Actualizado: 30/09/2022 19:08
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Literatura

«Estoy condenado al silencio»

Al habla con el escritor Raúl Antonio Capote, cuyos libros han sido censurados por las autoridades culturales en la Isla.

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El escritor Raúl Antonio Capote Fernández es habanero, nació en 1961 y ha publicado, entre otros títulos, el libro de cuentos Para divagar mientras llueve (Editorial Mecenas, Cienfuegos, 1990), y las novelas El Caballero Ilustrado (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1998) y El Adversario (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2005). El comisariado cultural del régimen ha censurado en Cuba ambas novelas, así como su libro de cuentos Juego de Iluminaciones, que obtuvo el Premio Calendario, en 1996.

Capote ha sido seleccionado para integrar varias antologías del cuento, tiene inéditos una novela, Kamikaze, un libro de cuentos, Happenin, y un ensayo, Historia de la Democracia en Cuba. Ha sido jurado de concursos literarios de prestigio ganado dentro de la Isla, por su carácter independiente del oficialismo, como el Ernest Hemingway, en 2001; el de la revista Vitral, del Centro de Formación Cívica y Religiosa de Pinar del Río, entre los años 2003 y 2006; y en 2004, El Heraldo, convocado por las Bibliotecas Independientes.

Con motivo de su obra El Adversario, devenida fenómeno de éxito en el negociado de la literatura clandestina dentro de Cuba, entrevistamos a Raúl Antonio Capote. Formidable metáfora del mal, su novela escapa a los lugares comunes que padece mucha de la última producción, dizque novelística, de la Isla a ambos lados de eso que la cursilería académica al uso y el abuso ha dado en llamar como las dos orillas de la cultura cubana.

¿Quién o qué es Kundry, más allá de un personaje muy bien construido, no sólo en la carpintería literaria sino en la carpintería real (dentro de la ficción de la obra) donde se hace el ente?

Kundry es encarnación de muchas cosas, es Astarté, es Ochún, es Innina, es Venus, es Afrodita, es la hechicera Kundry del Parsifal de Wagner, es también la Rea Cibeles del culto frigio, la gran diosa de los cultos orgiásticos, es la Safo que toca la Magadis, es la rubia cubana, ese ser único de piel dorada, labios gruesos y sangre mestiza, es la china de la calle Zanja, la mulata santiaguera, la negra de Pogolotti, la trigueña agitanada, es la cubana en su lucha diaria para sobrevivir, pícara, sensual, amorosa, es la hija del Diablo, es una y todas las mujeres del mundo y todo lo que ustedes quieran agregar.

En El Adversario se maneja eficazmente la dicotomía Bien-Mal, que se aprecia en los gnósticos, el 'Libro de Job', el 'Fausto' de Goethe, la obra de Carlos Gustavo Jung y, me atrevería a asegurar, en toda la gran literatura de Occidente. ¿Llega a esa eficacia mediante la lectura de esas fuentes que la modernidad del buenismo pretende obviar, por la intuición, o mediante ambas?

Esta novela nació de muchas lecturas previas. No fue poco lo que investigué para hacerla. Es heredera, modesta claro, de esa gran literatura de Occidente, es fruto de mis creencias y convicciones filosóficas y religiosas.

Puedo enumerar algunos textos que consulté. Por ejemplo, El Grimorio de Honorio, Ángeles y Genios de la Astrología Caldea, La Entrada abierta del Palacio cerrado del Rey, de Ireneo Filateleo, el Mutus Liber, y una decena más de tratados y escritos de demonología, brujería, alquimia, magia, etcétera. Pero sobre todo consulté en el terreno a muchos brujos cubanos, santeros, babalaos, espiritistas, rosacruces, miembros de sectas satánicas, gitanas, astrólogos, cartománticas…, y me inspiré en la espiritualidad cubana, esa manera de vivir la religiosidad que tenemos. El cubano puede ser católico, espiritista, santero, palero, masón, rosacruz, teósofo, abacuá y evangélico. Todo al mismo tiempo. Ese espíritu que tenemos para darle entrada a cualquier dios, ángel o demonio, venga de donde venga.

Hay un libro que influyó mucho, El Maestro y Margarita, de Mijail Bulgakov. Otros: Holderlin (La lucha contra el Demonio), de Stefan Zweig; Satán en los suburbios, de Bertrand Russell; el poema de Baudelaire Las letanías de Satán; mucho de Nietzsche; las teorías sobre el Eterno retorno; El Paraíso perdido, de John Milton; El Diablo, de Papini; El Estado y la Revolución, de Lenin.


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