Actualizado: 15/11/2019 19:53
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«El peor mojito de mi vida»

La Bodeguita del Medio, un nicho frecuentado por celebridades mundiales del siglo XX, no escapa a la desidia imperante en Cuba.

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Evgueni Evtushenko, uno de los poetas malditos de la era soviética, dijo haber tomado el peor mojito de su vida en el lugar más impensable: La Bodeguita del Medio, de la Habana Vieja, el templo mundial de esa refrescante bebida criolla.

"¡Este es el peor mojito que he probado en toda mi vida, incluso peor que el que tomé en Nueva York!", exclamó el más importante poeta ruso vivo, durante una atribulada visita dominical al bodegón creado en 1948 por el empresario y amigo de la bohemia intelectual de entonces, Ángel Martínez.

La queja de Evtushenko es recogida en una crónica aparecida en el último número de La Gaceta de Cuba, una revista de la Unión Nacional de Escritores y Artistas conocida por su crítica cultural usualmente alejada de enfoques aquiescentes.

La poetisa Ana María Pedroso y el periodista Oscar Kessel, autores del trabajo, sirvieron de cicerones al intelectual ruso, quien viajó a la Isla para asistir a las jornadas del XI Festival Internacional de Poesía de La Habana, dedicado a la lírica eslava.

Era un exasperante domingo de mayo cuando Evtushenko (Siberia, 1933) quiso recorrer la ciudad en la que había estado por primera vez hacía más de treinta años. "Animoso, locuaz y lenguaraz", el autor de Los herederos de Stalin (1962) —una diatriba contra la figura del dictador soviético—, no pudo poner un pie en los museos habaneros, pues los domingos a partir de las dos de la tarde todos permanecen cerrados, incluyendo el Nacional de Bellas Artes.

El martirio

A la directa petición de comer "cualquier cosa que tuviera tostones", sus guías lo llevaron a La Bodeguita —un sitio que ya el poeta conocía por su amigo Nicolás Guillén—, comenzando así una ordalía culinaria que, aderezada por un calor de infierno, terminó con yerbabuena triturada y ron en strike en la boca del poeta y cineasta ruso.

"Nos golpeó de súbito el poderoso olor a fast food. Olía a grasa requemada y , de ninguna manera, podían percibirse los ricos aromas que hicieron famosa en todo el mundo la comida tradicional cubana; mucho menos las sazones de buen guisado de los que presumía La Bodeguita", se lee en uno de los pasajes de Mi oficio es ser Evgueni Evtushenko.

La tarde fue pródiga en fracasos. Evtushenko pidió ver su foto junto a Guillén que colgaba de una de las paredes del inmueble tapizado de firmas hasta el techo. Nunca apareció, ni tampoco nadie que pudiera ofrecer referencias.

Luego, en medio del hacinamiento de las mesas, la música altisonante y grabada —nada de tríos como antaño el Taicuba—, el autor de No he nacido tarde pidió su mojito para remontarse al pasado junto a Guillén, Mariano Rodríguez, Fayad Jamís, Acosta León y Portocarrero, todos amigos suyos, ya fallecidos, y de quien guarda piezas firmadas por ellos.

"Lo probó y, literalmente, el rostro se le convirtió en papel de estraza. Volvió a degustarlo y entonces comenzó una sucesión de negaciones", cuentan sus anfitriones, hasta llegar a la exclamación de marras.


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