Actualizado: 10/12/2019 14:39
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Literatura

«La intelectualidad cubana es decimonónica»

Entrevista a Iván de la Nuez, a propósito de su libro 'Fantasía Roja. Los intelectuales de izquierdas y la Revolución cubana'.

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Iván de la Nuez acaba de publicar el libro Fantasía roja. Los intelectuales de izquierdas y la Revolución cubana y, casi simultáneamente, ha inaugurado, junto a los artistas Carlos Garaicoa (cubano) y Daniel G. Andújar (español), un ambicioso proyecto multimedia llamado Postcapital, en el Palau de la Virreina, en Barcelona.

De la Nuez es autor de otros títulos, como La balsa perpetua (1998) y El mapa de sal (2001), y ha sido comisario de exposiciones colectivas de gran envergadura: Cuba: la isla posible (1995), Inundaciones (1999), Parque Humano (2001) y Banquete. Metabolismo y comunicación (2003). Sus inquietudes le han llevado, además, a editar las antologías Paisajes después del Muro (1999) y Cuba y el día después (2002), y a transitar por el ensayo y la cultura visual, mezclando a menudo ambos campos.

Hablar de Fantasía Roja es como darse un lingotazo de whisky o ron con Marx, Althusser y Sartre en un bar de Lavapiés en Madrid. Conversar, en este lado de la orilla, sobre lo que muchos representantes de la izquierda contemporánea europea han pensado (y piensan) respecto a la revolución cubana en sus más de 47 años de existencia. Formas de ver la revolución que acaban por convertirse, bajo sus singulares prismas, en una construcción imaginaria a la que de tarde en tarde —y según el estado de la marea revolucionaria— se van incorporando o restando incesantemente muchas más oleadas.

Fantasía Roja teje este muestrario de visiones y posturas de la intelectualidad europea hasta conformar un rosario que habla por sí solo del voyeurismo, de la cómoda pasividad y de las peligrosas connotaciones que implica hablar en nombre de, o por otros, y que hacen del sujeto de la revolución un objeto para sus respectivos relatos ideológicos.

En este ensayo, De la Nuez hace de su escritura —una prosa desenfadada, chispeante e imaginativa en las contraposiciones semánticas de las palabras— una reflexión sobre su condición como intelectual de izquierda en la era postcomunista. El cambio de narrador, desde las cuatro primeras partes del libro (en tercera persona) a la quinta (en primera), aporta al discurso un horizonte casi performático, en la medida en que la narración comienza a intervenir como auto-buceo que reconoce el desgarramiento de la no pertenencia a ninguno de los asideros ideológicos que la izquierda convencional plantea en estos momentos.

La metáfora de los viejos coches norteamericanos remendados con piezas soviéticas, renqueando por las calles de La Habana —no menos vieja y destartalada—, puede ser quizás la imagen más despiadadamente certera para un cuerpo intelectual de izquierda, cuya matriz ha sido extirpada definitivamente y que para seguir en el camino, habrá de contener a cada momento las hemorragias internas o externas que la existencia impone.

Pero, asimismo, es despiadada consigo misma la respuesta automotriz que el autor ofrece, al revés, cuando se equipara en la actualidad con aquel Trabant fabricado en la Alemania comunista y que ahora apuntala con piezas del capitalismo para seguir caminando. Para ello asume, entre otros, a Slavoj Zizek, pensador postcomunista esloveno, y un mapa individual con las potencialidades que se pueden percibir en "el goce como factor político".

A ello podríamos agregar otros muchos goces individuales que pueden provocar una bacanal política. Este es tal vez el punto donde el autor se desmarca más singular e imaginativamente de la izquierda tradicional. Así, en un bar hipotético de un barrio berlinés, prepara un encuentro imaginario en el que entre cervezas, conversaciones, risas y humor lascivo, desfilan Marx y Lafargue, Greene y Debray, Vázquez Montalbán y Oliver Stone.

En realidad, como dice De la Nuez, "la lista nunca es fija, crece o disminuye según la intensidad de la conversación, la capacidad de asimilación del alcohol y de los compromisos diversos de estos personajes".

¿Por qué 'Fantasía Roja'?

Fantasía Roja es, por una parte, un título que tiene que ver con una construcción imaginaria de la realidad como es la fantasía. Por otra, es roja porque tiene el color del comunismo y de la revolución, de la izquierda y de la revuelta, que tanto han descrito y propuesto los filósofos, novelistas, músicos y cineastas glosados en este libro.


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