Actualizado: 19/10/2017 11:37
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Entrevistas

Cine

«Los cubanos tienen derecho a decir 'no estoy de acuerdo'»

Benito Zambrano, que acaba de estrenar en España la película 'Habana Blues', habla con Encuentro en la Red sobre el mundo de la música underground en la Cuba de hoy.

Enviar Imprimir

El cineasta español Benito Zambrano, que conquistó al público y la crítica en 1999 con su opera prima Solas, ha vuelto a la gran pantalla con la película Habana Blues, sobre la música cubana más underground.

Con apenas tres semanas en cartelera, la película se cuenta entre las diez más vistas en España, y ha recaudado más de un millón de euros. También, su banda sonora figura entre los 50 discos más vendidos por estos días.

El guión de Habana Blues se empezó a escribir en 1994. Aunque al principio la idea de Zambrano era presentar la historia de dos "novísimos" trovadores cubanos, durante un viaje a la Isla en 2002, cambió radicalmente el argumento de la historia, tras visitar distintos ambientes de la música más alternativa y contracultural que se hace en Cuba —como el Patio de María— y explorar el mundo del hip-hop y el rock, con grupos como el "irreverente" Porno para Ricardo.

¿De dónde surgió la idea de hacer una película sobre estos grupos underground,  ajenos a los circuitos oficiales, o lejos de la trova tradicional o la salsa?

Me pareció mucho más rico hacer un recorrido por todos esos grupos, que en definitiva era un recorrido por la juventud cubana más underground o más alternativa, o más contracultural o marginal. Eso me llevó a cambiar los conceptos musicales y las tribus que íbamos a reflejar en la película. Sería mucho más rico y bonito que centrarse en un solo grupo.

El fenómeno de Habana Abierta me resultó simpático. La idea que yo tenía fue un poco lo que sucedió con ellos: el grupo de jóvenes cubanos que viene a España y se van a comer todo, van a triunfar. A veces los cubanos se miran demasiado el ombligo, pensáis que son el centro del mundo. A nivel musical, es verdad que son muy buenos. Por ejemplo, Kelvis Ochoa, Habana Abierta, Raúl Torres… y todos los que viven aquí, son excelentes músicos, pero a nivel comercial no han conectado, no tienen gran repercusión.

¿La idea era "dar voz" a estos músicos alternativos, no oficialistas?

Pues sí. Una de mis intenciones era darles un lugar para que se viera que ellos están ahí, que son otro tipo de gente joven, con otra manera de vivir, de pensar. En Cuba, en los últimos años, ha habido una especie de separación, de divorcio, entre una gran parte de la población y lo que es el establishment. Sobre todo la gente joven ha cogido por otro camino. La gente vive y está allí, pero va a su rollo. Tiene que vivir con ese sistema, pero ya ni siquiera se habla, ni se debate sobre lo que dijo o no Fidel. Creo que están out del sistema, que los ha ido expulsando, porque rechaza a mucha de esta gente.

Para la oficialidad, y para los más retrógrados y oficialistas, estos músicos son marginales. Pero ellos están perfectamente integrados en la sociedad, sólo que hacen un tipo de música diferente, se visten diferente a lo que ellos quieren, y pasan del sistema. Es una manera de apartarlos.

Igual pasa con el show de los travestis que sale en la película, los utilizamos por la movida que hubo en Cuba de cerrar cabarés… En vez de buscar actores, elegimos a travestis mismos, a homosexuales que hacen esos espectáculos, para hacerles su pequeño homenaje y darles el lugar de respeto que se merecen.

¿Es una situación generalizada entre quienes hacen este tipo de música en Cuba, el no tener condiciones para grabar, ni equipos, ni apoyo de los medios y las instituciones culturales?

En el mundo de casi todos esos grupos que aparecen en la película es así. De pronto alguna discográfica hace recopilaciones de hip-hop, pero ninguno de estos músicos tiene un contrato en firme. Tampoco las disqueras cubanas se han interesado, incluso la propia EGREM. Es un fenómeno que, a nivel interno, no interesa. No tienen el apoyo que deberían, ni espacio suficiente, ya que se apoyan cuarenta mil cosas culturales. Y están más encima de ellos porque la música es rebeldía, y para ser joven y rockero, tiene que haber un componente de irreverencia, ser contestatario, y eso en Cuba se lleva muy mal.

La película refleja una situación mucho más linda de lo que en realidad es. Que ellos den un concierto, es casi imposible. Y tener un lugar para ensayar, complicadísimo; un equipo en condiciones, igual. Mucha gente graba maqueticas en montones de estudios clandestinos que hay en La Habana, ilegales, caseros.

Antes grababan cuando un amigo iba con una casetera y sacaban una salida de la mesita de mezcla. Ahora todo el mundo quiere tener su maqueta, cantar una canción y grabarla para que no se pierda y poder llevarla a la radio, e intentar que algún amigo la ponga; a ver si la escucha un productor o una disquera extranjera.

He visto estudios y gente grabando en sitios increíbles. Como cuando fui por primera vez a casa de Gorki (Águila), que ensayaba en una habitación pequeñita, toda tapada, y lo hacían de día, porque sabían que iban a molestar a los vecinos. Con una batería toda rota, con bajos construidos con piezas de un montón de instrumentos…

Mostrar la situación en que viven estos músicos, ¿podría cambiar ese estado de cosas sin caer en los mismos conflictos que se presentan en Habana Blues?

La gente ya conoce un poquito otro estilo, que también medio aparece en la película y es el que hacen los Orishas, que ya dieron aquí su pelotazo. Lo que sí veo difícil es que todos estos grupos resulten de interés para las discográficas, quizás alguno sí. Para la gente no es un descubrimiento el heavy metal, el punky, el rock… A mi me encanta el grupo Escape, que canta Cuba rebelión, pero aquí hay muchísimos grupos de heavy metal y no tienen éxito, o son una música relativamente minoritaria.

A la gente le va a gustar y va a comprar la banda sonora, pero que alguna discográfica se plantee traérselos aquí, y promocionarlos y grabarles un disco, puede ser complicado.

Gorki Águila, líder del grupo Porno para Ricardo, fue excarcelado recientemente bajo libertad condicional, tras estar preso dos años acusado de tráfico de drogas, aunque lo que se ha denunciado es que le tendieron una trampa para "sacarlo del aire" por irreverente y contestatario…

Me inspiré en el grupo de Gorki para parte de los personajes, y de hecho, me gustaron las cosas que hacían. Cuando el rodaje, pedimos al ICAIC para que intercediera a ver si dejaban que él grabara la música, que le dieran medio día de permiso, pero no se lo dieron. Pedimos permiso para ir a la prisión, porque queríamos que él estuviera y pensaba que eso le podía ayudar. El ICAIC no quiso interceder. Hablamos con el embajador de España y con el agregado cultural, pero como el comandante allí lo tiene controlado todo, nadie se atreve a mover un dedo.

Como era Gorki y su música, está clarísimo que eso molesta en Cuba. Ese tipo de personajes como él, irreverente por su música y su actitud, sabiendo lo "chea" que es la revolución, retrógrada, moralista y paternalista, la oficialidad cubana no lo soportaba. Estoy seguro de que más de una vez la Seguridad del Estado le tumbó conciertos, que nunca fue un grupo apoyado ni defendido, y, por lo que me dijeron los chicos, más de una vez le pidieron que cambiaran el nombre. Conociendo como conozco a Cuba, estoy seguro que todo eso pasó, de una manera u otra. No sé en qué nivel. Y todo eso afectó para cargárselo.

¿Qué opina de que en Cuba todavía se pueda meter a un músico en la cárcel por no responder al discurso del poder?

Es abominable meter a alguien en la cárcel por ideología, por conciencia, por actitud… Se mete en la cárcel a gente que comete un delito de verdad. Además, dependiendo de qué tipo de delito, se mete en prisión para intentar ayudar a mejorar, a cambiar. La cárcel no tiene que ser ese sitio represor de "aquí vengo a machacarte". Si una persona tiene una conducta delictiva, pero no es un delincuente, que las cárceles sirvan para recuperar a esa persona. Así deberían de ser, porque si no, nunca llegamos a nada. Van a la cárcel, los reprimen y cuando salen están peor. El círculo vicioso: tenemos que volver a instaurar la pena de muerte para cargarnos a todos los viciosos, a todos los antisociales.

Si a Gorki "le hicieron una cama", lo consiguieron. Para un músico cubano hubiera sido interesante haber participado en esta película, porque a todos los grupos que aparecen en algo les va a ayudar. Si sigue siendo el éxito que es, y la banda sonora, que ya se está vendiendo 'mogollón' y a la gente le ha gustado mucho, imagínate la gran oportunidad que hubiera sido. Por eso en los créditos se pone que cuando quisimos contactar con él, estaba en la cárcel. Está su música, su banda, y el único que no está es él. Le han hecho un daño tremendo.

¿Se estaría volviendo a la misma situación de prohibición de los años setenta, cuando no se podía oír música en inglés, ni dejarse el cabello largo, o eso es algo que nunca dejó de existir?

Este no es un hecho aislado, ni que ha resurgido; esta actitud conservadora, moralista, hasta de ser más una revolución de derecha que de izquierda, ha existido siempre.

Para la época en que les tocó vivir y para lo que era América Latina, la revolución fue realmente progresista y de izquierda. La gente creció desde el punto de vista ideológico, político. Pero con el tiempo, a partir de que la revolución se estabiliza, 15 ó 20 años después, en los setenta, esta gente, que eran los peludos y casi los hippies, los revolucionarios que bajaron de la Sierra, se convirtieron en Papas, en la Santa Inquisición, y todo lo que iba contra eso, un modo de ser, vestir, pensar, se jodió.

La revolución empieza a convertirse en un sistema dictatorial, con planteamientos derechosos y facistoides. Por eso me da mucha pena. Sé de gente que por homosexual tuvo problemas, que el pelo largo no estaba bien visto… Los Beatles estuvieron prohibidos. ¿Qué tienen de contrarrevolucionarios o en qué iban a afectar a la ideología? Cuando ellos eran contraculturales, aunque después se convirtieron en grandes estrellas. Desde el punto de vista ideológico, qué es lo que importaba.

¿Pensó en incluir alguna referencia directa que explicase por qué Gorki estaba en la cárcel?

Nunca pude hablar con él. El actor que hace de Gorki sí fue a la cárcel y lo vio. En una de las visitas, fue con la familia y lo dejaron hablar con él. Incluso, le llevó el guión de la película firmado por todos. Yo también le regalé un libro de Dulce Chacón, que se llama La voz dormida, que habla de las mujeres presas después de la Guerra Civil, en la postguerra, toda la represión que hubo en España.

Estábamos con él, moralmente, pero no sé toda la verdad que hubo detrás. Cuando quisimos contar con él, estaba en la cárcel, y decir eso no es inocente, porque quisimos que nos dejaran ir un día a grabarle o que le dejaran salir, cuando sabemos que no es un delincuente peligroso. Iba con doble intención; que a Gorki le cayeran cuatro años de cárcel por consumo, tenencia y tráfico de drogas, me parece excesivo. Eso es pasarse, no ser justo. La justicia revolucionaria ahí no se cumple, si es que hay justicia revolucionaria.

¿Cree que esta música tiene posibilidades reales de insertarse en el mercado actual?

Estuvimos en la FNAC de Marbella, y se había agotado la banda sonara, cuando la película llevaba ocho días en cartelera. Una de las cosas que me dice la gente es que, al margen de todas las historias, han descubierto un tipo de música hecha en Cuba, que no es nada normal y que llega mucho, porque es quizás la más cercana a nosotros. El rock es de las músicas más universales; está presente como estilo musical en todo y el hip-hop muchísimo, y la fusión también.

Al estar integrada a la película, de alguna forma te emocionas también con la banda sonora, que tiene un regusto muy especial para la gente. Ahora mismo la banda sonora está funcionando muy bien y está muy bien situada.

Lo que no sabemos es si la gente va a tener después más interés en comprar discos de estos grupos cubanos; en lanzarlos aquí, ni si va a haber discográficas españolas que se interesen por ellos.

¿Se pudiera hablar de un posible "efecto Buena Vista Social Club" en este caso? ¿Siente que ha reivindicado esta tipo de música y a sus creadores?

Es que la gran diferencia está en que en Buena Vista Social Club estabas vendiendo una música, pero también a los músicos, que hacen un tipo de música como aquí nadie la hace. Cuando vienen aquí, es una música étnica que tiene su atractivo, como llevar el flamenco a Japón.

Pero el rock que hacen ellos lo hace cualquiera aquí. Si los protagonistas de la película, Ruy y Tito, fueran cantantes, con el éxito que tiene la película, los sacas en los programas de televisión, cantando de verdad, y venderías sus discos como cualquiera de los cantantes de éxito. Pero cuando son actores los que interpretan, no es lo mismo.

Lo que la película sí va a conseguir es que la gente tenga otra mirada hacia Cuba con respecto a la música. Muchísima gente va a querer ir a Cuba a disfrutar esas cosas que contamos en la película, y la gente va a querer conocer otras cosas que pasan en Cuba. Eso puede hacer que a lo mejor alguno venga, haga algún concierto, o entre en una recopilación, o le graben un disco.

En Habana Blues  se presentan varios de los tópicos con que se vende oficialmente la imagen de Cuba, y también otros. ¿Hubo algún temor de incurrir en lo ya dicho en otras películas sobre Cuba?

No. Lo que pasa es que la película parte de esos tópicos. Si llego ahora mismo a La Habana, ¿qué me encuentro?, si empiezo a moverme en el mundo de los artistas. No encuentro gente diciendo "porque Cuba, compañeros…". Lo primero que te encuentras es diversión, playa, cachondeo.

Lo que ocurre es que a medida que vas entrando más en la vida de esa gente, que te haces más amigo y te quitas de la parte festiva y a empiezas a mezclarte en la vida cotidiana, empiezas a descubrir. La película juega a partir de eso. Empiezas a jugar con el rollo de ellos: están en el business, "que tenemos que conseguir plata, nuestra maqueta, los españoles, vamos a jinetearles".

Pero detrás de toda esta fachada, de estos tópicos, hay otra realidad, otra verdad, otro mundo, gente que tiene problemas, que sufre, llora, que tiene familia fuera de Cuba. Creo que partes de toda esa Cuba más tópica, de la gente bailando en la azotea, y terminas en una huida en la playa o yéndote en un avión, o quedándote solo por La Habana. Es así.

¿Por qué que la cinta "puede ser vista con una mirada complaciente o ingenua", a pesar de sensibilizar el drama humano de las familias que se separan o la destrucción de La Habana…?

Para mi la película era una visión tierna, cariñosa, un homenaje al pueblo cubano, y desde ese punto de vista quería contar la historia. Depende de en qué lugar políticamente te sitúes, puedes llegar a ver en Habana Blues, una película complaciente, ingenua… Desde un lado muy oficialista, alguna gente la va a sentir como agresión. Desde el que está en Miami o la crítica de la derecha española, es cobarde y no ataca. Hay gente que pensará que el holocausto nazi es todo una mentira. La película, por momentos, es dura y no lo es. Hay un poco de todo en la historia. Depende de dónde uno esté, con Cuba y políticamente situado con Cuba, hablas de una manera u otra.

Parafraseando una expresión suya, ¿resulta un imposible "implicarse" en la realidad de Cuba como si fuera su propio país?

No es exactamente eso. Siempre he dicho que desde el primer momento que pisé la Isla, cuando fui a estudiar, nunca me sentí un extranjero, ni sentí que me trataran como extranjero, ni que hubiera una diferencia. Mi manera de ver las cosas, cómo me integré, me hizo conocer ese país más allá de lo puramente turístico.

Cuba es mi segunda patria. Me da igual si me la dan o no. Todo eso me hace conocer la realidad y conocer a la gente. También, el guión está co-escrito con un cubano, Ernesto Chao, que ha puesto mucho de él y de su vida y su experiencia.

Eso te sirve para conocer y ahondar en los problemas de la gente, y para intentar no ser superficial, ni banal con el problema cubano. Pero siempre juegas con una desventaja, que no puedes de alguna forma implicarte, sobre todo en un país como Cuba, que hay tanta gente, no cubana, hablando tanto. Llega un momento en que dices: "mejor no hablar". No es mi país y estoy haciendo lo que hace todo el mundo: criticar, decir cómo se tienen que resolver los problemas. Pero no estás allí viviendo y no te vas a implicar porque no es tu país al fin y al cabo.

En Cuba, a pesar de todo eso, no me puedo poner a formar la de tres, a formar un escándalo. En ese sentido, tienes la desventaja, porque te puedes implicar, pero siempre hay un punto en que es como si le dijeras al vecino lo que tiene que hacer. Puedo sugerir lo que puedes decir o hacer, pero no me puedo meter en la vida de otra familia.

Decía que los cineastas cubanos "son los que tienen la obligación de hablar" de Cuba, pero el gobierno cubano no está dispuesto a permitir ese tipo de proyectos, y ellos tienen que subordinar sus intereses a los de las productoras extranjeras, porque si no, cómo financian sus películas.

En última instancia, decir, criticar y dar las soluciones corresponde a los creadores y artistas cubanos, quienes en sus obras deben hacer lo que crean, y hacer una crítica frontal o no frontal, los en contra y los a favor. A ellos les toca tener que fajarse, porque es su país.

Ya sé que es como lanzarles la pelota y no tener un bate para batearla, pero tendrán que hacerlo con la mano. También se juega a la pelota con la mano. Es verdad que eso es complicado, a lo mejor no los cineastas, pero sí otra gente, dentro y fuera de Cuba. Cuando hablo de los cineastas y la gente del mundo de la cultura cubana, me refiero a todos, los cubanos que están regados por el mundo, no sólo los que están en la Isla. Es a ellos a quien les toca.

Hago una película en Cuba, pero no tengo que asumir la responsabilidad de decir lo que los demás no pueden. Hago lo que puedo, lo que sé hacer, pero no me lo tomo como misión, ni me lo puedo apropiar, ni decir a los cubanos cómo debe ser eso. Confío en lo que gente como Fernando Pérez, dentro de la Isla y fuera de ella, hagan a favor de la cultura cubana y de un mejor entendimiento y de intentar resolver los problemas del país. Confío en un tipo como él, de una gran entereza ética, moral. Ahora, sí debería haber más gente haciéndolo.

También digo que el cine es un medio muy caro y es muy difícil hacer muchas películas. Y es verdad que dentro de Cuba los cineastas cubanos están muy jodidos.

Al final de la película, Ruy se queda solo en Cuba. ¿Cuál es el mensaje que quiere dar Habana Blues? ¿Es un canto a la utopía, porque el personaje prefiere no hacer concesiones?

Siempre tiene que haber algo nuevo, bueno. Si no, para qué hacemos la película. Siempre que llegue como algo ilusionante, en eso creo. El hecho de Ruy quedarse solo tiene que ver con la recuperación de una dignidad, de un decir: "todo no vale". Valen muchas cosas, pero todo no. En la sociedad, y entre países, entre barrios y entre vecinos, siempre hay un ceder para ganar algo común para todos. Yo cedo un poquito de mi libertad en beneficio de la libertad de todos.

En el personaje de Ruy está un poco eso. Cuba puede ceder cosas, pero no tiene por qué cederlo todo. Tiene que haber un camino. Ruy refleja los sentimientos de muchos cubanos que, aunque se hayan ido de la Isla, dicen: "es que mi país me importa mucho, yo me siento que estoy en La Habana". Porque mucha gente se ha ido por un nivel de obligación económica, política… pero emocionalmente está con Cuba. Y entienden perfectamente que si hubiesen podido, no se hubiesen ido. La decisión final de Ruy es eso: irme de Cuba para no volver, no lo quiero. Y no lo hace por una razón política de apoyo a nada.

En Habana Blues se culpa a una discográfica norteamericana de imponer ciertas condiciones a los músicos. ¿Qué cree de este tipo de contratos que se aprovechan de esa situación de desventaja? ¿Se da también eso en el caso de empresas españolas o europeas?

Eso se da de Estados Unidos hacia Europa o hacia España, y de España hacia Marruecos. Los países con más poder o con más fuerza se aprovechan de los que dependen económicamente. Si eres dueño de una editorial y vas a Cuba y encuentras a 40 escritores con libros que no les va a editar nadie, cuando negocies los contratos, sacas tus beneficios. Otra cosa es que tengas un margen, si lo quieres todo para ti y nada para ellos, o repartes.

Nosotros jugamos con el tema de Miami en la historia en un sentido político. Por meter la pulla de que gran parte del desastre de lo que está pasando en Cuba con respecto, ya no a la cultura cubana, sino a todo, viene de un veneno inyectado por parte de Miami, como símbolo de Estados Unidos. Y sabemos que en el tema musical, la música que venga de América Latina pasa mucho por Miami, ellos tienen la llave del éxito de muchísimos músicos, pero no sólo cubanos. Si te quieren hundir, te hunden.

Ha dicho que la música rock le "ha permitido descubrir y hablar de unos jóvenes que están viviendo al margen de la revolución, que buscan encontrar espacios de aire y libertad". ¿Cuáles son esos "espacios de aire y libertad"?

Es lo que todo el mundo está pidiendo en Cuba. La gente tiene derecho a crecer, a decir cosas y a cambiar, y a no estar de acuerdo. A poder expresar con su música lo que quiere decir. En un país donde está todo subvencionado, y que el Estado es dueño de todo: las discográficas, las salas de ensayo, conciertos, está claro que estos músicos quieren más espacios físicos y más posibilidades de poder tocar y hacer ese tipo de música. Ellos quieren decir y escribir en sus canciones lo que desean. La gente joven cubana, las nuevas generaciones, tienen derecho a decir "no estoy de acuerdo" o "estoy de acuerdo". Y si no lo estoy, quiero que se me escuche. Ese es el espacio de libertad que todo el mundo está pidiendo, una parte importante del pueblo cubano.

¿La película se exhibirá en Cuba?

No lo sabemos. Cuba es coproductor, junto con Francia, y cuando estás en esa posición te quedas normalmente con un territorio. El cubano es de ellos y deciden, como dueños de la película, si la ponen o no. Aunque no lo sean, van a decidir cuándo y cómo se pone, porque en Cuba es así. Si no se estrena, sería un gran error, por parte de quien decida no ponerla. Si se pone, creo que a la gente le va a gustar mucho. Una de mis grandes ilusiones es ver la película con los cubanos, en Cuba, ir a Miami y lo mismo. Y en ambos sitios, recibir las críticas a favor y en contra.

Quisiera cerrar mi ciclo con Cuba, poniéndola tanto allí como en Estados Unidos. Esa es mi ilusión, no sé si va a pasar. De todas formas, la película se va a ver en Cuba, quieran o no quieran, en el pirateo. Si no, yo llevo copias piratas, porque la película se debe ver para bien o para mal, y no pasa nada. Es una simple película.

Habana Blues es honesta y sincera. Gracias, Cuba, por todo lo que me ha dado, gracias al pueblo cubano por lo bien que me recibió. Espero que tanto los de dentro como los de fuera, resuelvan lo mejor posible el problema, y decidan qué Cuba es la que quieren.