Actualizado: 13/12/2019 11:14
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Béisbol

Radiografía de un campeón

Mundial en Holanda: El bajo nivel general deja mucho que desear para un deporte que aspira a volver a la familia olímpica.

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El Campeonato Mundial de Béisbol, en su edición de 2005, ya es historia. Por vigésimoquinta ocasión, el equipo cubano ha salido ganador, gracias a una formación en la cual se entremezclaron figuras nuevas con otras ya bastante conocidas.

Celebrado en varias ciudades holandesas, el torneo, a la postre, mostró en general un nivel muy bajo, tanto técnico como tácticamente. Predominaron los nocauts y los juegos de amplio carreraje, varios equipos participaron sólo para recibir batazos y los errores a la defensiva abundaron. Esto, unido al muy pobre papel desempeñado por tradicionales potencias como Estados Unidos, Taipei de China, Japón y Puerto Rico, deja mucho que desear para un deporte que aspira a reintegrarse a la gran familia olímpica, después de su exclusión de los Juegos de Londres 2012.

Una vez más la buena nota la pusieron los peloteros de la Isla caribeña, junto con los representantes sudcoreanos, quienes sacaron la cara por Asia al colarse en la discusión del título. El equipo cubano funcionó como una maquinaria perfecta de jugar al béisbol, aun cuando muchos tengan sus reservas sobre el modo en que se manejó la integración del conjunto y la rotación de pitchers y bateadores.

Se temía por la improvisación de no llevar un segunda base. Esa posición clave la jugó el novato capitalino Rudy Reyes y mejor no lo pudo hacer: las cogió todas, se entendió de maravillas con Yulieski Gourriel, Eduardo Paret y Juan Carlos Moreno; es muy rápido en el corrido y el pivoteo, robó bases y bateó oportunamente.

Otro muy joven, pero ya probado, el antesalista Gourriel, ha sido en los œltimos años la revelación del béisbol aquí. Fue escogido como mejor tercera base del Todos Estrellas del Mundial y con seis vuelacercas en la etapa clasificatoria se llevó el codiciado banderín de campeón jonronero. Para rematar, en los juegos finales pegó dos y sumó ocho, una cifra inalcanzable para otros bateadores de poder.

El Yuli, como le dicen, ha demostrado ser muy buen hijo de papá. Sus oportunas conexiones con hombres en circulación hacen recordar las muchas de su padre, el estelar Lourdes —ahora entrenador de bateo de la selección cubana—, cuando integraba los equipos nacionales en los años ochenta y principios de los noventa.

Éxitos y fracasos

Otros ya consagrados que se comportaron a gran altura fueron el torpedero villaclareño Eduardo Paret —líder de bateo y elegido el más valioso del torneo, a pesar de lesionarse antes del segmento de muerte súbita—; el ahora designado Michel Enríquez, un monstruo madero en mano que le dio a la pelota como quiso; el máscara Ariel Pestano, siempre oportuno al bate; y el lanzador pinareño Pedro Luis Lazo, señalado como el mejor pitcher derecho del certamen.

Las palmas para dos jóvenes lanzadores, el santiaguero Danny Betancourt, ganador de la gran final, y el habanero Yulieski González, un debutante que asombró a todos por su buen control e inteligencia para imponerse a la batería de tres países distintos. Fue por Cuba el que más juegos ganó, impensable para alguien que no se llame Norge Luis Vera (ahora excluido del equipo), Adiel Palma o Lazo, y otrora Jorge Luis Valdés, René Arocha, El Duque Hernández, Maels Rodríguez o José Ariel Contreras.

El reverso de la moneda fueron dos jugadores que en series nacionales siempre batean a sus anchas y ahora aportaron casi nada: el espirituano Frederich Cepeda y el toletero de Las Tunas, Joan Carlos Pedroso. El primero fue tercamente mantenido en la alineación, a pesar de producir muy poco debido a una molestia en una mano. En cambio, Pedroso, quien por su fuerza al bate está llamado a seguir los pasos del gran Orestes Kindelán, sí fue sustituido rápidamente en cuanto comenzó a evidenciar síntomas de una enfermedad conocida que hace virar al revés un viejo refrán: "candil de la casa y oscuridad de la calle". Quizás esté todavía verde para empeños mayores.

El triunfo cubano fue como la crónica de un campeón anunciado. Decepciona ver a un excelente equipo de béisbol enrolado en torneos que hace mucho tiempo dejaron de ser medidor del estado real de este deporte en el mundo. Ese trecho que en torneos oficiales separa al béisbol cubano llamado caprichosamente "amateur" (ya sabemos que no lo es tanto) del resto del planeta, con todo y la inclusión de los profesionales, ojalá comience a ser acortado a partir del próximo año, con la celebración del denominado Clásico Mundial de Béisbol, en la primavera de 2006, al cual es muy posible que los de la Isla no asistan.

La madeja está todavía demasiado enredada como para empezar a ver claro sobre el futuro del deporte más querido por los cubanos.