Actualizado: 23/09/2019 16:12
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Religión

«El futuro está en manos de las altas esferas del poder»

Entrevista a Dagoberto Valdés, director de la revista 'Vitral' y del Centro de Formación Cívica y Religiosa de la Diócesis de Pinar del Río.

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Insiste mucho sobre la necesidad de crear en Cuba una madurez cívica para salir de la adolescencia sociopolítica en que vive el país. ¿Cuál es la mejor manera de hacerlo?

La educación y los pequeños espacios de participación. Es verdad que hay un increíble analfabetismo cívico y político, fruto de la ideologización extrema y del bloqueo interno del gobierno a toda información que no sea la suya. Pero esto sólo se supera cambiando los métodos totalitarios, rompiendo el aislamiento interno, que es peor que el embargo externo. Más información, más apertura, más intercambio; un proceso sistemático y profundo, serio e inculturado de educación ética, cívica y política.

Y al mismo tiempo, no quedarnos en la teoría. Es necesario crear pequeños espacios de participación, debate, creación de estados de opinión, entrenamiento para la democracia, porque la teoría que no se ha experimentado en medio siglo, difícilmente se podrá poner en práctica de una vez, si antes no hemos tenido la oportunidad de experimentarla, perfeccionarla, saborearla en pequeños grupos o espacios como los que intenta crear la Iglesia, y también las bibliotecas independientes, las Damas de Blanco, los periodistas independientes, las Iglesias evangélicas, las logias que en Cuba tienen otro carácter diferente a Europa.

Esto intentamos hacer desde hace 14 años en nuestro Centro de Formación Cívica y Religiosa de la Diócesis de Pinar del Río y sus servicios de Consultoría jurídica, familiar y psicológica, su grupo de educadores, economistas e informáticos, que están haciendo sus propios itinerarios de reflexión (pequeños "think tank") para aportar un pensamiento pedagógico, económico, de los medios, para el futuro de Cuba, desde la inspiración cristiana… y con la revista Vitral, en cuyo sitio web se pueden encontrar este tipo de experiencias.

A pesar de sus dificultades, la marcha de Cuba hacia la libertad parece imparable: ¿tiene idea de cómo se darán concretamente los cambios y si habrá o no una fuerte resistencia?

Siempre hay y habrá resistencia al cambio, es casi algo sustancial a lo humano. Y no sólo de parte de los que tienen hoy el poder, sino de buena parte de los ciudadanos. No obstante, la situación pesa mucho más que esa resistencia natural al cambio y parece que la balanza se inclina hacia las transformaciones, que se pudieran resumir en los cambios pacíficos y graduales que nos conduzcan de un fósil político de tiempos pasados a un país normal, insertado como los demás en la comunidad internacional y cuyos hijos no tengan que huir de su tierra cuando piensan y desean progresar y vivir en libertad.

No sé cómo se darán esos cambios absolutamente necesarios e imparables, pero vislumbro que podrían estar entre tres o cuatro escenarios que esquematizo brevemente así: un escenario de sucesión dentro del mismo sistema que, una vez que haya partido el líder político, primero se abra a las reformas económicas y sociales, a las relaciones internacionales con toda normalidad y a las reformas políticas internas que le son consecuentes. Otro escenario sería el de una combinación de sucesión breve y transición lenta y duradera en manos de una generación más joven y de pensamiento más abierto.

Otro escenario, por desgracia, sería que no se hiciera ninguna de las dos alternativas anteriores, que se refuerce el control, la represión de los disidentes y la cerrazón internacional, y todo ello conlleve a una "norte-coreanización" de la Isla. Situación que, lamentablemente, traería más sufrimiento, más pobreza al país, más éxodo masivo, y al final, una puerta abierta a la violencia que nadie quiere. Que nadie quiere, pero que vendría si algunos llevan la situación al límite.

¿Cuáles son los riesgos más graves que enfrentará la Cuba del mañana?

Los riesgos están claros: si se fuerza la cerrazón, se va directo a la violencia, a la explosión social incontrolada y al caos político. Eso es imparable. Nadie lo quiere, pero pocos exigen lo contrario, ni lo construyen, por ahora. Por otro lado, si se abre y se democratiza, vendrán los riesgos consustanciales de la libertad cuando no se refuerza la responsabilidad: corrupción, relativismo moral, libertinaje mediático, desempleo… ¿nuevas mafias? Esto tampoco lo queremos, pero será nuestra responsabilidad si, desde ahora, no ampliamos los servicios eclesiales y sociales de formación ética, los servicios de educación cívica y política, y si no fomentamos una cultura de la responsabilidad en la libertad.

¿Los mayores problemas podrían venir de afuera (influencia de otros países o de otros modelos de vida) o de adentro (recelo del poder, inmadurez política)? ¿Cuál sería el peor escenario?

Ya he contestado en parte. Desde fuera podrían venir influencias negativas, e incluso aspiraciones hegemónicas, pero de eso los cubanos tenemos experiencia y sabremos salir. Pero también podría venir, si la sabemos administrar y canalizar bien, una ayuda positiva y constructiva de la parte de la nación cubana (alrededor de dos millones de exiliados-emigrados). Esa ayuda puede ser conocimientos, experiencia, inversiones de cubanos que serían mejor bienvenidas que las demás, reunificación familiar, fortalecimiento de la propia cultura, entonces abierta a las demás. El peor escenario en cuanto a esto sería una apertura que fuera subordinación indiscriminada a todo lo foráneo, a modelos hedonistas y contra la vida, sin discernimiento y conciencia crítica.