Actualizado: 23/09/2019 16:12
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¡La bolsita no!

La medicina parece haberle propinado al Comandante una cara lección, que terminará por acortarle la vida.

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Un rasgo distintivo del ejercicio dictatorial del poder es que nadie en el entorno inmediato del dictador se atreve a contradecirlo. Es así que la genuflexión como conducta cotidiana contribuye a retroalimentar lo que suele ser el de por sí hipertrofiado ego del líder.

En aras de apegarnos a los hechos, digamos que se le ha reconocido a más de un dictador en la historia, el que haya sabido rodearse de gente con conocimiento técnico y profesional en las muchas áreas de gobierno, personas que si bien solían ser igualmente serviles, al menos sabían lo que hacían. En el caso de otros menos selectivos o propensos a escuchar, la adulación sistemática, aunada al acceso ilimitado a públicos cautivos que los escuchan por horas, es que el gobernante se cree docto en todas las áreas del saber y no resiste la tentación de ilustrar a su pueblo compartiendo la vastedad de su conocimiento.

La erudición de Fidel Castro, autopercibida sin duda, pero sobre todo exaltada por los aduladores de todo cuño a lo largo y ancho del planeta, llevaba al líder cubano a disertar por horas sobre cuanto tema le apeteciera. Tan memorables son sus charlas reinterpretando la antigua Roma o el período napoleónico, como sus lecciones magistrales de agricultura, o en tiempos más recientes, aquellas sobre las bondades de las cocinitas eléctricas para el arroz.

No ha habido aspecto de la sociedad o del gobierno de la Isla, como tampoco tema, arte ni disciplina, que escapase a su ilimitada capacidad de saberlo todo, y de explicarlo, debidamente puesto en el contexto del proceso revolucionario, y fundamentado en la infalibilidad científica del marxismo-leninismo, para beneficio de la humanidad.

Ordenó y nadie lo contradijo

Pero tristemente, todo tiene su límite. En fecha reciente, el diario español El País publicó un detalladísimo recuento de los males que aquejan al octogenario dictador. La descripción minuciosa de las tres operaciones a las que hasta ahora se ha visto sometido, incluye detalles que, en ausencia de la formación médica que permita verlas de forma objetiva, ponen a prueba la entereza estomacal del lector. Pero lo más curioso es la revelación de que cuando el problema intestinal fue diagnosticado y se decidió operar, había dos procedimientos posibles que diferían en los riesgos y el tiempo de recuperación, y de cómo la decisión fue de Fidel, quien contradiciendo a su equipo médico, que favorecía el otro curso de acción, optó por la conexión directa del colon al ano.

El periódico español narra las subsecuentes complicaciones, describiendo la infección interna masiva, que se tradujo en la necesidad de las dos intervenciones quirúrgicas siguientes, y de cómo éstas también han sido fallidas.

La explicación de haber elegido la primera opción, según las fuentes médicas de El País, obedeció a la negativa tajante de Fidel a aceptar la alternativa que implicaba conectarle una bolsa para sus excretas.

La medicina, que no escapó a su omnisapiencia, y era además uno de sus temas favoritos, parece haberle propinado al dictador una cara lección, tan cara que terminará por acortarle la vida. Por querer huir de lo que percibió como una condición humillante, y controlar —como controla todo lo que ocurre en su patria— las acciones de sus médicos, una vez más el comandante ordenó y nadie lo contradijo.


Detalle del gráfico sobre las operaciones de Castro publicado por el diario 'El País'Foto

Detalle del gráfico sobre las operaciones de Castro publicado por el diario 'El País'.

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