Actualizado: 25/09/2020 0:20
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Menotti en La Habana

El entrenador argentino cumplió su parte: ¿qué fichas moverán a partir de ahora las autoridades deportivas del régimen?

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César Luis Menotti llegó a Cuba con dos objetivos claros: rendir su personal tributo al Che Guevara —"le dediqué un gol cuando yo jugaba", dijo a la prensa— y contribuir en algo al desarrollo del fútbol en la Isla. Lo primero lo cumplió en la ciudad de Santa Clara el 8 de octubre, día escogido por el régimen para la ya tradicional conmemoración, a pesar de que el guerrillero no murió en esa fecha, sino el 9. Lo segundo está por ver.

Sucede que el fútbol cubano ha visto desfilar a lo largo de tantos años a muchas figuras públicas, tan sedientas de protagonismo que nadie sabe si en realidad desean aportar un noble gesto o llevarse de souvenir una foto con el Comandante. No olvidemos a Diego Armando Maradona, aquella estrella que se apagó, abrazado al dictador y deshecho en elogios cuando era todavía el mejor del mundo. Sus promesas en nada quedaron.

Este deporte ha sufrido durante años el estira y encoge de las malas decisiones gubernamentales. Todavía muchos no se explican por qué, en décadas de discursos que no cesan de cacarear el desarrollo del deporte en la Isla, este universal juego parece haber quedado en la cuneta. No han faltado intentos y apoyos, como el de la FIFA, al incluir a la mayor de las Antillas en el Programa Gol y aportarle un millón de dólares para impulsar su práctica.

En algo no se equivocó Menotti: el fútbol es el deporte de los pobres. Es cierto. Pero también es cierto que sin la adecuada atención a atletas y técnicos y sin la necesaria apertura al mundo poco puede alcanzarse en un escenario tan competitivo. También el argentino señaló con razón la prioridad de alentar su práctica entre los niños y jóvenes, garantía de futuro, pero ya eso suena a letanía por lo repetido y sabido. Al final, en ninguna categoría se ha logrado nada.

El fútbol no logra levantar cabeza. Al Estado le interesa hoy promover más algunos deportes olímpicos que le aporten medallas y dividendos políticos, cuando lo ideal sería que todos los deportes convivan en la preferencia y aspiren a un sitio entre los mejores del mundo. No favorecer unos sobre otros, y menos de modo tan arbitrario.

Cambios radicales

Antes de marcharse de la Isla, Menotti pudo presenciar algunos partidos del Campeonato Nacional. Debe haberse llevado una pésima impresión por el bajo nivel técnico de los jugadores y el mal estado de las canchas, rostros visibles de un torneo que apenas despierta atractivos. El amor y el interés por un deporte comienza por casa. Si la desatención es palmaria y cunde la desmotivación en los jóvenes atletas, ¿de qué desarrollo futuro puede hablarse?

El técnico que llevó a la selección argentina a ganar su primer título del orbe tampoco yerra al decir que es necesario jugar, jugar mucho, dentro y fuera. Para lograrlo se requieren quizás un mínimo de inversiones y sí muchos deseos de olvidar anquilosados esquemas que hunden sus raíces en la política interna: negativas a permitir que los jugadores de la Isla puedan participar en ligas foráneas —tal como hacen todas las demás naciones, incluyendo China— y abrir este deporte al dinero fresco de los satanizados sponsors, como hizo en Jamaica el brasileño René Simoes y logró llevar a una selección con menos historia que la nuestra hasta el Mundial de Francia 1998.

Sólo unos cuantos cambios radicales en los conceptos y estrategias de quienes dirigen actualmente el deporte en la Isla, podrían dotar a éste del oxígeno necesario para ver crecer los resultados cualitativos de los jugadores en la arena mundial. Codearse con los grandes no debe ser una excepción. Aléjese al deporte de tanta manipulación política, donde más vale una consigna que una medalla. No se condicione más la participación en competiciones en el extranjero a avales ideológicos. Que sean eliminadas todas las barreras al libre flujo de la información. Serían esos los saludables puntos de partida a los cuales no se refirió —al menos públicamente— César Luis Menotti en La Habana.

Ahora el argentino cumplió su parte. Visitó el mausoleo de su admirado coterráneo rosarino, compartió con jugadores y dictó seminarios. Falta por ver qué fichas mueven a partir de hoy las autoridades deportivas del régimen.