Actualizado: 31/10/2020 1:43
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LA HABANA

Realismo mágico a pulso

Leyendo la prensa: Según la versión oficial, la economía crece a pasos agigantados mientras los cubanos sufren los efectos de la sequía, los apagones y los estragos del Dennis.

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Por este camino...

Por este camino, Rodríguez Cruz transforma la crisis eléctrica en "toda una profunda revolución en la concepción de la producción y uso de la energía eléctrica". Es cierto que no explica por qué hemos tenido que esperar que las formas tradicionales de producir la energía hayan llegado al borde del colapso. Claro, que entonces no sería una hazaña digna de la capacidad de resistencia al sufrimiento de la población de la Isla.

Cronología del apagón

Aquí voy a permitirme una digresión. Llevo muchos años padeciendo los apagones y leyendo, cuando vuelve la luz, las explicaciones. En tiempos de la lucha contra Fulgencio Batista, los apagones eran recibidos por muchos con alegría, puesto que eran éxitos de los actos de sabotaje realizados por los "revolucionarios". La compañía cubana de electricidad no necesitaba ilustrarnos técnicamente sobre los mismos.

Durante los primeros años posteriores a 1959, un apagón indicaba el vuelo de alguna avioneta enemiga. Tan pronto mi primo Pepe el miliciano disparaba las trazadoras de su cuatro-bocas en el 5to Distrito, la tía Chela se acurrucaba en un rincón del cuarto y se orinaba de miedo. Luego, comenzaron los apagones prolongados y programados por "escasez de petróleo". A esto se le llamaba allá por los años setenta el Plan Perú: "de día sin agua y de noche sin luz". La década del ochenta la recuerdo en general iluminada. Teníamos petróleo soviético hasta para revender.

Con el llamado "desmerengamiento" del otrora invencible bloque socialista, vino el llamado "Período Especial" y la cosa fue tremenda. Los apagones se distribuyeron por la libre, sin miseria. Recuerdo en el verano de 1996 cuando terminaba de mecanografiar un texto totalmente a oscuras. Con el paso de los años, las exigencias del servicio a los turistas impusieron hallarle alternativa al caso, y empezó el crudo nacional a decir "presente". La presencia del indeseable comenzó a explicarse por los impostergables mantenimientos a las plantas.

Debo precisar que entre 1996 y el nuevo siglo, hubo una evidente mejoría. Con la ascensión al poder en Venezuela del presidente Hugo Chávez, pensé que por fin los apagones se extinguirían. Optimismo superficial, que se deshizo durante el tenebroso verano del pasado 2004. El diagnóstico fue alarmante: las viejas plantas acusaron el empleo del crudo nacional y estaban gravemente averiadas. Se sabe quién pagó el gasto, y con la nueva ministra la situación mejoró contra todos los pronósticos a lo largo del invierno.

Lo ocurrido durante este verano, incrementado por los estragos del huracán Dennis, prácticamente impuso la oscuridad total en la Isla durante varios días… y la proverbial resistencia de los ciudadanos, sin agua, gas ni luz, comenzó a tornarse en protestas abiertas y no sólo verbales. Ante la crisis, al menos en Ciudad de La Habana parecen haberse prohibido prácticamente los apagones, de manera que unos días de protestas han conseguido más que muchos años de aguante.

La última palabra

Volvamos al texto que inspira este comentario. Refiriéndose a la prometida venta normada de artefactos de cocina, el columnista descubre "la diferencia entre socialismo y capitalismo. Cuba no trabaja para mejorar a unos pocos y, por tanto, si hablamos de ollas arroceras o de presión, de hornillas eléctricas o ventiladores, de juntas para refrigeradores o cafeteras, todo lo tenemos que contar por millones de artículos, para que nadie quede fuera de tales beneficios".

Olvida acaso voluntariamente Rodríguez Cruz que todos esos cachivaches y muchos otros constituyen la esencia de la llamada sociedad de consumo en la Isla, cuya característica productiva es precisamente la existencia de un mercado masivo para sus artículos. Sí constituye una novedad el cambio diametral de la política oficial al respecto, que ha pasado de la noche a la mañana de prohibir la venta de esas cacerolas eléctricas a promocionarlas como una conquista.

Concluye el periodista con esta declaración: "Es difícil convencer a quien no quiere, a los escépticos y a los traidores, a los que pierden la fe". Por mi parte, le respeto su "optimismo revolucionario" y coincido con él en que los hechos futuros tendrán la última palabra.


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Apagón en La HabanaFoto

Esperando a que pase el apagón.