Actualizado: 08/08/2022 15:58
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La muerte y el tiempo

¿Cuánto sufrió Chile durante el régimen militar, que el dolor se trasladó de padres a hijos y de éstos a nietos?

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¿Abre la muerte de Augusto Pinochet Ugarte un capítulo nuevo en la historia de su país? Los chilenos que sueñan con el fin de la áspera división que los ha caracterizado durante más de treinta años, quisieran que sí.

La presidenta Michelle Bachelet descartó, sin embargo, que el deceso inaugure una nueva etapa, pues para ella ésta comenzó en el noventa con la asunción del primer presidente realmente electo desde 1970. Fue entonces "cuando iniciamos un proceso de consolidación de las instituciones democráticas y un proceso de reencuentro", subrayó la mandataria.

Pero la violencia que retornó al conocerse el fallecimiento del ex dictador, dice a las claras que en realidad no se ha avanzado mucho en cuanto a la reconciliación nacional, al anhelado reencuentro.

Mientras unos festejaban con champán y alguien levantaba un cartel que decía: "Satán no lo dejes ir"; otros dirigían su rabia contra la prensa nacional y extranjera. Un orador en las exequias, sin duda desbocado, dijo que Pinochet era el gobernante de mayor trascendencia del siglo XX.

Un detalle, simbólico acaso, vino a reafirmar la honda zanja que separa a los dos polos en la patria de O'Higgins. Es público que el nieto de Pinochet, capitán Augusto Pinochet Molina, reivindicó el cuartelazo del abuelo, la utilización de la fuerza militar y subrayó que los jueces que habían iniciado procesos en su contra lo hicieron por lograr notoriedad. Perfectamente sabía que esas posiciones significaban su remoción de las fuerzas armadas. Constitucionalmente, los militares en Chile no se pueden manifestar sobre política.

También durante los funerales, un hombre de 39 años, artista y gestor cultural, se introduce como uno más en la larga fila de los que fueron a rendir honores al cadáver de Pinochet. Disimuladamente, evita enseñar el rostro a las cámaras numerosas. La fila avanza con lentitud, pero logra llegar frente al ataúd. Ya allí, lanza un soberbio escupitajo contra el rostro del ex general, y por unos instantes queda el emblema en el cristal de la caja.

Este artista, Francisco Cuadrado Prats, es el nieto del general constitucionalista Carlos Prats, quien junto a su esposa fue asesinado en Buenos Aires en 1974. "Escupí a Pinochet como un acto de desprecio, porque asesinó a mis abuelos, indultó a los homicidas del general René Schneider, y porque me chocó ver los honores recargados que recibió del Ejército…", dijo Cuadrado a la prensa.

Pareciera el tema de una conocida obra de Shakespeare. Pareciera más propio de montescos y capuletos que de una comunidad que emerge exitosamente hacia el seno de la globalización. ¿Cuánto sufrió este país durante el régimen militar que el dolor —puede adoptar forma de desprecio, como dice Francisco— se trasladó de padres a hijos y de éstos a nietos? ¿Cuán afianzados están aquí los odios?

Aunque él mismo se llama escéptico en este tema, el democratacristiano Andrés Saldívar, una figura legendaria en la política chilena, dijo recientemente que el resentimiento en Chile no acabará hasta que no desaparezcan todos los actores que protagonizaron aquellos años.

Pero resta la pregunta, ¿y qué harán sus hijos… y sus nietos? El tiempo, ese desmemoriado indomable, se encargará, quiera Dios, de diluir los rencores que en esta tierra generosa todavía prevalecen.


Celebración en Chile por muerte de PinochetFoto

Las víctimas de Pinochet y sus familiares celebraron en Chile la muerte del ex dictador. (AP)

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Miguel Cabrera Peña, Santiago de Chile

14/12/2006