estas alturas sea imposible creer que se puede triunfar aquí en condiciones tan precarias.

Hoy, Moré va camino a apagarse como atleta sin haber conocido otro césped que el accidentado de los rectángulos cubanos ni medir su real talento con otros jugadores de excelencia en el mundo.

Confiemos en que los encargados de sucederle como artilleros en el once cubano no corran igual suerte. Sentirse desestimulado en plena juventud es un final muy triste para un deportista en cualquier parte de este planeta.